EL GAUCHO
MARTIN FIERRO
POR
JOSÉ HERNÁNDEZ
DÉCIMA QUINTA EDICIÓN
CON UN TOTAL DE 64.000 EJEMPLARES EQUIVALENTES A 6« EDICIONES DE MIL NLMEROS CADA UNA
DESDE 1872 HASTA 1894
PRECEDIDA DE VAkIOS JUICIO:? CRÍTICOS
Y ADORNADA CON CINCO LAMINAS Y EL RETRATO DEL AUTOR
CASA EDITORA Y DEPOSITO GENERAL
LIBRERÍA «MARTIN FIERRO» -147, BOLÍVAR, 147
#
1894
11 77
BUENOS AIRES— IMPRENTA DE MARTIN BIEDMá-, BOLÍVAR "535
V
\BRA/t
OCT 161968
^ITVOFlfi^
JOSÉ H, NDEZ
ADVERTENCIA EDITORIAL
Al ofrecer al público, esta vez, la décima quinta edición de la «Ida y
Vuelta de Martin Fierro», creemos de estricta justicia consagrar algunas pala-
bras, al más extraordinario triunfo de publicidad que registran nuestros
anales bibliográficos.
La presente edición de dos mil ejemplares, viene á integrar la asombrosa
oifra de SESENTA Y CUATRO MIL: hecho sin precedente en estos países
americanos, y muy raro también en los Estados Europeos de origen latino.
Aquí, en Buenos Aires, la ciudad de más movimiento intelectual del Nuevo
Mundo, no conocemos resultado semejante, ni aun tratándose dn aquellas obras
políticas, literarias ó económicas, que lograron alcanzar gran boga.
La vasta circulación de Martin Fierro, ha sido un verdadero acontecimiento
pare el comerciante de libros, para el crítico moralista y sobre todo para esa
clase -ocial más directamente interesada en la obra de nuestro popular poeta.
Millares tras millares ha colocado sin dificultad el Editor de cada Edición,
en medio de la sorpresa que experimentaba, al recibir. 1 • telégrafo, pe-
didos -pie le hacían de diversos puntos de la campí:
La crítica nacional y extranjera, se ha ocupado extensamente del análisis
de esta produción rigurosamente americana, aprecié u altos conceptos,
ooru" uno de los trabajos que más honor hacen a la literatura de este Continente.
POj en la campaña del Rio de la Plata, es donde ha hallado Martin
Fierro su mas entusiasta acogida.
Desde el mas humilde hasta el mas encum¡ e sus habitantes, lo salu-
daton y recibieron como al redentor que asoma después de largo tiempo de
sufrimieu
En efecto, cualquier observador dotado siquiera de sentido común, advierto
qne el Sr. Hernández, sirviéndose de una forma literaria, al parecer trivial, hace
en Martin Fierro, la historia de los infortunios de nuestro gaucho, penetrando
oon pensamiento de filósofo, hasta en lo mas íntimo de la azarosa vida de una
oíase, que, bajo la dominación colonial, como bato la dominación republicana,
solo ha vivido víctima obligada de todo género de abominaciones.
De ahí la inmensa popularidad de que goza en las comarcas rurales el
libro del señor Hernández, porque no es como las obras de Asearabi ó de Del
Campo, simples obras de entretenimiento, sino el estudio social mas completo,
mas exacto y mas bien intencionado que 80 ha llevado á cabo entre nosotros.
Hasta que punto habrá influido la aparición de Martin Fierro en el me-
joramiento de aquella clase, sería interesante saberlo.
Desde p] centro semi- civilizado de la población rural, pasando por el ran-
oho, ha • ■'•nfines pampeanos donde se encuentra el fortín, en todos los
medios en <pie *a <-uc\ientra nuestro asendereado gaucho, se ha de sentir, esta-
mos seguro*. Ir mas ó menos influencia de esa aplaudida producción.
Y • omprpnd reo.
Sesenta y cuatro mil ejemplares desparramados por todos los ámbitos de la
TT ADVERTENCIA EDITORIAL
campaña, han constituido la lectura favorita del hogar, de la pulpería, del sol-
dado y de todos los que tenían á la mano un ejemplar de Martin Fierro.
Más aún: en algunos lugares de reunión, se creó el tipo del lector, en torno
del cual se congregaban gentes de ambos sexos, para escuchar con oido ate uto,
esa genuina relación de la vida gauchesca.
Por todo esto, creemos, pues, en el éxito constante y feoundo de las soc«-
sivas ediciones de Martin Fierro, porque apartándose completamente de la tra-
dición literaria que dejaron Ascasubi y Del Campo, siguió solo nociones propias
vías mas rectas é inspiraciones que tenían su base en el sentimiento popular.
La musa de Martin Fierro no ha sido vengadora, ni se ha preocupado solamente
del prestigio urbano, á costa de la simplicidad de nuestros compatriotas de chi-
ripá y bota de potro.
Careciendo de espacio suficiente para recapitular hoy cuanto se ha dicho
acerca de la presente obra y del autor, debemos limitarnos á hacer una breve
mención de los juicios emitidos últimamente, felicitándonos, r.u nuestra condición
de Editores, de poder inscribir en estas páginas preliminares, nombres que son
un timbre de la inteligencia argentina.
El señor don José Manuel Estrada, en un brillante estudio que hace del
Sueblo argentino, bajo el título de «Defectos de la vida social» en las págin»*
e la Revista Argentina, dedica al Sr. Hernández las líneas que vamos á copiar:
sin embargo de que diferimos respecto al cargo, comparativamente de incorecto,
que formula contra nuestro poeta.
Dice asi, aquel distinguido escritor:
«No es de maravillarse. Ni Hidalgo, ni Ascasubi, ni mucho menos Del
Campo, han llegado, entre nuestros poetas populares y gauchescos, á !a altura
filosófica en que toc;i el versificador mas incorrecto de todos, D. José Hernan-
dos. — Martin Fierro es el tipo culminante del gaucho, es decir, el producto
mas completo de una sociabilidad injusta, operando sobre una naturaleza ingé-
nitamente poderosa y activa. Pero precisamente por ser extraordinario como la
poesía lo requiere, no puede guiarnos en los estudios sociales sino subjetiva y
elementalmente. »
Sin pretender iniciar disputa alguna, sobre la razones que tenga el Sr. Es-
trada, para encontrar solo gran altura filosófica y poca corrección (literariamente
hablando) en la obra de que nos venimos ocupando, seáuos permitido recor-
darle que la obra del Sr. Hernández, es la pintura al natural de cierta comu-
nión social, no bien estudiada todavía, que vive, siente y se expresa en un len-
guaje peculiar, en el cual no deben prevalecer ciertamente las reglas gramati-
cales, sino el pensamiento que la anima. En nuestra humilde opinión, mucho
perdería en este caso la personalidad del gaucho, si las filosóficas inspiraciones
del autor de Martin Fierro, hubieran tenido que ajustarse á los preceptos de
Bello, de Salva y de la Academia. No; el estilo original que campea en esa
obra, es el que se ha debido emplear, para que así pueda revelarse toda entera,
intus et in ente, la gráfica figura del gaucho cisplatino.
El Dr. D. Nicolás Avellaneda, acreditando siempre sus inclinaciones y sus
altas dotes literarias, encontró también oportunidad de manifestar las impresio-
nes que dejara en su espíritu Martin Fierro, y en una caita literaria que rü
la luz pública, dice así a su interlocutor.
«Siga escribiendo, soltando con espontaneidad su vena, matizando la obser-
vación propia ingenuamente reproducida, con recuerdos comunes á todos, y M
tendrá pronto en cuanto á la difusión de su palabra escrita, sino un rival, tal
vez invencible: Martin Fiero. ¡g
En lo oue toca á este, es casi inmosible alcanzarle. Uno de mis cHeataa,
ADVERTENCIA EDITORIAL TU
almacenero por mayor, me mostraba ayer en sns libros los encargos de los pul-
Íeros de la campaña: — «12 gruesas de fósforos— Una barrica de cerveza — 12
rueltas de Martin Fierro — 100 cajas de sardinas.»
Pero nada se hace sin trabajo, y se lo digo por vía de ejemplo, aunque se
trate de los escritos más espontáneos y populares.
La difícil facilidad de que todos hablan, debe encerrar una verdad cons-
tante y general, cuando tanto se ha vulgarizado, á pesar de ser esta frase ex-
traída de un arte poético y de pertenecer á Boileau. Más de un renombre de
cab'ldo quedaría sorprendido si se dijera que hay á veces mayor estudio en una
página de Martin Fierro, que en uno de sus alegatos forenses.
¿Qué ha estudiado Martin Fierro? Antes de conocer sus habitudes literarias y
de revisar su biblioteca, ya lo sospechaba, y lo he confirmado después por su
propia confesión y por la inspección de sus libros. Ha estudiado como Cervan-
tes, los proverbios de todos los pueblos y de todos los idiomas, de todas las
civilizaciones, es decir, la voz misma de la sabiduría como los llamaba Salomón.
Ha recojido la médula del cerebro humano.
¿Cómo dejarían de ser populares, cómo dejarían de circular como la luz y
el aire, las sentencias ó los dichos que no son sino gauchescos en sus formas, pero
que pertenecen al habla de todos los hombres, después de miles de años?
Hé ahí explicado el secreto de la popularidad de Martin Fierro; hé ahí por
qué hoy sus dos libros han recorrido por la América que habla nuestro idioma,
de tal manera, que lo habrían enriquecido si hubiera podido preverse este caso
único, estipulando la reciprocidad de la propiedad literaria que hoy no existe.
No puedo ponerme al habla con mi amigo el doctor Larsen, que se ha
ausentado á otras regiones, estudiando el árabe; pero apenas sea posible comu-
nicar con él, he de pedirle que estudie los diálogos de Martin Fierro y que
despojando los dicho* de sus expresiones locales, los restituya á sus verdaderos
autores, es decir, al Coran, al antiguo Testamento, al Evangelio, á Confusius é
á Ef.ieteto.. Estos dos últimos son, sobre todo, los autores predilectos de Martin
Fierro, y sus dicharachos gauchos, no vienen á ser en el fondo, sino proverbio»
chinos ó griegos.
Así, se ha descubierto últimamente, por la comprobación de los estudios
filológicos, que la fábula de La Fointaine no es de Fedro o de Esopo, es decir,
ni latina ó griega, sino que fué .contada ahora miles y miles de años, á las
primeras generaciones índicas que crecían al pió del HimaJaya.
•>e Vd. como nuestro amigo Hernández, este don supremo de recojer lo
que es popular, depurándolo y trasmitiéndolo bajo nuevas formas, para que lo
sea aún más. Sabe Vd. como él, sermones, cuentos, máximas, proverbios y solo
le falta entregarse naturalmente á la corriente, para sobrenadar sobre la onda»...
Muchas y muchas otras transcripciones, altamente favorables, podríamos
seguir haciendo; pero basta á nuestro propósito las anteriores, agradeciendo en
la parte que nos corresponde, el aliento que nos comunican los que juzgan digna
de todos los afanes, esta obra que entregamos hoy al público, y que esperamos
ha de continuar recorriendo el itinerario que comienza en nuestra bulliciosa
rópoli y termina allá en el espacio de las gramíneas, de los arroyos, del
caballo y del guucJw, señor de la región.
Los Editores.
Señor D. José Zoilo Migueas.
Querido amigo:
Al fin me he decidido a que mi pobre Martín Fierro, que me ha ayudado algunos mo-
mentos a alejar el fastidio de la vida del Hotel, salga a conocer el mundo, y allá va acogid»
al amparo de su nombre.
No le niegue su protección, Vd. que conoce bien todos los abusos y todas las desgracias de
que es victima esa clase desheredada de nuestro país.
Es un pobre gaucho, con todas las imperfecciones de forma que el arte tiene todavía entre
ellos, y con toda la falta de enlace en sus ideas, en las que no existe siempre una sucesión ló-
gica, descubriéndose frecuentemente entre ellas, apenas una relación oculta y remota.
Me he esforzado, sin presumir haberlo conseguido, en presentar un tipo que personificara
el carácter de nuestros gauchos, concentrando si modo de ser, de sentir, de pensar y de expre-
sarse que les es peculiar; dotándolo con todos los juegos de su imaginación llena de imáfcr.es y
de colorido, con todos los arranques de su altivez, inmoderados hasta el crimen, y con todos ¡os im-
pulsos y arrebatos, hijos de una naturaleza que la educación no ha pulido y suavizado.
Cuantos conozcan con propiedad el original, podrán juzgar si hay o no semejanza en la copia.
Quizá la empresa habría sido para mi más fácil, y de mejor éxito, si sólo me huí ntesto
hacer reir a costa de su ignorancia, como se halla autorizado por el uso, en este genere de com-
posiciones; pero mi objeto ha sido dibujar a grandis rasgos, aunque fielmente, sus costumbres,
sus trabajos, sus hábitos de vida, su índole, sus vicios y sus virtudes; ese conjunto que constituye
el cuadro de su fisonomía moral, y los accidentes de su existencia llena de peligros, de ir
de inseguridad, de aventuras y de agitaciones constaiiies.
Y he deseado todo esto, empeñánd.ome en imitar ese estilo abundante en metáforas, que el
gaucho usa sin conocer y sin valorar, y su empleo constante de comparaciones tan i orne
frecuentes; en copiar sus reflexiones con el sello de-la originalidad que las distingue y el ti ate sombrío
de que jamás carecen, revelándose en ellas esa especie de filosofía propia, que sin tsh nde
en la misma naturaleza; en respetar la superstición y sus preocupaciones, nacidas y fomentadas
por su misma ignorancia; en dibujar el orden de sus impresiones y de sus afectos, que él encubre
y disimula estudiosamente; sus desencantos , producidos por su misma condición social, y esa in-
dolencia que le es habitual, hasta llegar a constituir una de las condiciones de su espíritu; en re-
tratar en fin, lo más fielmente que me fuera posible, con todas sus especialidades propias, ese tipo
original de nuestras Pampas, tan poco conocido por lo mismo que es difícil estudiarlo, tan erró-
neamente juzgado muchas veces, y que al paso que avanzan las conquistas de la civilización, va
perdiéndose casi por completo.
Sin duda que todo esto ha sido demasiado desear para tan pocas páginas, pero no se me puede
hacer un cargo por el deseo, sino por no haberlo conseguido.
Una palabra más, destinada a disculpar sus defectos. Páselos Vd. por alto, porque quizá
no lo sean todos los que, a primera vista puedan parecerle, pues no pocos se encuentran allí como
copia o imitación de los que lo son realmente.
Por lo demás, espero, mi amigo, que Vd. lo juzgará con benignidad, siquiera sea porque
Martín Fierro no va de la ciudad a referir a sus compañeros lo que ha visto y admirado en un
25 de Mayo u otra función semejante, referencias algunas de las cuales, como el Fausto y varias
otras, son de mucho mérito ciertamente, sino que cuenta sus trabajos, sus desgracias, los azares
de su vida de gaucho, y Vd. no desconoce que el asunto es más difícil de lo que muchos se lo ima-
ginarán.
Y con lo dicho basta para preámbulo, pues ni Martín Fierro exige más, ni Vd. gusta mucho
ie ellos, ni son de la predilección del público, ni se avienen con el carácter de
Su verdadero amigo —
José Hernández.
Buenos Airas, Diciembre de 1872
JUICIOS CRÍTICOS
SOBRE
MARTIN FIERRO
^-•••-^
Sr. D. Jo*/1 llcr^nvrfpz.
Estimado Señor:
Hace algún tiempo, bajo el peso de
mi rudo golpe para mi corazón, recibí
un liUro suyo. Me fué imposible enton-
óos agradecerle su atenci raba
con el pesar de esa deuda, cuando me
he encontrado con «La Vuelta de
Martin Fierro».
Si tuviera el ánimo predispuesto á
escribir esas cosas que solo nacen es-
pontáneamente, sir que la voluntad
mas decidida pueda engendrarlas, ha-
bría arrojarlo sobre el papel mas de un
reflejo de las impresiones que su
trofas han despertado en mi alma.
He ensayado y no puedo; quiero por
lo menos er. esta desaliñada carta, de-
cirle que he leido su lib^o, de un
aliento, sin un momento de cansancio,
deteniéndome solo en algunas coplas.
iluminadas por un bello pensamiento,
casi siempre uegligentement<a envuelto
en incorrecta forma.
Algo que me ha encantado 3n su es-
tilo, Hernández, es 1? ausencia absolu-
ta de pretensión por su parte. Hay
cieña lealtad delicada en el espíritu de!
poeta que se impone una forma hu
milde y que no sale de ella jamás, por
mas que lo aguijoneen las galanura*-
del estilo. — Usted ba hectio versos
gauchezcos, no como Ascasnbi. para
hacer reir al hombre cult< i ^.uaje
del gaucho, sino para reflejar en si
idioma de éste, su índole, sus pasiones,
sus sufrimientos y sus esperanzas.
to mas intensas y sagradas, cuanto mas
cerca están de la naturaleza.
¡Que se han vendido m I mil
ejemplares de su libro, me dice alguien
asombrado! — Es que los versos de
«Martin Fierro» tienen un objeto, un
fin, casi he dicho una misión.
No hay allí la eterna personal!
del poeta, sobreponiéndose en
mo !'. itación de ese corazón co-
lectivo que se llama humanidad.
Donde hay una ni hombres,
el drama humano es idéntico. — E
«Martin Fierro» se <• t la mis-
ma tristísima poesía, la misma filoso-
fía desolada que en los versos do Caikn
Aljuni, cantados en los albores de la
Listona humana* ó en las estrofas
Leopardi, elevándose en el dintel de
nuestro siglo como un presagio funesto
para los hombres del porvenir.
Reúnase en una noche tranquila un
grupo d° gauchos alrededor de un fo-
gón y léaseles, traducido por Vd. y en
fersos propios del alcance intelectual
de esos hombres, el Ótelo de Shakes-
peare. Tengo la profunda convicción
que el espantoso estrago que los celos
causan en el alma del Moro, desoer-
JUICIOS CEITICOS
tara una emoción mas grave en el co-
razón d«l gaucho, que en el del inglés
que oye silencioso la soberbia trajedia;
cómodamente arrellenado en su buta-
ta de Queen's-Theátre.
Hace bien en cantar para esos
desheredados; el goce intelectual no
solo es una necesidad positiva de la
vida, para los espíritus cultivados, sino
también para los hombres que están
cerca del estado de naturaleza. Un gau-
cho debe gozar, al oir recitar las tristes
aventuras de «Martin Fierro», con igual
intensidad que Vd. ó yo con el último
canto del Giaour ó con las < Noches»
de Musset. Y esta secreta adoración que
sentimqs por esos altísimos poetas, el
gaucho la sentirá por Vd., que lo ha
comprendido, que lo ha amado, que
lo ha hecho llorar ante los nobles arran-
ques de su propia naturaleza, tan des-
conocida para él. No "se puede aspirar
é una recompensa mas dulce. . .
Lo he dicho al principio y se lo
repito: su forma es incorrecta. Pero
Vd. me contestará y con razón, á mi
juicio, que esa incorrección está en la
naturaleza del estilo adoptado. La cor-
rección no es la belleza, aunque gene-
ralmente lo bello es correcto.
En esta estrofa por ejemplo. Habla
Vd. de la mujer, de su alma siempre
abierta á la caridad y agrega:
Yo alabo al Eterno Padre,
No porque las hizo bellas.
Sino porque á todas ellas
Les dio corazón de madrel
Ese verso es de estirpe real, mi ami-
go.— Aunque la estrofa que lo precede
y los dos primeros versos de aquella á
la que esa cuarteta pertenece, harían
la desesperación de un retórico, la
idea salva aquí todo.
Por ahí, al final, en el precioso
canto de contrapunto entre Martin Fie-
rro y un negro, encuentro otra perla,
que se la trascribo de memoria. Es
uno de esos versos, que una vez leí-
dos se instalan en el recuerdo, al lado
de los huéspedes mas queridos.
Habla el negro:
Bajo la frente mas negra
Hav Densamiento V hav vid*.
La gente escuche tranquila
No me hagan ningún reproche
También es negra la noche
Y tiene estrellas que brillan.
—¿Cuál es el canto de la noche?
La noche por cantos tiene
Esos ruidos que uno siente
Sin saber de donde vienen.
Y esta estrofa que califico de ad-
mirable, que bastaría para reconocer
un poeta en aquel que la ha escrito, y
que al mismo tiempo es una completa
sinfonía,, imitativo de los vagos rumo-
res de la noche en nuestros campos
desiertos.
Son los secretos misterios
Que las tinieblas esconden —
Son los ecos que responden
A la voz del que dá un írito,—
Como un lamento infinito
Que viene no sé de donde!
Y aquí, ante esa belleza, raí acuer-
do de Estanislao del Campo, que tiene
en su Fausto mas de una nota arran-
cada á la misma fibra.
No acabaría de citar mi amigo: pero
basta para manifestarle mi impresión.
Tengo curiosidad de saber qué vida
habrá llevado Vd. para escribir esas
cosas tan lindas y tan verdaderas, que
no se trazan al resplandor de la pura
y abstracta especulación, pero que se
aprenden dejando en el camino de la
vida algo de si mismo: los débiles, la
la lana, como el carnero; los fuertes,
sus entrañas, como el, Pelícano . . .
No le digo ni la mitad de lo que
quisiera; pero no he de concluir sin
apretarle fuerte la mano y pedirle crea
en la verdadera estimación que siente
por talento —
Su affmo. S. y amigo
Miguel Cañé.
Marzo 12 de 1879.
«El Nacional» Buenos Aires Marzo 22 de 1879
Señor José Hernandcx.
«Martin Fierro» es una obra y un
tipo que ha conquistado su título de
ciudadanía en la literatura y en la
sociabilidad argentina.
SOrJKE MARTIN FIERRO
XI
Ese iibro faltaba á mi biblioteca
americaua, y el autógrafo de su autor
de qu- viene acompañado, le dá do-
ble mérito.
Agradezco las palabras benévolas de
que viene acompañado, prescindiendo
de otras que no tienen certificado en
la república platónica de las letras.
Su libro es un verdadero poema es-
pontáneo, cortado en ia masa de la
vida real.
Hay en él, intención, filosofía, vue-
los poéticos y bellezas vas,
qne señalan la tercera ó cuarta forma
que este género de literatura ha re-
vestido entre nosotros
Hidalgo será siempre su Homero,
porque fué el primero, y como V«.
D su poética que ha con
eado Vcl. en esto rsos:
cPorque yo canto opinando
cQue es mi modo de cantar*.
Ascasubi marchando tras sus hue-
llas, poniendo al gancho en |
de la civilizado:), '-saltando su r
patri' impo ha<
dolo juzgar las ol irte y la so-
ciedad con su en; 'pío, marcan
rmediarii
•o de mi modo de juzgar y d*
interpretar este género de poesía.
itrará el ejemplo y la teoria en
las composiciones y en la nota comple-
mentaria que Vd. encontrará en el
que le remito en retribución del
suyo.
h que Vd. lpa mi nota err
no extrañará qne le manifieste con fran-
queza, que creo que Vd. ha abusado
un poco del naturalismo, y que ha
exajerado el colorido local, en los ver-
sos sin medida de c ne ha sembrado
intencionalmeute sus paginas, así como
»on ciertos barb que no eran
indispon ara poner el libro al
alca: 'ido el mmdo, levantando
la inteligencia vulgar al nivel del len-
guaj' e se expresan las ideas y
os sentimientos comunes al hombre.
No estoy del todo conforme con sn
filosofía social, que deja en el fondo
áel alma una precipitada amargura
«in el correctivo de la solidaridad so-
eial. Mejor es reconciliar los antagonis-
mos por el amor y por la necesidad
de vivir juntos y unidos, que hacer fer-
mentar los odios, que tienen su causa,
mas que en las intenciones de los hom-
bres, en las imperfecciones de nuestro
modo de ser social y político. Sin em-
bargo, tai como es, creo «que no se ha da
llover el rancho» en que su libro se
Felicitando á Vd. por el singular
éxito que ha alcanzado su libro, \ <|tie
atestiguan sus numerosas y oop ^as
ediciones, me es grato suscribirme de
usted
Su compatriota —
Bariolomé Mitre.
Buenos Aires, Abril 14 do 1
Sefior D. José Hernández.
Estimado Señor:
Después de haber recibido su libro,
he aguardado un ú\f
m el que pudu-ra di>¡
s horas par» escribirle con deter-
sión. Veo que ese dia no llega, y no
ro quedar á descubierto por mas
tiempo con Vd.
L'' pido así que acepte la expresión
do mi agradecimiento por el envió de
su libro, que ha recorrido ya toda la
América Española, y que ha sobrepa-
. a cualquier otro li-
bro pnblieado en' iros.
inútil agregar otro comentario A
■omentario esplendido de un éxito
sin rival.
Soy su affmo. servidor y compatriota.
N. Avellaneda.
Mayo 9 de 1879.
Lima, Mayo 5 de 18711
Señor D. José Hernández.
Buenos Aires.
Muy Sefior mió:
Hace años que mi difunto y exce
lente amigo D. Juan Maria Gutierres
me remitió la primera parte de su be-
llísimo «Martin Fierro» que leí oon
AJLi
JD1U1US UKITIUOS
aucho agrado. Mis poetas predilectos
tan sido siempre lo-- que como Vd.
lacen gala de sencillez y no andan
rebuscando conceptos.
Hoy he recibido, con una amable
iedicatoria de Vd. las partes primera
f segunda de su libro, que enrique-
cerá mi modesta biblioteca americana.
Doy á Vd. las gracias por el obsequio
y por los benévolos elojios con que
me favorece.
El delicadísimo Antonio de Trueba
Bnvidiaria á Vd. las páginas 49 y si-
guientes déla 2a parte. El contrapunto
entre el payador negro y «Martin» es
magnifico. Igual aplauso tribute al ca-
pítulo 32 en que «Martin» aconseja a
sus hijos — Allí hay filosofía sin relum-
brón y verdadero sentimiento poético —
Son dos cuadros de pluma de maestro.
La poesía popular que cultivaron
Hidalgo y Ascasubi, está llamada á
ejercer positiva influencia sobre la mo-
ralidad del pueblo. Consagrarse á ella
como Vd. lo hace, es ejercer un Sa-
cerdocio. No desmaye Vd.
Hace años que he dejado de rendir
oulto á las musas, por consagrarme
a registrar apoliliado infolios históri-
oA. Pero siempre leo con gusto ver-
sos, cuando ellos campean el espíritu
que en ios de Vd. me encanta.
Reiterando á Vd. mis felicitaciones
por el buen desempeño de su «Martin,»
me es grato ofrecérmele muy de co-
razón, como su amigo afectísimo.
Ricardo Palma.
Por conducto de la Legación Perua-
na, en Buenos Aires, podría Vd. man-
dar un ejemplar de su obra á la bi-
blioteca, de Lima, donde hay un salón
destinado solo á libros americanos: La
República Argentina apenas figura con
300 volúmenes entre cerca de 4.000
correspondientes alas demás secciones.
Ll « Nacional» — Buenos Aires, Julio 7 de 1879
Señor D. José Hernández
Lima, Abril de 1880.
Primo mió y querido amigo:
Por mi hijo Julio he sabido con pena
que Vd. no recibió la carta en que le
¿aba? un millón de eracias v felicita-
ciones, anunciándole haber llegado á
mis manos el precioso obsequio con
que Vd. me favoreció: la segunda par-
te He su bellísimo poema, «Martin
Fierro.»
En Lima ha tenido entusiasta aco-
gida esta publicación, cuyas bellezas
poéticas deleitaran á los lectores le
todas latitudes; pero solo á nosotros,
hijos de ese país mágico del fantasi ta
lenguaje, nos será dado gustar con «a
deliciosísimo sabor, el colorido local de
esas gráficas imágenes que hacen de
este libro una serie de cuadros plásti-
cos de sorprendente verdad.
— Estoy encantado con el «Martin
Fierro» de Hernández- díjome uno de
los primeros literatos de Lima.
— Y sin embargo — respondí — para
ustedes; ese hermoso poema es Ros
en Berbería.
— Porque?
— Porque la mitad de sus bellezas
son para ustedes sánscrito: no las coui-
prenderán-
— Pues yo las percibo mv" bien.
— Error! 0 sino espliquenjt V i. esta
Nos retiramos con Cruz
A la orilla de un pajal,
Por no pasarlo tan mal
En el desierto infinito,
Hicimos corno m) bendito
Con dos cueros de bagual.
— Pues claro: en lo del bendito ex-
presa la prontitud con que arreglaron
las pieles de ese animal.
Y cuando le hube explicado el pro-
blema de la frase, picóse enormemente
y no me ha perdonado aquella expli-
cación.
Espero que á estas horas estará V.
escribiendo otro libro como este, que
es como una golosina: una vez gus-
tado, se anhela otro semejante.
Saludamos á V,, Julio y yo, y le
estrechamos cordialmente ¡a mano.
De Vd. prima y afetitwraa amiga.
Juana M. Gorriti.
Señor D. José Hernández
Estimado compatriota:
Me pide Vd, un lugar en mi biblio-
teca para su c Martin Fierro >, que ha
llegado tan suavemente á su edición
undécima.
SOJBKE MARTIN FIERRO
xin
Qmero antes de colocarlo con el ho-
nor debido á su bizarría, expresar á
los motivos del placer que me ha
causado su héroe.
En primer lugar es hijo lejítimo de
Vd., a quien profeso aprecio antiguo.
Luego, él se me presenta con su garbo
de jinete criollo, con la originalidad
de su pintoresco lenguaje, y con el odio
mas franco a la opresión.
A mi me encantan esos tipos mode-
lados por la naturaleza, cuando sus fa-
cultades nativas no han sido alteradas
aún por una civilización que suele ser
re Vd. las cualidades de los
las de los campesinos de
ó con su oíase proletaria,
rá Vd. que toda la ventaja está
(ido de nuestra raza genuina que
grabado en su pecho varonil el
de la América.
Hay en ese representante primitivo
de nuestra nacionalidad, una mezcla
singular de astucia y de candor. Pero
na entre los afectos de su alma
la idolatría de su independencia.
La Pampa convida á la libertad. Su
Qsion inmensa, su aire puro, no
han sido creados aisladamente paia
los esclavos.
Pero el desierto incita también á la
melancolía, y cuando el payador canta
en la guitarra, no es extraño que sus
endechas, sean tristes, no solo por los
males amargos de su condición, niño
porque cede á la influencia del espec-
táculo que le rodea. El aislamiento
aumenta esta propensión, y se com-
prende que al caer de la tarde, aquel
Boltaria tal vez sus lágrimas al arroyo,
cuyas aguas se deslizan como las horas
de su humilde existencia.
Si no hubiese en sus costumbres y
en su suerte, elementos de interés dra-
mático, V. los habría hallado en sus
inspiraciones frescas como las florecillas
silvestres que matizan nuestra llanura.
Pero otra consideración mas trascen-
dente reeslta de los versos de «Martin
Fierro. Ella se liga con uno de los
problemas fundamentales de la socia-
bilidad en el Rio de la Plata.
Las promesas de la revolución no
«e han cumplido todavía para loe hijos
del Pampero. El rancho de paja no
basta á protejer á quien lo habita?.
Quién tendrá derecho de asombrarse
que un ser privado de los goces mas
puros de la vida, y de cultivo intelec-
tual, apele á su acero para defenderse,
ó vengarse, y á su ájil caballo para
huir?
Pero me aparto de la peligrosa cor-
riente de tales recuerdos, para felicitar
á Vd. por la pintura fiel de esa porción
poco estudiada del pueblo argentino.
Cuando Vd. describe algunas esce-
nas, de esas que no tienen nunca mas
testigos que las estrellas, ni mas coro
que las aves salvajes, se sentirá uno
tentado á las correrías agrestes, para
sorprender acaso en el fondo del llano
el misterio del destino de una parte no
menos olvidada, que noble de la hu-
manidad. La simpatía que despierta se
aviva cuando se piensa que asistimos
á su rápida extinción y cuando su asi-
milación con razas exóticas cambia esa
fisonomía que solo á la poesía es dado
perpetuar.
Así el empeño de Vd. será saludado
por úlidad y por el patriotis-
mo. ! dos invocan los uúmenei
mas propicios al genio en sus vuelda
mas atrevidos.
ro Vd. se ha contentado con im-
provisar después del mate, dulces tro-
vas á la sombra del amoroso ombú, i
allá en la cresta de una loma. Yo en-
vidio la fortuna con que Vd. embellecí
tradiciones que se perderían en medie
de las perturbaciones de nuestra época,
sin el talento y el corazón que les di
vida, y las graba profundamente en la
literatura y en la historia.
José Tomás Guido.
Buenos Aires, Noviembre 16 de 1878.
Señor D. José Hernández.
I
Mi amigo: Le prometí á Vd. últi-
mamente manifestarle* mis impresio-
nes sobre su «Martin Fierro», y paso
4 hacerlo.
Está demás anticiparle que yo na
XIV
JUICIOS CRÍTICOS
puedr»¡ ni debo emitir un juicio crítico
acerca de eso libro con que Vd. ha
enriquecido nuestra literatura Nacional.
Imagínese Vd. que á cualquiera, á
H., á mí, se le ocuriera hacer algunas
de esas indicaciones que se suelen de-
jar caer sobre un autor con todo el
peso del sentimiento paternal que las
inspira; (el sentimiento paternal (sic)
suele traducirse en palos aplicados sin
ninguna ceremonia) analizar el bagaje
literario de su libro; apuntar incorre-
oiones; someter al bueno de «Martin
Fierro» al tormento de esas mil reglas
y preceptos que los críticos nunca
acaban de inventar, porque esto les da
eterno pretosto para disertar sobre el
modo cómo se han desnaturalizado las
unas ó violado las otras.
Todo esto sería música celeste.
Cualquier criollo estaría tentado á res-
ponder lo que le respondió uno al
caballero inglés que le preguntaba: ¿Do
you Icnoio xohere is Cochabamba sf.reel? —
si no dijera demasiado con estas pa-
labras: amigo es matarse; nosotros he-
mos leido á «Martin Fierro» en once
le'>-'i* diferentes.
Hó aquí, mi amigo Hernández, el
mejor juicio acerca de su libro. Once
ediciones de un libro son como para
llenar de orgullo á un autor en Bue-
nos Aires. Vd. solo puede blasonar de
ello. Ni la Constitución Argentina ha
merecido este honor. Se ensayó dos
veces en 1811, se varió en 1815, en
1817, en 1819, en 1826 y en 1853-1860:
ocho publicaciones mi amigo- Su «Mar-
tin Fierro» le lleva tres todavía: y reco-
rre á caballo la llanura, las pulperías y
los ranchos, haciendo por la vida, esto
es, por otras tantas ediciones.
II
Y se va lejos, se hunde en el Sud —
en ese Sud de tiernos y dolorosos re-
cuerdos para el gaucho, donde este se
deja ver todavia arrogante y hermoso
como ahora cincuenta años, cuando
imponía su voluntad y su ley á todos
aquellos á quienes en vano clamó, du-
rante otros tantos años, para que lo
■acaran del misero desamparo en que
vivía.
Porque el gaucho, — y esto es lo qut
hace buscar con cierto amor todo libre
que á él se refiere, — tiene su noche ec
nuestra historia: noche larga sin otra
luz que la de las cuatro estrellas que
indican ese Sud en nuestra Pampa. Su
huella ha sido 2a del martirio abnega
do, — su vida la del combate con U
adversidad, su destino, el de los eterna-
mente desheredados, su único consuele
el desierto inmenso, que siempre revi
vio bajo sus plantas, prodigando á sí
rey deventurado sus flores, sus brisa:
y sus aguas para que recuperara sus
fuerzas, allí á la sombra del ornbú, bajo
el cual se levantó alguna vez su rancho
de paja en que desapareció con su mu-
jer y con sus iiijos!
Es un poema de lágrimas que sok
el Pampero ha recojido flores sil-
vestres de rara fragancia que sepulte
el progreso que pretendemos cimentar
con remedios de civilizaciones ageuas,
y que amenaza privar al gaucho hasta
del consuelo de ver en un dia i
el espectáculo de nuestras libertades
arraigadas, de nuestros derechos d
ficados, de nuestra prosperidad asegura-
da por'las que el gaucho luchó durante
cincuenta años con su lanza y á caballo
III
Sigamos al gaucho, mi amigo, siga
moslo en esa noche tristísima para é:
y vergonzosa para nosotros En-
cierran misterios tan íntimos y tan mal
comprendidos los senos generosos de
esa Pampa, donde el gaucho ^ nació
como rey y donde apenas vivip come
cuervo! Tanta melanconía mez-
clada con cierto amor á la patria qut
conquistamos con ellos, cae al fonde
del alma al evocar el recuerdo de esa
noche!
A principios de este siglo el gancho.
con ser que ya había guerreado er
nombre de su patria contra los ingleses
era el mas desamparado de la suerte j
de los hombres.— Después del esfuersc
de su patriotismo, solo le quedaba 1«
inclemencia del desierto, al cual no de-
jaban los bienes relativos de que go-
maban los hombres de las ciudades
Eeauerido constantemente uara ^
SOBRE MARTIN FIERRO
XV
servicio militar que demandaba nuestra
guerra de la Independencia ¿dónde se
dio una batalla en la que el gaucho no
lanceó, acuchilló, baleó y venció á los
españoles, haciendo gala de ese heroís-
mo temerario que es el aliento podero-
so de su alma, algo como carne de su
carne? ¿Donde no estuvieron Güemes y
Lavallrf, Necochea, Balearse, Pringles,
Lamadrid, Suarez, Olavarría y tantos
otros brazos armados constantemente
en defensa de la República?
La Independencia se iba logrando,
el bienestar se acariciaba, se comen-
zaba á gozar algunos bienes, y entre
tanto ¿que participación tenia el gau-
cho en este nuevo teatro de la demo-
cracia, que él habia contribuido á ci-
mentar?
Ninguna: seguía siendo soldado, ni
hogar, ni familia que lo ligara á la pa-
tria ingrata que lo habia engendrado
para sacrificarlo, especie de Saturno
que bebia sin saciarse la sangre de
■us hijos.
La desgracia suele tener sus paroxis-
mos. El alma estalla frenética desgar-
rando con salvaje complacencia los
sentimientos que algún dia le sirvieron
de consuelo para borrar de si, hasta el
recuerdo de la esperanza maldita, que
agotó las lágrimas y marchitó las fi-
bras.
El infortunio del gaucholo tuvo tam-
bién. La ocasión le fué propicia y él
la aprovechó para dar rienda suelta á
sus instintos y sus furias.
Al despuntar el año 20, los gauchos
recoman el desierto en todas direccio-
nes, para aproximarse en medio á su
desventura, y librar juntos ese combate
tremendo que debía perpetuarse en
nuestro pais hasta que triunfara la idea
que ellos estamparon, sin conocerla, en
las banderolas rojas de sus lanzas hú-
medas con sangre.
La representación que asumían Ra-
mírez, López, Bustos y después Facun-
do y Aldao en otras Provincias, la
asumió Rosas en la de Buenos Aires.
Radicado en la campaña «sacrifican-
«do comodidades y dinero, haciéndose
«gauoho, hablando oomo tal, haciendo
«lo que los gauchos hacían protejiéndo-
«los, haciéndose su apoderado, cuidando
«de sus intereses, &, &, &,» según el mis-
mo Rosas lo ha expresado en una confi-
dencia-el descendiente de los Condes de
Poblaciones fué como una Providencia
que surjió de las entrañas de la Pampa
en favor de los gauchos, que miraban
con indecible asombro ese hombre para
ellos extraordinario, y que era su pro-
pio engendro y que ya los había hecho
brillar sobre todos, conduciéndolos á
ahogar la anarquía en esa ciudad de
Buenos Aires, que nunca habia tenido
un eco de consuelo para ellos.
Rosas llegó á ser el gran señor de la
campaña. El teatro era muy vasto;
pero la admiración y el cariño hacia
su persona era llevad?, en alas, por los
gauchos, de pulpería en pulpería, donde
templaban sus guitarras para cantar
sus alabanzas á ese gaucho hermoso y
arrogante que protegía sus hogares y
los hacía felices dejándolos vivir d
trabajo al lado de sus hijos. Cómo
pues el corazón déla campaña no había
de abrirse con la espontaneidad de ¡a
flor del aire para elevar á llosas al
Gobierno? (
Rosas adoptó en provecho de su Go-
bierno fuerte, la idea en nombre do la
cual los gauchos y sus jefes vinieron á
atar sus potros al pió de la 'Pirámide
de Mayo en 1820. La federación qu*<
une á todos los argentinos bajo el glo-
rioso pabellón de Mayo, ha sido pues
la venganza que tomaron nuestros gau-
chos. La devastación y los males que
esto ha causado antes de asentarse
para siempre, están compensados con
ese infortunio cruento del gaucho que
también es hijo de esta tierra, y con
el porvenir venturoso que esa federa-
ción nos depara si sabemos perseverar
en los propósitos que desde 1862, que-
daran librados al patriotismo de los
pueblos argentinos.
IV
Tal es el tipo histórico y social de
su «Martin Fierro».
El ha ido desapareciendo á medida
que se han ido extendiendo y perfec-
cionando los principios qu9 el gaucho
proclamó y sostuvo durante nuestras
nereeriiiaciones v contiendas
XVI
JUICIOS CRITICO?
Pero su condición no ha mejorado
en razón de esos progresos. Todavía
lo abate su infortunio, porque todavía
tenemos mucho desierto desamparado
y todavía tenemos alguna barbarie en-
mascarada en la República.
Todavía el gaucho llora la triste suer-
te que le cabe en la campaña, donde
subsisten para él los rigores que han
desaparecido para los demás.
Estos rigores de su suerte mezqui-
na, esta desgracia es lo que canta Vd.
tomando á la Pampa como teatro y
á un payador valiente y generoso co-
mo protagonista.
¿Cómo la ha hecho Vd? (Aquí
debía empezar el juicio crítico.) Ya
queda dicho al principio, ya lo han
dicho las once ediciones de su libro.
Permítame Vd., pues, que no añada
mas á lo que, sobr3 el particular han
dicho las personas competentes que
han leido su libro, tributándole á Vd.
los elogios que merece su bien corta-
da pluma para esta clase de literatura,
tan poco explotada entre nosotros, á
pesar de haber tenido precursores
como Hidalgo, Lavardén y Ascasubi,
Del Campo, el famoso Anastasio el
Pollo y Vd., son los únicos que la
han cultivado en nuestros días. Ambos
han obtenido lauros que mañana fi-
gurarán en nuestros fastos literarios
como frutos opimos del esfuerzo no-
bilísimo que tiende á perpetuar en
nuestra historia el tipo original y es-
forzado del rey de los desiertos ar-
gentinos.
Son los votos de su amigo
Adolfo Saldiaa.
S/C. Noviembre 1G de 1873.
— *-.<>•"*■
El Gaucho Martin Fierro. — La
vuelta de Martin Fierro. — Poe-
mas campesinos por José Her-
nández.
A pesar de nuestra afición por la
lectura, no conocíamos el primero de
estos poemas, hasta hace pocos días,
en que su autor tuvo la bondad de
•aviárnoslo, despertando tal interés en
nuestro corazón, que inmediatamente
buscamos el segundo, cuyo mérito, como
obra de observación, corre pareja con
el del anterior, aun cuando no suscite
la misma curiosidad, por la reproduc-
ción de escenas análogas.
El gaucho Martin Fierro ha produ -
cido un fenómeno de publicidad en la
República Argentina, pues sus once
ediciones han alcanzado á la fcifra ex-
traordinaria de 60,000 ejemplares.
Un libro que despierta tan vivo anhe-
lo, debe tener algún mérito escepcio-
nal, porque, de otra manera, no habí ia
salido, como muchos que conocemos,
de los anaqueles de las librerías.
El señor Hernández ha explotado el
venero inexhausto de las costumb; ■...-.
populares, poniendo en acción tiros
nacionales, desdeñados por la genera-
lidad de nuestros escritores, haciénr
los vivir, obrar, y sufrir en su medio
social, y colocando al mismo tiempo,
el dedo sobre las llagas gangrena'
que consumen á una gran parte de la
familia argentina.
Martin Fierro es la personificaron
verdadera del gaucho de la panria,
condenado al servicio forzoso de las
armas, desheredados de todos sus de-
rechos de ciudadano perseguido por ta
autoridad civil, oprimido por la auto-
ridad militar, explotado por los nego-
ciantes aventureros, aflijido por el ha La-
bre y la desnudez en los campamentos
de la frontera.
Diferenciase cMartin Fierro» de otros
gauchos creados por nuestra literatura,
en que él no es un personaje pura-
mente cómico, sino un héroe dramáti-
co, en el que aparecen de tiempo en
tiempo, los reflejos de la gracia anda-
luza, manifestados por medio de un
estilo pintoresco, salpicados de imáje-
nes y de comparaciones originales en
las cuales asoma un ingenio nativo,
una suspicacia propia de quien está
acostumbrado á desconfiar, y una ins-
piración silvestre, pero poética, que
lo inclina á cantar alegrías y dolores.
El señor Hernández ha querido con-
servar intencionalmente los defecto*
del lenguaje, de construcción y de mé-
trica en los sentidos versos de su poema.
No estamos do acuerdo con su ma-
SOBRE MAKTIN FÍEKBO
2.YU
aera de entender el arte, porque oree-
mos qne la verdad no está reñida con
la beÜeza, y que es posible conservar
la originalidad de un tipo, sin herir
•1 oído con las desafinaciones del ver-
so incorrecto-
£1 ideal del arte consiste en imitar
la naturaleza, mejorándola en la me-
dida de nuestras facultades.
La obra que nos ocupa es el fruto
de la observación de las costumbres
campesinas, estudiadas en la estancia,
en la pulpería, que es el club del gau-
cho, y á la luz del fogón, al rededor
del cual improvisa todas las noches su
hogar, aquel que no tiene un palmo
de tierra propia, en la ilimitada ex-
tensión que riega con su sangre.
Por eso la expresión es vigorosa,
original el giro de la frase, y nueva y
hasta sorprendente, la imagen con que
al parecer dá formas tangibles á sus
pensamientos.
No se nos oculta que el libro del
aeñor Hernández contiene un peligro,
que sería conveniente que el hiciera
des. parecer, luego que se diera cuenta
cabal de su importancia.
Aun cuando es verdad que la con-
dición del gaucho es abominable, lo
que hasta cierto punto explica sus exce-
sos, la enumeración de sus hazañas, el
elojio de su valor, ejercitado en riñas
aangrientas, debiera contrapesarse, en-
señándole á condenar los extravíos de
su sensibilidad.
Está demostrado que las narraciones,
rodeadas de circunstancias poéticas, de
toda clase de crímenes, desde el suici-
dio hasta el duelo, y desde el duelo has-
ta el asesinato vulgar, producen una es-
pecie de epidemia moral, que se traduce
en otras tantas ofensas a las leyes divi-
nas y humanas, si no las multiplican.
En hora buena que se condene los
abusos, y se disculpe ante los jueces
que la sociedad se ha dado, los extra-
víos a que pueden conducir la falta
de educación y las injusticias de que
on hombre puede ser objeto.
Pero la misión del escritor filosófi-
co, del moralista que pone libros en
nanos del pueblo, oonsiste en conde-
nar no solo á quien oprime, sino al
•prinudo qne á su vez abusa ds su fuer-
za, y huyendo de sus enemigos se con»
vierte en enemigo de sus semejantes.
El señor Hernández, que indudable-
mente posee las aptitudes necesarias
para hacerse escuchar, tiene una alta
misión que desempeñar, ensanchando
su esfera de cronista, haciéndose maes-
tro de los gauchos que lo leen con
avidez, inspirándoles aversión al pu-
ñal, repugnancia a la sangre, levan-
tando, en una palabra, su nivel moral
abriéndoles horizontes que su vista,
habituada a explorar la pampa, no ha
descubierto todavía.
La tarea debe comenzar por ensa-
ñarles a conocer á Dios, mostrándoles
que la compañía de una buena con-
ciencia y la esperanza en el cielo, mi-
tigan los sufrimientos y obligan a amar
a los hombres.
3u héroe, dotado de una resistencia
física que supera á la de la mayor
parte de los hijos de la naturaleza,
sería doblemente amable y poderoso,
si adquiriera esa fuerza moral que do-
mina las pasiones, y encadena la car-
ne al espíritu.
La oportunidad nos parece propicia
para llevar á cabo un empeño tan
generoso.
El perseguido, en vez de buscar
asilo en las tolderías, hoy puede encon-
trarlo en las ciudades, en las colonias,
en las tareas agríenlas que han venido
á modificar las condiciones sociales de
los campos dominados por el pastoreo,
que convertía á los gauchos en bedui-
nos, y a los beduinos en siervos, que
ignoraban que existieran hombres bue-
nos y compatriotas justos.
El señor Hernández, que ha tenido
el poder de hacernos derramar lágri-
mas con la descripción de la tapera
del rancho de Martin Fierro; que ha
sabido tocarnos la fibra mas delicada
del sentimiento con aquella tierna des-
pedida del vagabundo á las últimas po-
blaciones cristianas, está llamado á
combatir con éxito las preocupaciones
del gaucho contra sus paisanos de las
ciudades, contra sus prójimos, blancos,
negros, nacionales ó extranjeros, aho-
gando en su corazón el odio con las
semillas del amor.
Mientras que el campesino errante»
XVIII
JUICIOS CRÍTICOS
perseguido por sus delitos, asilado
entre los indios, arrojado de las tol-
derías por otra ola de sangre, no ma-
nifieste al regresar á su pago, como
Martin Fierro, el arrepentimiento fe-
cundo del hombre religioso, no debe
dar por terminada su labor el poeta
á cuyos cantos consagramos estas lí-
neas, hijas de la admiración é inspi-
radas por el deseo de verlo á la ca-
beza de una cruzada regeneradora.
ti* América del Sur» Marzo 9 de 1879.
El Gaucho Martin Fierro, es tam-
bién una lección, es decir, lo que debe
«er la poesía: una moral además de un
Wte, so pena de ser inútil, ó peor aún,
perversora. Ese poema es un pequeño
curso de moral administrativa para el
oso de los comandantes militares, co-
misarios pagadores, y cuantos tienen
que hacer con el pobre gaucho. Allí
están fotografiados, estigmatizados to-
dos los malos patriotas, en imágenes
verosímiles y verdaderas. Poner en la
picota á los malvados, es tanto mas
meritorio, cuanto de mas alto se les
baja para hacer en ellos la justicia
popular.
Muchas leyes y disposiciones hay
tendentes á mejorar la suerte del pai-
sano de nuestraj campaña, pero dudo
que ninguna sea mas eficaz que esos
cuadros en que el abuso no dá contra
mna ley muerta sino contra una cari-
catura viva; porque como se ha dicho
bien, «el ridíoulo es lo único que te-
men los que ya no tienen pudor ni
remordimientos.» Y en este concepto
estamos muy distantes de dar al autor
de Martin Fierro el consejo que el ar-
ticulista de la Tribuna de Montevideo.
«A Montero cuando concluyó su cua-
dro Los Funerales de AtahuaJpa le di-
jeron en Florencia y por labios muy
autorizados, que no pintara mas. No-
sotros sin ser mas que admiradores,
diríamos á Hernández, que se perpe-
túe solo con Martin Fierro.
Nosotros le diríamos por el contra-
rio, que á imitación de Mr. Laserre,
aunque su Martin Fierro fuese obliga-
do á borrar su nombre como El Diablo
Rosado de aquel, sigua su ejemplo pu-
blicando El Hijo, El Nieto y el Biznieto
de este Diablo Rosado destinado á ha-
cer que no roben al paisano, que no
lo traten como á bestia de carga, que
respeten en él al ciudadano y al her-
mano ya que no al hombre de corazón
y al valiente.
Esa es la gran misión de la poesía:
la mejora moral. Y por fijarnos solo en
el género de la poesía de «Martin Fie-
rro», esa fué la regla de su fundador,
que no lo es Ascasubi, como preten-
de el articulista de La Tribuna de
Montevideo, sino Hidalgo, según pue-
de verse por sus bellos versos en la
Lira Argentina impresa en Londres en
1824, si bien Ascasubi y Estanislao del
Campo han cultivado con ventaja al
género, lo mismo que hoy Hernández.
Si, siga haciendo cuadros como éste,
que son la pura verdad en boca de
Martin Fierro:
Y andábamos de mugrientos,
Que el mirarnos daba horror;
Les juro que era un dolor
Ver esos nombres, ipor Cristo)
En mi perra vida he visto
Una miseria mayor.
Yo no tenia ni camisa
Ni cosa que se parezca;
Mis trapos solo pa yesca
Me podían servir al fin
No hay plaga como un fortín
Para que el hombre padezca.
Poncho, jergas, el apero,
Las prenditas, los botones,
Todo, amigo, en los cantone»
Fué quedando poco á poco;
Ya me tenían medio loco
La pobreza y los ratones.
Solo una manta peluda
Era cuanto me quedaba —
La habia agenciao á la taba
Y ella me tapaba el bulto —
Yaguané que allí ganaba
No salía ni con indulta
Y pa mejor hasta el moro
Se me jué de entre las manos—*
No soy lerdo pero hermano,
Vino el Comendante un dia
Diciendo que lo queria
«Pa enseñarle á comer grano.»
¿Quién es el gancho? He aquí su re-
trato, por el que cualquiera lo reco-
noce al momento: he aauí e! formada»
SOBRE MARTIN FIERRO
XIX
bis oargo contra loa que han podido
y debido tratar á los hijos del país al
menos como á los inmigrantes.
«Él nada gana en la paz
Y es el primero en la guerra-
No le perdonan si yerra,
Que no saben perdonar,—
Porque el gaucho en esta tierra
Solo sirve pa votar.
Para él son los calabozos,
Para él las duras prisiones,
En su boca no hay razones
Aunque la razón ie sobre;
Que son campanas de palo
Las razones de los pobres.
SI uno aguanta, es gaucho bruto—
SI no aguanta, es gaucho malo —
Déle azote, déle palo!
Porque es lo que él necesitan —
De todo el que nació gaucho
Esta es la suerte maldita.
Complementan el cuadro porción de
pinceladas de mano maestra sobre la
▼ida y los sentimientos del gaucho;
por ejemplo, entre otras muchas para
las que no hay ya espacio en estas
páginas:
«Yo no tengo en el amor
§uien me venga con querellas;
orno esas aves tan bellas
9ue saltan de rama en rama —
o hago en el trébol mi cama.
Y me cubren las estrellas.
»•«
Ninguno me hable de penas
Porque yo penando vivo
Y naides se muestre altivo
Aunque en el estribo i
Que suele quedarse á pié
El gaucho mas álvertido.
Ísnta esperencia en la vida
lasta pa dar y prestar,
Quien la tiene queW
Entre sufrimiento y Tin
Porque nada ensena tanto
Como el sufrir y el llorar
Viene el hombre el ' i al mundo
Cnartiancn. i , ¡ . sp< - uiza,
Y á poco andar ya lo alcanzan
Las d á empujones;
ijué pucha! que trae liciones
El tiempo con sus mudanzas!
En resumen: tal vez Aniceto el Gallo
sienema.' laucha; Anastasio
dio mas estética para nosotros que
•nteade:; >(o; pero
Martin Fierro piensa mas como el gau-
cho, y los gauchos encontrarán siempre
que si se ha hecho pueblero y á veces
su fraseología podría dejar que desear
algo, su corazón y su espíritu están sa-
turados indeleblemente de los dolores y
de las injusticias con que la civilización
por no ser todavía bastantemente oris-
tiana, ha perseguido á la barbarie por
ser demasiado débil.
«La Biblioteca Popular» de Buenos Airea,
dirijída por el Dr. Miguel Navarro Viola.
MARTIN FIERRO
Jamás obia alguna ha alcanzado en
nues.tro país tanextraord¡ ;mla-
ridad y no menor triunfo que el que
ha aloanzado este poema del S.- D.
José Hernández, sn autor.
Los diarios de Buenos Aires, nos
hacen saber que se ha publicado la
undécima edición, enriquecida con los
variados juicios críticos que se han es-
crito por personas competentes sobre
esta obra, edición que viene ademas
adornada con varias láminas y con el
retrato de su autor, el Sr. Homar
tampoco, se habrá publicado
urí libro que á la vez que conquistaba
tanta popularidad, consiguiese desper-
tar tanto interés y simpatía, al extremo
de agotarse completamento la décima
edición que se había hecho da esa obra,
y de que la undécima que acaba de
hacerse se haya solicitado y disputado
con interés por algunas librerías de
esto solo lo que prueba
la gran popularidad é interés que ha
despertado este poema.
« .Martin Fierro» ha cruzado el Océa-
no, con su inmensa fama y populari-
dad, y alcanzado otros triunfos en Eu-
ropa, en donde se ha publicado en
varios periódicos precedido de gran-
des elogios.
Allí, como aquí también, notables
críticos se han ocupado de este poema
en que el autor tan bien ha sabido
copiar al hombre de nuestra campaña,
oajttiiP'to sus dolares y desventura*
iX
JUICIOS CRÍTICOS
como sus alegrías con tanta exactitud
Ír belleza, que es imposible dejar de
eerlo mas de una vez.
No es pues de extrañar que, con tal
popularidad, la nueva edición que aca-
ba de hacerse por la libreria < La Nue-
va Maravilla» de Buenos Aires, alcan-
ce también el mismo resultado que
los anteriores.
A lo dicho podríamos agregar, que
«1 señor Hernández, tiene ya concluida
la segunda parte de este poema, es
decir «La vuelta de Martin Fierro del
Desierto» cuya publicación debe ha-
cer en breve.
A qué decir el interés con que ha
de ser leida y buscada esta segunda
parte de «Martin Fierro»?
iLa Capital»— Rosario, Octubre 11 de 1878.
Sr. D. José Hernández.
Estimado Señor y amigo:
He leido y releído con placer la
original y preciosa historia de Martin
Fierro, con que ha tenido la bondad
de obsequiarme.
Es una bellísima obra, y lo mejor
que he visto en su género.
Su lectura, interesante por la ver-
dad de los cuadros, por la sencillez y
naturalidad de la narración, por la
ternura del sentimiento, por la propie-
dad del colorido, nada deja que desear
al lector ilustrado, ó cuyo gusto no
esté pervertido por las de las novelas
inmorales y absurdas de que está pla-
gada nuestra sociedad.
Martin Fierro, es una creación ver-
dadera, de que debe enorgullecerse la
literatura de su país, y que acaso no
será comprendida, ni estimada en lo
que vale, porque no debe su existen-
cia á un nombre inglés, francés ó yan-
kee, á unos de esos nombres de cele-
bridad acaso inmerecida, pero ruidosa,
que atestan el mundo de necedades, y
que el mundo recoje y aplaude como si
fueran bellezas reales. — Por qué esta
fatalidad? porque nadie se croe ilustra-
do si no habla de lo que no entiende, si
no aplaude lo que es desatinado y ab-
surdo, pero que tiene el raro mérito
de haber nacido muy lejos del país, y
de autor estrepitoso y extranjero.
Los yankees nos dieron á este res-
pecto un ejemplo digno de imitación,
pero que por ser bueno no imitaremos.
Tuvieron un escritor nacional, Fe-
nimore Copper, que con sus sencillas
novelas dio impulso á su naciente li-
teratura. Esas novelas, puramente lo-
cales, y destituidas de la intriga del
argumento y del brillante estilo que
caracteriza á las francesas, entre nos-
otros, hubiesen muerto; entre los yan-
kees vivieron!!
Los yankees tuvieron el buen sen-
tido de comprender su mérito, de mi-
rarlas como parte de su genio y de su
gloria, de honrarse y de enorgullecer-
se con ellas, y elevándose á la cate-
goría de bellas obras, las esparcieron
por todos los países; y hoy, Gsas no-
velas al parecer tan simples y modes-
tas ocupan un lugar distinguido en
todas las bibliotecas públicas y par-
ticulares de los dos continentes.
¿Y de qué trataban esas novelas?
precisamente de lo que trata Martin
Fierro; de la naturaleza, de la vida, del
carácter y costumbres de un pueblo
nuevo — ¿Y valen mas los cuadros de
esa naturaleza, de esa vida, de esas
costumbres trazó la pluma educada
de Fenimore Copper, en prosa, que
lo que la inculta de Martin Fierro tra-
za con tan graciosos y sencillos ver-
sos? Nó! ¿Porqué entonces esa diferen-
cia? Porque Copper nació en un país
donde se tiene orgullo en ser yankee,
y en preferir lo propio á lo ageno; y
Martin Fierro en otro, en donde se
tiene orgullo en ser necio; donde casi
es vergüenza haber nacido en él, y en
donde se desdeña lo de casa por bue-
no que sea, para tomar y aplaudir lo
ageno aunque no valga nada.
Este triste y doloroso paralelo entre
la suerte de lo nuestro y de lo ageno,
me indujo á leerlo de nuevo, temiendo
que la sorpresa de la novedad en el
primer momento hubiera exajerado mis
apreciaciones, pero estas se robustecie-
ron, y me dieron por resultado las si-
guientes, que someto al criterio de
cuantas personas sensatas lo vean.
SOBRE MARTIN FIERRO
XXI
Martin Fierro no solo es un tipo ca-
racterístico de la población semi-nó-
made de la República Argentina, ó sea
de la basa de su nacionalidad, puesto
que es la mas numerosa, que con ella
se obtuvo su independencia, con ella
as cuenta para mantenerla, y con ella
■• guardan las fronteras contra los in-
dios, motivo mas que suficiente para
que tuviera las simpatías de todas las
gentes ilustradas; sino que es también
otra cosa mas elevada — Para el vulgo,
{>ara los que no comprenden lo que
een — y entre estos hay mucha gente
de pro — solo es una historia gauches-
ca, buena euando mas para ser canta-
da en las pulperías y fogones de cam-
paña, pero indigna de ocupar por un
momento los ocios de las altas y serias
inteligencias, que con su vanidad y su
ignorancia honran y dirijen el país.
Para estas gentes, que con decir: —
«los gauchos no inventaron el vapor,
ni el telégrafo (cosas que tampoco in-
ventaron ellos), los gauchos se van» —
creen haberlo dicho todo, Martin Fie-
rro no tiene ni puede tener importan-
ña, pero para los que saben leer, para
toe que comprenden lo que leen, la
tiene y grande.
Para estos es, primero y antes que
todo un gran pensamiento humanitario,
una lección ae Gobierno administra-
tivo, que todo hombre verdaderamen-
te serio é ilustrado, debe tomar,
Martin Fierro pertenece á esa clase
desventurada que en la República Ar-
gentina ha sustituido á la negra, ex-
tinguida ya, en los trabajos y sacrifi-
cios de sangre y de vida, en beneficio
exclusivo de las mas elevadas ó mas
ambiciosas de la sociedad.
Guando hubo que pelear por la inde-
pendencia nacional, ella lo hizo, y con
su sangre la conquistó! Ya obtenida,
vinieron las guerras extrajeras y volvió
á derramarla mientras duraron. Termi-
nadas éstas, y mientras otras no vienen,
a» el guardián exclusivo de las fronte-
ras, donde diariamente se halla ábra-
los oon el hambre, la miseria y los
indios; guardando las fortunas de los
grandes hacendados, y la riqueza pú-
blica, y este es el mas penoso y te-
rrible de los tributos que paga a una
organización social, por la cual se sa-
crifica, y de la que no recibe por re-
compensa, mas que tropelías, insultos
y desprecios.
¿Hay que reforzar la guarnición de
la frontera? Se hace una arreada de
estos desgraciados, ni mas ni menos
que como en otro tiempo se hacían
las correrías de las yeguadas y gana-
dos baguales. Se les acechan como á
bestias, en las reuniones, en las carre-
ras, en los bailes, y se cae repentina»
mente sobre ellos. Los mas diestros ó
previsores, escapan; pero el mayor nú-
mero queda, y sin atender á súplicas,
ni á miramientos de razón ó de jus-
ticia, los arrancan á los brazos de sus
mujeres, de sus hijos, á sus pocos bie-
nes que quedan perdidos, y reunión-
dolos á otros tomados del mismo modo,
los llevan á las fronteras.
Es preciosísima la descripción que
hace de la cacería en que lo agarra-
ron y de la que solo daremos come
muestra, la 1*, 2a y 6* estrofas:
Cantando estaba una vez
En una gran diversión;
Y aprovechó la ocasión
Como quizo el Juez de Paz.—
Se presentó, y ahí no mas
Hizo una arriada en montón.
Juyeron los mas matreros
Y lograron escapar—
Yo no quise disparar —
Soy manso— y no habia por qué—
Muy tranquilo me quedé
Y ansí me dejé agarrar.
Formaron un contingente
Con los que en el baile arriaron —
Con otros nos mesturaron
Que habian agarrao también —
Las cosas que aqui se ven
Ni los diablos las pensaron.
¿Es razonable, es digno este modo
modo de proceder?
¿Hay equidad, hay justicia en hacer
pesar exclusivamentes sobre estos des-
venturados, un servicio que debia pesar
igualmente sobre todos los ciudadanos
ó que mejor aun, debia ser heeho por
tropas de línea?
¿Hay equidad, hay justicia, en tener-
los indefinidamente en la frontera, don-
de ouando no mueren, ó huyen, se en-
vejecen, mientras sus familias se di-
XXT1
JUICIOS CRÍTICOS
suelven, y sus pocos bienes se pierden?
hay dignidad, hay justicia, en tenerlos
sin paga y hambrientos en desiertos in-
hospitalarios, donde el sol los abrasa,
el frió los hiela y el indio los diezma?
Pero, ¿es solo esto lo que sufre el
pobre paisano? Nó! hay algo que es mu-
cho peor, y es el trato bárbaro, inhu-
mano que reciben de su gefes, de los
axiales son, no soldados, sino esclavos.
Y qué Indios — ni qué servicio
Si allí no habia cuartel-
Nos mandaba el Coronel
A trabajaren su chacras,
Y dejábamos las vacas
Que las llevara el Infiel.
Yo primero sembré trigo
Y después hice un corral,
Corté adobe pa un tapial
Hice un quincho, corté paja—
La pucha que se trabaja
Sin que le larguen ni un rial.
Y es ¡o pior ae aquel enneao
Que si uno anda hinchando el ¡orno
Se le apean como plomo...
iQuíen aguanta aque! infierno!
Pero aun hay mas, y es quej ocu-
pándolos en estos trabajos, ni los ar-
man, ni los instruyen, ni los disciplinan,
de modo que cuando los bárbaros lle-
gan, se encuentran tan nulos y tan
incapaces de medirse con ellos, como
lo estaban al dejar sus familias, lo cual
explica, esas continuas y sangrientas
derrotas.
¿Es digno de un pueblo culto, es
honroso para un gobierno que se dice
ilustrado, que esto suceda?
Y no hay que decir que el pueblo y
el Gobierno lo ignoran, pues hasta loa
ciegos y sordos lo saben. ¿Por qué
Bucede, pues? porque el pueblo culto su-
mergido en la molicie y los goces, mira
con apatia, con culpable indiferencia
las lagrimas y los sufrimientos que
corren y se padecen en lo que llaman
fango de la sociedad; y á los que go-
biernan, les es corto el tiempo para
las exigencias de la fortuna y de la
vanidad. ¡Los Presidentes, los Minis-
tros, ocuparse de los dolores, de los
infortunios de tales gentes! seria as-
queroso; indigno de su carácter y de
«u ilustración!
Martin Fierro al contar sus desdi-
chas, las tropelías é injusticias de que.
es viotima, y que lo arrojan á la va-
gancia y al crimen, cuenta las de to-
da su raza, y las cuenta de un modo
que las hace ver y palpar.
Tuve en mi pago en un tiempo
Hijos, hacienda y mujer,
Pero empecé á padecer
Me echaron á la frontera,
lY que iba á hallar al volver?
Tan solo hallé la tapera.
Aparcero! si usté viera
Lo que se llama cantón. ....
Ni envidia tengo al ratón
En aquella ratonera —
De los pobres que allí habla
A ninguno lo largaron.
Los mas viejos resongaron
Pero á uno que se quejó,
En seguida'lo estaquisroo
Y ía cosa se acabó.
En la lista de la tarde
El Gefe nos cantó el punto,
Diciendo: «quinientos juntos
«Llevará el que se resierte,
«Lo haremos pitar del juerte
«Mas bien dése por dijunto».
Y qué Indios— ni qué servicio,
Alli no habia ni Cuartel-
Nos mandaba el Coronel
A trabajar en sus chacras
Y dejábamos las vacas
Que las llevara el Infiel.
Vo primero sembré trigo
Y después hice un corral.
Corté adobe pa un tapial,
Hice un quincho, corté paja..-.
La pucha que se trabaja
Sin que le larguen ni un rial.
Y es lo pior de aquel enriedo
Que si uno anda hinchando el tome
Se le apean como un plomo..—
iQuien aguanta aquel infierno!
Y andábamos de mugrientos
Que el mirarnos daba horror;
Les juro que era un dolor
Ver esos nombres, por Cristal
En mi perra vida he visto
Una miseria mayor.
Yo no tenia camisa
Ni cosa que se parezca;
Mis tramos solo oa vezca
«OBRE MARTIN FIERRO
XXIII
Me podían servir al fin.....
No hay plaga como un fortín
Para que el hombre padezca.
Poncho, jergas, el apero,
Las prenditas, los botones,
Todo, amigo, en los cantones
{ué quedando poco a poco,
'a me tenían medio loco
La pobreza y los ratones.
Solo una manta peluda
Era cuanto me quedaba,
La había agenciao a la taba
Y ella me tapaba el bulto —
Yaguané que alli ganaba
No salia ni con indulto.
Y pa mejor hasta el moro
Se me jué de entre las manos-
No soy lerdo pero hermano
Vino el comendante un dia
Diciendo que lo quería
«Pa enseñarle á comer grano».
Afigúrese cualquiera
La suerte de este sn amigo,
A pié y mostrando el umbligo,
Estropiao, pobre y desnudo,
Ni por castigo se pudo
Hacerse mas mal conmigo.
Ansí pasaron los meses
Y vino el año siguiente,
Y las cosas igualmente
Siguieron del mesmo modo-
Entre cuatro bayonetas
Me tendieron en el suelo-
Vino el mayor medio en pedo
Y allí se puso á gritar,
«Picaro, te he de enseñar
«A andar reclamando sueldos».
De las manos y las patas
Me ataron cuatro cinchones—
Les aguanté los tirones
Sin que ni un ay! se me oyera.
Martin Fierro nos cuenta en estos ver-
sos con nn candor, con nna verdad ad-
mirables, «1 origen y desarrollo desús
desdichas, la causa primera y única de
su vagancia y sus delitos.
Tenia rancho, hacienda, mujer, hijos,
y era feliz. — La autoridad lo arranca de
sn hogar, lo arrebata á sus afecciones,
lo lleva á la frontera, al desierto, al frió,
* los tormentos, á los peligros, para que
oon su valor y su sangre defienda la
•ociidad, siempre agredida, ó amena-
zada por los indios.
Lo llevan prometiéndole alimentos,
ropa, paga, y libertad á los seis meses
de servicio. — En vez de alimento, en-
cuentra hambre; en vez de ropa desnu-
dez y frío; en vez de paga, palos y esta-
queadas; y en vez de seis meses, se pasan
mas de seis años sin que se piense de-
volverlo á su familia.
Desesperado oon su esclavitud y su
miseria, huye de una tiranía insoporta-
ble, de un servicio que habia ultrapasa-
do los limites del deber y de la justicia,
y vuela á su rancho, á los brazos de su
mujer y de sus hijos. Parte el corazón
el relato de lo que encuentra.
Volvía al cabo de tres años
De tanto sufrir al ñudo,
Resertor, pobre y desnudo —
A procurar suerte nueva—
Y lo mesmo que el peludo
Enderecé pa mi cueva
No hallé ni rastro del rancho-
Solo estaba la tapera!
Por Cristo, si aquello era
Pa enlutar el corazón —
Yo juré en esa ocasión
Ser mas malo que una fieral
(Quién no sentirá lo mesmo
Cuando ansi padece tanto!
Puedo asigurar que el llanto
Como una mujer largué—
Ay! mi Dios— si me quedé
Mas triste que Jueves Santo.
Solo se oiban los aullidos
De un gato que se salvó.
El pobre se guareció
Cerca, en una viscachera-
Venía como si supiera
Que estaba de güelta yo.
Al dirme dejé la hacienda
Que era todito mi haber —
Pronto debíamos volver
n el juez prometía,
Y . ista entonces cuidaría
D^ los bienes, la mujer.
Después me contó un vecino
Que el campo se lo pidieron—
La hacienda se la vendieron
En pago de arrendamientos,
Y qué sé yo, cuantos cuentos,
Pero todo lo fundieron.
Los pobrecitos muchachos
Entre tantas afliciones
Se conchavaron de piones
¡Mas qué iban a trabajar,
Si eran como los pichones
Sin acabar de emplumarl
XXIV
JUICIOS CRÍTICOS
Por ahí andarán sufriendo
De nuestra suerte el rigor:
Me han contado que el mayor
Nunca dejaba á su hermano —
Puede ser que algún cristiano •
Los recoja por favor.
Y la pobre mi mujer
Dios sabe cuanto sufrió!
Me dicen que se voló
Con no sé qué gavilán—
Sin duda á buscar el pan
Que no podia darle yo.
No es raro que á uno le falte
Lo que á algún otro le sobre —
Si no le quedó ni un robre
Sino de hijos un enjambre,
Qué mas iba a hacer la pobre
Para no morirse de hambre!
¡Tal vez no te vuelva a ver,
Prenda de mi corazón!
Dios te dé su protecion
Ya que no me la dio a mi —
Y á mis hijos dende aqui
Les echo mi bendición.
Como hijitos de la cuna
Andarán por ahi sin madre—
Ya se quedaron sin padre
Y ansi la suerte los deja,
Sin naides que los proteja
Y sin perro que les ladre.
Los pobrecitos tal vez
No tengan ande abrigarse,
Ni ramada ande ganarse,
Ni rincón ande meterse,
Ni camisa qué ponerse,
Ni poncho con qué taparse.
Tal vez los verán sufrir
Sin tenerles compasión —
Puede que alguna ocasión
Aunque los Vean tiritando,
Los echen de algún jogon
Pa que no estén estorbando.
Estos versos tan naturales, tan sen-
tidos, que parecen escritos con lágri-
mas; estas quejas tan tiernas, tan pa-
téticas, y que harían llorar a^las pie-
dras, si las tuvieran: ¿no dicen nada al
oorazon ni á la inteligencia de las gen-
tes que se llaman ilustradas, de los hom-
bres que gobiernan y hacen las leyes?
¿No conmoverán a los que tienen el
poder y el deber de poner término a
tales atrocidades, á tales sufrimientos?
Probablemente nó, porque Martin Fie-
rro es un bárbaro, un gaucho que se vá.
— ¿Qué importa entonces que haya
naoiao en el pais, que haya derramado
su sangre defendiéndolo contra los ex-
tranjeros ó los indios, que la haya de-
rramado en las contiendas civiles en
defensa de su gobierno, de libertades y
leyes, de quo gozarán otros, pero de
que él, jamás gozará? ¿quién es él [¡ara
interrumpir con sus pena- los placeres
y el sociego de un hombre ilustrado,
de un hombre del poder? ¿qué importa
su llanto sus desgracias, si la sociedad,
si los gobiernos están á demasiada al-
tura para fijarse en los dolores, en los
infortunios que yacen a sus pies?
Martin Fierro busca á su mujer, á
sus hijos y no los encuentra. Duran-
te su ausencia, la hacienda que habia
dejado fué disipada por los acreedores
y la autoridad; la mujer y los hijos,
desnudos y hambrientos, se dispersa-
ron, y el lugar donde tres años antes
existia una familia feliz, solo tiene por
recuerdos una tapera arruinada y loa
maullidos de un gato!
¡Cuánto sentimiento, cuánto color,
cuánta poesía!
Pero la medida de sus infortunio»
no estaba aún colmada; era desertor,
se vé perseguido como vago y tiene
que huir.
De carta de mas me via
Sin saber á donde dirme;
Mas dijeron que era vago
Y entraron á perseguirme.
Nunca se achican los males,
Van poco á poco creciendo,
Y ansina me Vide pronto
Obligado á andar juyendo.
Sin familia, sin bienes, sin hogar, y
perseguido como vago, halla refugio
en la pulpería y el pajonal; se hace
nómade y camorrista, frecuenta las mi-
longas, y pelea y mata, porque destrui-
dos los lazos que lo unían á la sociedad,
su miseria, la persecución que se le
hace, y el continuo peligro en que se
encuentra, han borrado de su mente
toda idea de sociabilidad, y despertado
en él los instintos del desierto, la so-
ledad, la independencia y el desprecio
de la vida propia, como de la agena.
Tales son las consecuencias que un
detestable sistema de Gobierno y do
administración produce en las provin-
cias argentinas del Oeste del Plata, y
por eso dijimos, que Martin Fierro
era antes que todo «una lección mo—
SOBRE MARTIN FIERRO
XXV
ral de Gobierno administrativo.» — Pón-
gase termino á ese insufrible desorden,
oámbiese ese cruel y vergonzoso siste-
ma, y centenares de infelices dejaran de
ir á engrosar las hordas salvajes lle-
vándoles el contingente de su valor y
desesperación.
Pero ¿Martin Fierro es solo un pen-
samiento humanitario, una- lección mo-
ral de Gobierno administrativo, bella-
mente dada bajo las quejas del dolor,
bajo los acentos del infortunio? No!
Martin Fierro es también la personifi-
cación de su raza, la mas perfecta que
hasta ahora se ha conocido, y que pro-
bablemente no tendrá superior, y en
este concepto es un monumento típico
que honra la literatura argentina.
i Martin Fierro no es un gaucho sa-
bio, un gaucho apócrifo, de esos que
nos marean con sus gracejos vulgares
y con la crítica que hacen de una so-
ciedad que no conocen — Martin Fierro
as un gaucho legítimo, que solo ha-
bía, pero bien, de lo que entiende, y
fOe contándonos su historia, nos hace
f»r y comprender esos hombres tan
numerosos, tan esparcidos en la base
da la sociedad argentina, de quienes
todo el mundo habla, pero que muy
pocos conocen.
Hijo legítimo de las llanuras, nacido
sobre el caballo, criado al aire libre,
tiene en alto grado todas las calidades
y todos los instintos del hombre de la
naturaleza; 'es jinete, pastor, soldado,
posta y nómade; asi sus cuadros son
animados y tienen el colorido y la ex-
presión de la verdad.
Jinete, recuerda con fnego y con
hilo las escenas del domador.
Y allí el gaucho inteligente
En cuanto el potro enriendó,
Los cueros le acomodó
Y be le sentó enseguida.
Que el hombre muestra en la Vida
La astucia que Dios le dio.
Y en las playas corcobiando
Pedazos se hacía el sotreta
Mientras él por las paletas
Le jugaba las lloronas,
Y al ruido de las caronas
Salía haciendo gambetas.
Ahí tiempos!... si era un orgullo
Ver ginetear un paisano—
Cuando era gaucho baquiano
Aunque el potro se boliase
No habia uno que no parase
Con el cabresto en la mano.
Pastor, pinta con igual animación
la vida á la vez sosegada y activa de
la estancia, sus trabajos y sus goces.
Y apenas la madrugada
Empezaba á colorar,
Los pájaros á cantar,
Y las gallinas á apiarse,
Era cosa de largarse
Cada cual á trabajar.
Este se ata las espuelas,
■ Se sale el otro cantando,
Uno busca un pellón blando,
Este un lazo, otro un rebenque,
Y los pingos relinchando
Los llaman dende el palenque.
Y mientras domaban unos;
Otros al campo salían,
Y la hacienda recogían,
Las manadas repuntaban,
Y ansí sin -sentir pasaban,
Entretenidos el día.
Y verlos al cair la noche
En la cocina riunidos,
Con el juego bien prendido
Y mil cosas qué contar,
Platicar muy divertidos
Hasta después de cenar.
Y con el buche bien lleno
Era cosa superior
Irse en brazos del amor
A dormir como la gente;
Pa empezar al dia siguienfa
Las fainas del dia anterior.
Ricuerdo: ¡Qué maravillan
Como andaba la gauchada
Siempre alegre y bien montad*
Y dispuesta pa el trabajo...-
Pero hoy en el día barajo!
No se le vé de aporriada.
El gaucho mas infeliz
Tenia tropilla de un pelo,
No le faltaba un consuelo
Y andaba la gente lista
Tendiendo al campo la vista.
Solo via hacienda y cielo.
Cuando llegaban las yerras,
¡Cosa que daba calor!
Tanto gaucho pialador
Y tironiador sin yel—
Ah! tiempo! pero si en él,
Se ha visto tanto primor.
Aquello no era trabajo,
Mas bien era una junción,
Y después de un güen tirón
ÜV1
JUICIOS UJUTICOS
En que uno se daba mana,
Pa darle un trago de caña
Solía ¡¡amarlo el patrón.
Soldado, describe al natural los ata- ,
lúes y entreveros con los indios, con
ana verdad y colorido sin rival.
Se Vinieron en tropel
Haciendo temblar la tierra
No soy manco pa la guerra
Pero tuve mi jabón,
Pues iba en un redomón
Que habia boliao en la sierra.
Qué vocerío! qué barullo!
Qué apurar esa carrera! »
La indiada todita entera
Dando alaridos cargó—
Jué pucha y ya nos sacó
Como yeguada matrera.
Qué fletes traiban los bárbaros!
Como una luz de lijeros—
Hicieron el entrevero
Y en aquella mescolanza,
Este quiero, este no quiero.
Nos escojian con la lanza.
Al que le dan un chuzazo,
Dificultoso es que sane,
En fin, para no echar panes.
Salimos por esas lomas,
Lo mesmo que las palomas,
Al juir de los gavilanes.
Es de almirar la destreza
Con que la lanza manejanl
De perseguir nunca dejan—
Y nos traiban apretaos,
Si queríamos de apuraos
Salimos por las orejas.
Y pa mejor de la fiesta
En ésta aflicion tan ¿¡urna,
Vino un Indio echando espuma,
Y con la lanza en la mano
Gritando «Acabau .cristiano
Metau el lanza hasta e! pluma.»
Tendido en el costillar
Cimbrando por sobre el brazo
Una lanza como un lazo
Me atropello dando gritos —
Si me descuido el maldito
Me levanta de un lanzazo.
Si me atribulo, ó me encojo
Siguro que no me escapo:
Siempre he sido medio guapo
Pero en aquella ocasión,
Me hacia buya el corazón
Como la garganta al sapo.
Dios le perdone al salvaje
Las ganas que me tenia...»
Desaté las tres marías
Y lo engatusé á cabriolas-*.
Pucha»... si no traigo bolas
Me achura el Indio ese dia.
Poeta es incorreoto y verboso, pero
claro, verdadero y expresivo. — Su nar-
ración esmaltada y embellecida por las
metáforas ó imájenes que emplea, es
unas veces indolente y perezosa, anima-
da y rápida otras; pero siempre sen-
cilla, siempre verdadera, siempre me-
lancólica.
Su vena, abundante, fácil y grata,
es inagotable; como él mismo lo dice, —
«las coplas le brotan como agua de
manantial.»
Aqui me pongo á cantar
Al compás de la Vigüela.
Que el hombre que lo desvela
Una pena estraordinaria,
Como la ave solitaria
Con el cantar se consuela.
Pido á los Santos del Cielo
Que ayuden mi pensamiento,
Les pido en este momento
Que voy á cantar mí historia
Me refresquen la memoria
Y aclaren mi entendimiento.
Vengan Santos milagrosos,
Vengan todos en mi ayuda,
Que la lengua se me anuda
Y se me turba la vista;
Pido á mi Dios que me asista
En una ocasión tan ruda.
Cantando me he de morir,
Cantando me han de enterrar,
Y cantando he de llegar
Al pié del Eterno Padre—
Dende el vientre de mi madre
Vine á este mundo á cantar.
Que no se trabe mi lengua
Ni me falte la palabra—
El cantar mi gloria labra
Y poniéndome á cantar,
Cantando me han de encontrar
Aunque la tierra se abra.
Me siento en el plan de un bajo
A cantar un argumento —
Como si soplara un viento
Hago tiritar los pastos—
Con oros, copas y bastos
Juega allí mi pensamiento.
Yo no soy cantor letrao,
Mas si me pongo á cantar
No tengo cuando acabar
Y me envejezco cantando,
Las coplas me Van brotando
Como agua de manantial»
SOBRE MARTIN FIERRO
xxvn
Con la guitarra en !a mano
Ni las moscas se me arriman,
Naides me pone el pié encima,
Y cuando el pecho se entona,
Hago gemir á la prima
Y llorar á la bordona.
No puede darse nada más acabado
oomo prueba de abundancia y de fa-
cilidad.
Cuando describe, pinta, y sus cua-
dros son vivos y animados como la
naturaleza misma.
Yo he conocido esta tierra
En que el paisano vivía
Y su ranchito tenia
Y sus hijos y mujer..~.
Era una delicia el ver
Cómo pasaba sus dias.
Entonces.... cuando el lucero
Brillaba en el cielo santo,
Y lo* gallos cor su canto
Ños decían que e) día llegaba,
A la cocina rumbiaba
El gaucho que era un encanto.
Y sentao junto al jogon
A esperar que venga el día,
Al cimarrón le prendía
Hasta ponerse rechoncho
Mientras su china dormía
Tapadita con su poncho.
Venia la carne con cuero,
La sabrosa carbonada.
Mazamorra bien pisada
Los pasteles y el güen vino...-
Pero ha querido el destino,
Que todo aquello acabara.
No me faltaba una guasca
Esa ocasión eché el resto:
Bozal, maniador cabresto,
Lazo, bolas y manea
¡El que hoy tan pobre me vea
Talvez no crerá todo esto!!
Todo esto es bellísimo; pensamiento,
descripción, versificación. El recuerdo
del tiempo pasado, la madrugada, la
comilona, y el candoso recuerdo de
las guascas que constituían sus rique-
zas, son preciosidades que enternecen,
que encantan y trasportan al leotorá
la estancia, al rancho, á la yerra, á
todas esas escenas sencillas y tocante»
que hac<?n la felicidad del paisano y
su familia — felicidad real porque está
en la naturaleza y que solo Martin
Fierro ha sabido pintar con sus ver-
daderos colores.
Por lo que á mí hace, puedo decir
que no he visto en las mejores dee-
cripoiones de Walter Scott y de Fe-
nimore Cooper, nada que iguale 4 la
sencillez, naturalidad y belleza de ésta».
Tiene todavía en este género, y en-
tre un cúmulo de bellezas en que ea
difícil elegir, un cuadro sin rival, en
que competen la grandeza de la es-
cena, con la grandeza del terror, en
que todo es bello, todo es tremendo;
tremendo el espanto, tremendo el pa-
vor que inspira. Este cuadro ea «1
malón del Indio.
Allí, si, se ven desgracias
Y lágrimas, y afliciones,
Naide le pida perdones
Al Indio— pues donde entra
Roba y mata cuanto encuentra
Y quema las poblaciones.
No salvan de su jtiror
Ni los pobres angelitos;
Viejos, mozos y chiquitos
Los mata del mesmo modo —
Que el Indio lo arregla todo
Con la lanza y con los gritos.
Tiemblan las carnes al verlo
Volando al viento la cerda-
La rienda en la mano izquierda
Y la lanza en la derecha-
Ande enderieza abre brecha
Pues no hay lanzazo que pierda.
¿Y qué decir de la última estrofa?
¿Quién no vé con espanto ente su»
ojos al indio feroz y bárbaro, sedien-
to de sangre, ávido de destrucción y
carnicería; desnudo, desmelenado y
terrible, lanza en ristre hiriendo y
matando con furor cuanto encueatra,
viejos, mujeres y niños?
Tiemblan las carnes al verlo
Volando al viento la cerda-
La rienda en la mano izquierda
Y la lanza en la derecha-
Ande enderieza abre brecha
Pues no hay lanzazo que pierda.
2LXVJL11
JUICIOS CRÍTICOS
Esto es soberbio, magnífico, y hasta
la versificación por su vigor, su rapi-
iez, y su pavorosa eufonía, es grande y
ügna de la pintura que traza. En nin-
gún idioma puede hacerse nada mejor.
El sentimiento que en todo el canto
wbosa, es dulce hasta lo tierno; pene-
trante hasta el dolor.
De este último hemos dado ya una
■uestra al describir su llegada á su
rancho.
Puedo asigurar que el llanto
Como una mujer largué
Ay mi Dios! si me quedé
Mas triste que Jueves Santo.
Hé aquí ahora algunos del primero
fle ese sentimiento dulce, .preñado de
tierna melancolía que brota del alma,
f onyos acentos quejumbrosos y resig-
■ados, salen lentos y pesarosos como
pulsaciones de un corazón dolorido.
Y atiendan la relación
Que hace un gaucho perseguido,
Que padre y marido ha sido
Empeñoso ydeligente,
Y sin embargo la gente
Lo tiene por un bandido.
sr.
Íunte esperiencia en la vida
lasta para dar y prestar,
Quien la tiene que pasar
Entre sufrimiento y llanto;
Porque nada enseña tanto
Como el sufrir y llorar.
Tuve en mi pago en un tiempo
Hijos, hacienda y mujer,
Pero empecé á padecer,
Me echaron á la frontera,
¡Y qué iba á hallar al Volver!
Tan solo hallé la tapera.
Sosegao Vivía en mi rancho
Como el pájaro en su nido—
Alli mis hijos queridos
Iban creciendo á mi lao...„
Solo queda al degraciao
Lamentar el bien perdido.
No tiene hijos, ni mujer,
Ni amigos ni protectores,
Pues todos son sus señores
Sin que ninguno lo ampare.
Su casa es el pajonal,
Su guarida es el desierto;
Y si de hambre medio muerto
Le echa el lazo á algún mamón,
Lo persiguen como á plaito
Porque es un gaucho ladrón.
Y si de un golpe por ay
Lo dan güelta panza arriba.
No hay un alma compasiva
Que le rece una oración—
Tal Vez como cimarrón
En una cueva lo tiran.
Para él son los calabozos
Para él las duras prisiones—
En su boca no hay razones
Aunque la razón le sobre,
Que son campanas de palo
Las razones de los pobres.
Si uno aguanta, es gaucho bruto —
Si no aguanta es gaucho malo —
Déle azote! déle palo!
Porque es lo que él necesita!!
De todo el que nació gaucho—
Esta es la suerte maldita.
Y en esa hora de la tarde
En que tuito se adormece
Que el mundo dentrar parece
A vivir en pura calma
Con las tristezas del alma
Al pajonal enderieze.
Bala el tierno corderito
Al lao de la blanca oveja;
Y á la vaca que se aleja
Llama el ternero amarrao—
Pero el gaucho desgraciao
No tiene á quien dar su queja.
Esta es la verdadera poesía, la poesía
del dolor y del alma. ¡Cuantos volúme-
nes de necedades brillantes contienen
las Bibliotecas, cuyo jugo esprimido, no
vale el pensamiento y la ternura de
estos pocos versos!
La vida nómade que emprende res-
pira la poesía animosa, elevada y me-
lancólica del desierto. El aislamiento,
el espacio y el silencio lo inspiran, y
canta la Noche, la Soledad y el Peligro:
Y al campo me iba sólito
Mas matrero que el venao—
Como perro abandonao
A buscar una tapera,
O en alguna vizcachera
Pasar la noche tirao
SOtíKK J51AKT1JN ¿IIÍKKÜ
Sin punto ni rumbo fijo
En aquella inmensidá
Entre tanta oscuridá
Anda el gaucho como duende,
Allí jamás lo sorprende
Dormido, la autoridá.
Su esperanza es el coraje,
Su guardia es la precaución
Su pingo es la salvación,
Y pasa uno en su desvelo,
Sin mas amparo que el cielo
Ni otro amigo que el facón.
Ansi me hallaba una noche
Contemplando las estrellas
Que le parecen mas bellas
Cuanto uno es mas desgraciao,
Y que Dios las aiga criao
Para consolarse en ellas.
Les tiene el hombre cariño
Y siempre con alearía
Ve salir las tres marias
Que si llueve, cuando escampa
Las estrellas son la guía
^ue el gaucho tiene en la pampa.
ncontraba como digo,
En aquella soledá
Entro tanta oscuridá
Echando al viento mis quejas
Cuando el grito del chajá
Me hizo parar las orejas.
Como lumbriz me pegué
AI suelo para escuchar,
Pronto sentí retumbar
Las pisadas de los fletes,
Y que eran muchos ginetes
Conocí sin vacilar.
Me refalé las espuelas
Para no peliar con grillos,
Me arremangué el calzoncillo,
Y me ajusté bien la faja
Y en una mata de paja.
Probé el filo del cuchillo.
Para tenerlo á la mano
El flete en el pasto até,
La cincha le acomodé,
Y en un trance como aquel.
Haciendo espaldas en él
Quietito los aguardé.
Cuando cerca los sentí
Y que ay no mas se pararon
Los pelos se me herizaron;
Y aunque nada vian mis ojos,
tNo se han de morir de antojo»
Les dije cuando llegaron.
En la refriega que tuvo con la Poli-
cía, fué socorrido por Cruz, otro gau-
cho desgraciado y perseguido como él,
y como él valiente y poeta. Se hacen
amigos; Cruz le cuenta su historia que
es la misma de Fierro y de todos loa
gauchos; y al hablarle de su querida, le
hace con una pasión y un sentimiento
que honrándolo á él, honra y ennobleoa
á la mujer de campaña.
Yo también tuve una pilcha
Que me enllenó el corazón—
Y si en aquella ocasión
Alguien me hubiera buseao—
ro que me había hallao
Mas prendido que un botón.
Quién es de un alma tan .dura
Que no quiera una mujerl
Lo aüvia en su padecer:
Si no sale calavera.
Es la mejor compañera
Que el hombre puede tener.
Si es güeña, no lo abandona
Cuando lo Vé desgraciao,
Lo asiste con su cuidao
Y con afán cariñoso
Y usté tal Vez ni un rebozo
Ni una pollera le ha dao.
¡Cuan noble y hermoso e¡- este retra-
to de la mujer americana, única que sin
interés adhiere y sacrifica por el hom-
bre que ama.
Y usté tal vez ni un rebozo
Ni una pollera le ha dao.
Hó aquí la mujer tal como la hizo 1*
naturaleza, y tal como es todavía ea
nuestros campos. Lástima que no pue-
da decirse otro tanto de todas las delta
ciudades, donde estos ejemplos son ya
bastante raros.
Cruz y Fierro unidos por la amistad
y recíproco interés, abandonan sus pa-
gos, y se van á los indios — Nada maa
natural que este pensamiento y el modo
de ejecutarlo — Los proyectos, el racio-
cinio, y el lenguaje se sostienen hasta
el fin con la misma entonación, con el
mismo interés con que empezó lahia-
toria.
Véase la oonclucion que queda este*
reotipada eu la mente del lector.
XXX
JUICIOS CEITICOS
Si hemos de salvar 6 nó —
De esto naide nos responde,
Derecho ande el sol se esconde
Tierra adentro hay que tirar,
Algún dia hemos de llegar....
Después sabremos á donde.
No hemos de perder el nimbo
Los dos somos güeña yunta —
El que es gaucho va ande apunta,
Aunque inore ande se encuentra;
Pa el lao en que el sol se dentra
Dueblan los pasos la punta.
Allá habrá seguridá
Ya que aquí no la tenemos,
Menos males pasaremos '
Y ha ie haber grande alegría.
El día que nos descolguemos
En alguna toldería.
Fabricaremos un toldo
Como lo hacen tantos otros,
Con unos cueros de potro
Que sea sala y sea cocina,
¡Tal vez no falte una china
Que se apiade de nosotrosl
El que maneja las bolas,
El que sabe echar un pial,
Y sentársele á un bagual
Sin miedo de que lo baje,
Entre los mesmos salvajes
No puede pasarlo mal.
Cruz y Fierro de una estancia
Una tropilla se arriaron —
Por delante se la echaron
Como criollos entendidos,
Y pronto sin ser sentidos
Por la frontera cruzaron.
Y cuando la habian pasao,
Una madrugada clara
Le dijo Cruz que mirara
Las últimas poblaciones
Y á Fierro dos lagrimones
Le rodaron por la cara.
Las citas oasi igualarían al texto, si
kubieran de citarse todas sus bellezas;
pero sobra con lo Lecho para formarse
una idea de la obra.
Habrá gente, sin embargo, para quie-
nes las bellezas del pensamiento y da
poesía de que está profusamente sem-
brada, no serán tales bellezas, por la
razón soberanamente estúpida de que el
estilo y el lenguaje, sean gauchescos;
eomo si bajo todas las lenguas y estilos
no pudieran manifestarse con propie-
dad y elevación los sentimientos del
alma, los quejidos del dolor, los en-
cantos de la poesía.
Para tales gentes valdrá mas un mi-
llar de embustes de sandeces y absurdos
referentes á pueblos y costumbres qn»
no conocen ni les interesan, pero que
estén penosamente bruñidos con el li-
mado y violento estilo de Víctor Hugo,
con el esmerado y florido de Lamarti-
ne, 6 el festivo de Dumas, q:e la ver-
dad animada de estos cuadros, en que
todo es real, vivo, interesante y bello.
A tales gentes es preciso comprenderlas.
Concluiremos repitiendo, que como
pensamiento poético, y como ejecución,
es lo mejor que hemos visto en su gé-
nero; y creemos muy difícil, por no
decir imposible que pueda superarse.
Tengo pues la satisfacción íntima de
felicitarlo por una creación que hace
tanto honor á su corazón como á su
talento; que honra altamente á la li-
teratura de su país; que conservará
para siempre ese tipo característico,
cuyo original está próximo á desapa-
recer, pero que no morirá mientras
haya imprentas para reproducirlo, y
que puede gloriarse con razón de ha-
ber eternizado.
Esperando que nuevas obras de su
pluma me proporcionen solaces agra-
dables como los que esta me ha dado
quedo —
Suyo servidor y amigo.
Juan María Torres.
Montevideo, su casa, Febrero 18 de 1874.
Vamos á publicar enseguida una
carta del misn¡o Sr. Torres rehusando
su aprobación al título de Juicio Crí-
tico con que encabezamos su trabajo,
y que él encuentra demasiado preten-
sioso, limitándose á darlo modestamea-,
t» ^ *» Apags'-TuaOTí».
SOBRE MARTIN FIERRO
XXXI
Nos permitiremos antes de hacerlo,
decir dos palabras muy breves al res-
pecto.
Como observa con muchísima pro-
piedad el Sr. Torres, no siendo Martin
Fierro una obra de arte, no pueden
aplicárselo sus reglas, y hacer á su res-
pecto un juicio crítico literario.
Pero sus Apreciaciones han seguido
otro rumbo, y han ido por consiguien-
te mas allá, penetrando profunda1
te en la índole y la intención di li-
bro que ex<< minaba; ha descubierto en
él, con espíritu sagaz y fina observa-
ción, el sentimiento que comunica vida
y nv o á cada uno de los cua-
mismo acaba de poner en
relieve con tan exquisito pulso, y con
observaciones de tal carácter y de tan-
to alcance; que lo que él llama mo-
destamente apreciaciones, no es nada
Bienes .-iuo Un JUICIO FILOSÓFICO SOCIAL,
en que se ven mezcladas á cada paso,
observaciones de uu orden grave y
elevado, con reflexiones sugeridas por
una serena cuanta profunda moralidad,
y animado todo él por un sentimien-
to tívo y delicado de la belleza y de
la i
El Sr. Torres le ha abierto á Mar-
tin Fierro, puertas donde sus formas
incultas, no le daban el derecho de
sol i ■ ada.
te á la críti-
ca literaria. —Es el tipo de una raza.
:ijo de la naturaleza, como el
Sr. Torres lo ba Humado; es el cantor
del Desierto.
No tiene maestro, ni otra escuela
que la
"ie otra i on que la de
sus propios afe< !os ecos que
¡n de su alma, traspor-
tes de ;|e 8U
ontáneos,
es agre: i es real
>r. — Es
.V ho ha ■ maso
mas
el
objeto que emitir las breves observa-
ciones que hemos consignado en ellas,
nos complacemos en publicar su car-
ta, á la cual hemos hecho referencia.
Es la siguiente:
Señor D. José Hernández.
Su casa, Febrero 23 de 1873.
Estimado señor y amigo:
He visto en La Patria que se dá
el título de Juicio crítico á las Apbk-
ciaciones que hice de su bella obra,
Martin Fierro.
Permítame mi amigo, que rehuse
mi aprobación á un título de tan pre-
tensioso pues no tiene base desde quo
esa obra por la especialidad de 6U ca-
rácter, no está ni puede estar sujeta
á la crítica literaria.
Para que Martin Fierro pudiera ser
objeto de crítica, era preciso que fue-
ra una obra de arte, sujeta á sus re-
glas y por consiguiente á su aplica-
ción— no siéndolo — no pueden aplicár-
sele, luego no puede hacerse un juicio
crítico sobre ella.
Martin Fierro es un gaucho verda-
dero, lejítimo, hijo puro de la natu-
raleza, que no sabe lo que es arto y
ni aun conoce los elementos del idio-
ma que habla; es ol cantor inspirado
del 1 1 que arroja al aire torren-
tes de poesía inculta, pero hermosa
como la calandria ó el gilguero, sus
trinos y gorjeos.
No pueden, pues, aplicársele los pre-
ceptos de un arte que no conoce, ni
de una gramática que no ha estudia-
do. Lo mas que puede hacerse con él,
es lo que yo hice, saborear sus belle-
ir mas allá seria una pretensión
absurda. Y es esto precisamente lo
que constituye su mérito, pues acaso
tiene mas valor real, y mas bellezas
poéticas bajo el tosco lenguaje que em-
plea, que muchas obras que se dan
por modelo de corrección y de arte.
Le agradeceré tenga á bien publi-
car esta, á continuación del último
o de mis Apreciaciones sobre Martin
Fierro, como un correctivo al título de
Juicio CalTiro. con que aparecieron.
Juan María Torres
XXXII
JUICIOS CRÍTICOS
BIBLIOGRAFÍA
Señor D. José Hernández
Tratándose de juzgar un libro, ni Vd.
ni yo gustamos de hacer floreos litera-
rios, yendo siempre derechos al bulto,
al punto objetivo ó como quien dice, al
eje 6 muelle espiral sobre que describe
su rotación el argumento. Aplicando
tan económico sistema para darle mi
opinión sobre Martin Fierro, no me de-
tendré en deoir donde faltó á las leyes
de la rima, ni cual ripio debiera desa-
parecer si hay éste ó aquel concepto
contrario á la buena prosodia.
Solo juzgando ensayos juveniles es
pertinente detenerse en la parte ele-
mental de la composición; pero como
Vd., á lo que entiendo, no está en el
caso de aprender el mejor empleo de
las sinalefas y otras figuras didácticas
del divino arte, voy sin rodeos á ma-
nifestarle mis impresiones.
Repetidas veces he saboreado las be-
llezas oontenidas en las bien descritas
aventuras de su héroe, creación bellí-
sima por la doble faz, riente y sombría,
con que se dibuja en gigantesco relieve,
esto sin oontar con lo sabroso de la
crítica con que Vd. decora su admira-
ble cuadro.
Su trabajo, escrito sin duda por mero
pasatiempo, responde á tendencias do-
minante en su espíritu, preocupado
desde larga fecha por la mala suerte del
gaucho: y es la manifestación cumplida
de sus simpatías en favor de esos pobres
parias, condenados por los abusos del
poder á vivir constantemente armados
del sable, creando y destruyendo si-
tuaciones que siempre concluyen por
serles adversas. En las luchas civiles,
la peor parte ha sido para ellos; y du-
rante la paz armada en que los caudillos
han mantenido la República, el campa-
mento y los fortines los han alejado de
la vida laboriosa y de los sagrados vín-
culos del hogar, relajando la constitu-
oion de la familia y bastardeando las
generaciones: convirtiéndolos en nó-
mades habitantes de nuestras inmen-
sas praderas, cuando no están sujetos
al yugo del servicio, que es un lote
en el repartimiento de los bienes da
la libertad por cuya conquista tanto»
años han pugnado.
Martin Fierro es la encarnación de
la multitud: órgano reproductor del
lamento de los gauchos sujeto al bár-
baro servicio de fronteras que, como
una onda poderosa viene á estrellarse
ante la indiferencia granítica de los
gobiernos.
Si aquí tuviéramos un público capaz
de reivindicar los derechos del hom-
bre y del ciudadano, agredidos en el
habitante nativo del campo, su libro
habría producido el efecto maravillo-
so alcanzado en la América del Norte
por «La Cabana de Tío Ton», porque
uno y otro son producto de la mas su-
blime filantropia. Levantar una raza
abatida, devolviéndole las condiciones
civiles y políticas que el abuso arre-
bató atrevidamente, es la tendencia de
ambos libros: allá se atacaba una ins-
titución legal y sin embargo triunfó el
grito de la naturaleza, en tartto que
aquí el pobre gaucho es flagelado sin
derecho por un simple abuso de fuerza
Lo dicho, relativamente al objeto,
y por lo que respecta á su tipo, no
vacilo en decirlo que, sin pretenderlo,
ha dejado usted muy atrás á nuestros
payadores en ouanto al fondo y opor-
tuna elección de la estrofa. La décima
no la usa el gaucho sino en composi-
ciones breves de amor ó en felicita-
ciones, y el romance asonantado nun-
ca: evitando estos escollos y haciendo
uso del sexteto octosílabo, la imitación
de los trobos campesinos es perfecto.
Los que han manejado este género
entre nosotros, poseyendo el medio li-
terario, desconocían las peculiaridades
de moral, de filosofia, de religión y
aun de política que hacen del gaucho
un ser escepcional, difícil de medirlo
en el cartabón de los compadritos di-
cheros.
El compadre en la campaña, es la
depuración incorrecta de la sencillez
rústica que, perdiendo todo su sabor
original, se aproxima y entremezcla
con el compadre de la ciudad, degene-
ración correcta del habitante culto; y
en esa zona que deslinda la civiliza-
ción de la barbarie, los predios rústi-
SOBRE MARTIN FIERRO
xxxin
oos de los urbanos; término medio del
estado social argentino, se desenvuel-
ve la existencia bullanguera del tipo
estudiado para representar al gaucho, y
que en su eterna mania de espectabi-
Uzars3. hace grotesco lo que es bello.
En este concepto, Vd. se hallaba en
-condiciones ventajosas para desarrollar
su tesis, porque habiendo vivido por
mucho tiempo en contacto con el gau-
chaje de las cuatro provincias litora-
ndo como es, un observador
fino y de criterio, tenia que ofrecer-
nos en sus cuadros la verdad, eterna
fuente de la belleza: y si á esto se
agrega un fácil manejo de la lengua y
gran respeto á los preceptos literarios,
terminaré diciendo: que ni como aspi-
ración noble á favor de los habitan-
lel campo, ni como crítica de los
abu- ►'tidos en el servicio de
fronteras, ni como interpretación del
gaucho moralmente juzgado, he teni-
do, hasta hoy, la ocasión de leer algo
<juc le avent
Queda de Vd. S. S. S. y amigo.
Mariano A. Pelliza.
Marzo 27 de 1
BIBLIOGRAFÍA
Acaba de darse á la publicidad un
pequeño libro con el titulo con que
enea: estas líneas.
El brillante éxito que ha obtenido
en la Campaña, nos ha llamado la
atención y sea dicho de paso, empe-
zamos su lectura con cierta descon-
fianza que se esplica en los numero-
sos chascos de que es víctima nuestro
EúKlico en materia de composiciones
terarias.
embargo, debemos confesar que
el libro en cuestión, está muy lejos de
ser lo que generalmente se llama mi
fiambre: su argumento no puede ser
mas verosímil, ni sus personajes mas
verídicos. Su autor el Sr. Hernándee,
antiguo redactor del «Rio de la Plata»,
nos demuestra que conoce profunda-
mente las costumbres del campamento
y los secretos del fogón, nos enseña el
aduar del hombre semi-salvaje, con toda
la desnudez vergonzosa de su realidad.
Pero hay escenas que indudablemen-
te no las oomprenderá sino ¡a persona
que haya vivido algún tiempo en el
campamento, imájenes que solo e.1 que
haya cruzado errante nuestras dilata-
das pampas podrá valorar.
Con el grosero lenguaje de los habi-
tantes del campo, hace apreciaciones
pintorescas y de un colorido magnífico
— exhibiéndonos tipos que solo Asca-
subi y Del Campo han descrito con
éxito en nuestros dias.
A pesar de que no somos partidarios
de este género de literatura, porque
creemos que para herir !a imaginación
de las masas no se necesita escribir eu
el lenguaje literal con que ellas mani-
fiestan sus pensamientos, porque cO
ha dicho un notable literato oriental—
se puede sentir en gaucho y espr/'sarse
en lenguaje culto y castizo, enseñando á
las generaciones de 1 porvenir como se
sentía en nuestra época, preoon
ñoco de como se espre^a el sentimiento
lo que á la verdad poco importará á
nuestros sucesores; sin embargo, la com-
posición del señor Hernández tiene tan
hermosos pensamientos, ideas de poe-
sía en natural tan elevadas y exquisitas,
que se puede perdonar la forma en que
tan á la imaginación impre-
sionable del pueblo ile nuestras campa-
ñas, seguro que el mas ignorante paisa-
no comprenderá el fondo de verdad y
aun la moral del argumento.
El mas extraño á nuestras costumbres
populares, verá brillar en medio alas
tinieblas que se proyectan del cuadro de
salvaje ignorancia que el autor describe,
brillantes luces, que el mismo fondo
oscuro hace notables, aumentando su
magnitud.
En medio de la ceguedad del fanatis-
mo supersticioso, y de los mas groseros
vicios, se destacan hermosas flores que
se revelan por su exquisito perfume
á pesar del estilo y de la forma.
Martin Fierro no es el tipo del gaucho
patriota, que allá en la alborada de
nuestra independencia, nos describí»
Hidalgo: entusiasta, indomable y ori»-
tiano. --.•■■>
XXXIV
JUICIOS CRÍTICOS
No es, tampoco, el gaucho que nos
exhibe Ascasubi luchando por las liber-
tades de su Patria en los ejércitos de Paz
ó de Lavalle — ni menos el paisano se-
mi-educado que nos pinta Del Campo
en su popular «Fausto» — Martin Fierro
es una creación de otro género — es el
hijo desheredado de una raza de cen-
tauros, envilecido, perseguido, y menos-
preciado por la sociedad en que vive,
engendro miserable de la guerra civil y
la ignorancia, con todo el caudal de pa-
siones que puede abrigar en su corazón
un ser humano, y sin siquiera el dei'e-
cho de manifestarlas libremente — ver-
dadero paria de nuestros dias, pero in-
domable; ignorante, pero con arranques
de nobleza; resistiéndose á ser arrastra-
do al ignominioso servicio de frontera
y batiéndose como un león con la par-
tida del pago — Ginete como un tártaro,
fuerte como un atleta, práctico en las
inmensurables sendas del desierto como
un árabe, sufrido, sobrio, como nadie
en el mundo — esto es algo de lo que 9I
autor nos hace conocer en su tipo, y
á la verdad que la creación no ha po-
dido ser mas feliz.
Aquí, en los grandes centros de po-
blación, nadie se cuidará del tipo; todo
el mundo ignora que á esa raza de hom-
bres que va desapareciendo empujada
por las brisas de la civilización, se le
deben nuestra independencia y nues-
tras libertades!!
Felicitamos ardientemente al señor
Hernández por su hermoso trabajo, y
desearíamos que siguiera en esa senda,
haciéndonos escuchar en ese género la
lira casi abandonada de Ascasubi y de
Del Campo.
Lautaro
(El Mercantil, Febrero 6 de 1873)
BIBLIOGRAFÍA
El gusto por la lectura está formado
y generalizado gratamente en todo el
territorio de la República Argentina.
La escuela y la Biblioteca Popular
están desparramadas hasta las mismas
faldas de los Andes. En la Rioja, el lu-
gar mas apartado y que se considera-
ba la provincia menos culta de la Con-
federación Argentina, se siente el mo-
vimiento expansivo de la civilización
sacudiendo á todos sus habitantes del
marasmo intelectual que los dominaba,
comunicándoles por medio del libro
nueva vida y presentándoles ríentes
perspectivas.
El lector de la ciudad, no tiene na-
turalmente exijencias especiales y privi-
legiadas por determinados libros. Lee
todo lo útil, todo lo bueno y malo que
nos envian las prensas europeas, y todo
lo que arrojan á la publicidad las ca-
sas editoras que tenemos.
Pero, conseguir que el habitante do
las campañas lea sin fastidiarse, lea con
provecho y queden en su imaginación
impresiones nobles y permanentes, es
algo mas serio de lo que á primera vis-
ta parece. En el espíritu del labriego
es menester que el libro ó la anécdota
moral dejen huellas; es necesario que la
enseñanza de su rústica inteligencia
adquiere, no se pierda ni se extinga,
combatida por las costumbres incultas
y las faenas rudas del campesino.
¿Cómo, pues, conseguir pasto inte-
lectual aparente y fructuoso para el
gaucho de nuestras llanuras? Ni el señor
Sarmiento que estudiaba interesada-
mente el problema, pudo descubrir ia
incógnita de él, obcureciendola mas
bien con las traduciones inconvenien-
tes que aconsejaba.
No tiene punto alguno de contacto el
sngicatter de las selvas norte-america-
nas, con el semi-saivaje gaucho del do-
sierto. Son dos naturalezas totalmente
distintas, sin afinidades que las aproxi-
men, pues las obras de Dickens que
recrean al labrador americano, prepa-
rarían la siesta de los que viven en
el rancho.
En el campamento del ejército que
luchaba por la causa hermosa de la ci-
vilización cisplatina, tiene origen una
escuela literaria que de tarde en tarde
hace prosélitos entre nosotros.
Aniceto el Gallo es también un tipo á
lo Byron, á lo Quintana, á lo Bello, etc.
Es gefe de escuela, autor de una lite-
ratura destinada á quitarle al desierto
y á la ignorancia, sus mas preciosas
presas.
SOBRE MASTÍN FIERRO
XXXV
Coetáneo con el insigne Figueroa, ini-
ciaron en buena hora un género de pu-
blioaoion, que era como la primer semi-
lla arrojada en terrenos feraces y propi-
cios para ' cosechas compensadoras.
El ejemplo que ellos daban, encontró
v>mo dijimos ya, de cuando en cuan-
do imitadores.
El estilo gauchi-poético despertaba
en la imaginación precoz de nuestros
poetas, deseos loables de seguir la estela
de Aniceto, pero no lo conseguían siem-
pre, porque no se penetraban íntima-
be de la perfecta originalidad que
distingue al gefe, y se iban á estrellar,
sin quererlo, en el género que cultivaba
Uoore ó en las cauciones inimitables
de Beranger.
Por mucho tiempo, pues, el cetro Jo
ha tenido Ascasubi, aunque Anastasio el
Folio hubiera hecho conatos para arran-
car.1-.
Hoy se ha retirado Ascasubi de la
arena eu que se lanzó ardoroso y esplén-
dido; se refugia en el hogar con la
;-. grandeza y majestad con que se
eu los Inválidos, los restos que
iban de los heroicos tercios del
viejo Imperio.
Pero asi como a esa generación ho-
mérica del valor y el patriotismo fran-
cés, le sucedió otra nueva digna de re-
cojer la herencia; así ha encontrado As-
casubi con el autor de Martin Fierro,
un Micesor que, hará mas todavía que
conservarla intacta, que la enriquecerá,
pues tiene dotes previlegiados para
conseguirlo.
En todas las librerías de esta diudad
está modestamente hospedado un folle-
to de humilde apariencia, pero que ejer-
cerá en los palacios de las capitales, en
tos ranchos de campaña ó en los tol-
dos del desierto, la influencia bienhe-
chora y solazante que nos producían en
otro tiempo los poemas de Aniceto,
D. José Hernández (su autor) ha
Sintado con la misma inspiración y
estraza que Ruguendas y Monvoisin
ese cuadro de la naturaleza americana,
de este lado del continente, que eiije
en el artista potencia de genio y co-
nocimiento acaudalado de detalles.
Martin Fierro es el héroe del poema
•el Sr. Hernández; Martin Fierro es
un gaucho completo, sin rival, sin pa-
dres conocidos, sin amigos de la in-
fancia, sin nada que lo ligue á la ruti-
na que ha caracterizado á otras crea-
ciones idénticas á la del Sr. Hernán-
dez.
A Montero, cuando concluyó su cua-
dro Los funerales de Atahualpa, le di-
jeron en Florencia, y por labios muy
autorizados, que no pintara mas. No-
sotros sin ser mas que admiradores,
diriamos á Hernández, que se perpe-
túa solo con Martin Fierro.
Al leer las páginas interesantes ds
Martin Fierro, nos hemos reconciliado
con el infeliz gaucho. Francamente,
lo queríamos mal. El chiripá, la bota
de potro y el inseparable pañuelo al
cuello, nos prevenían siempre desfa-
vorablemente; lo creíamos feroz cuan-
do tal vez pudo ofrecernos techo y
a'imento en el rancho en que pasa su
vida.
Uno de esos dramas que se produ-
cen alguna vez en las llanuras argen-
tinas, mezcla de sentimientos genero-
sos y costumbres, bárbaras es lo que
pinta el Sr. Hernández. Las boleado-
ras, la maneja, el redomón, las caro-
nas, etc., todo ese vocabulario origina-
lísimo de la vida gauchesca, campea
en Martin Fierro. Es un paseo que
se hace á la pampa. Es algo más: le-
yéndolo, se hace la ilusión de haber
vivido cinco, diez, quince años en com-
pañía de Martin: es decir, en pleno
rto, en el mismo aduar. Es im-
perecedera la impresión que deja en
el ánimo; mas poderosa aun para el
lector del Rio de la Plata, que la que
produce Cooper leyendo su Trampero.
Desconfiamos de haber escrito con
acierto.
Estas líneas las trazamos inmedia-
tamente que concluimos la sabrosa
lectura que nos ha proporcionado la
inteligencia chispeante y original de
Hernández.
La Biblioteca Popular de las cam-
pañas argentina ú oriental, está obli-
gada á tener en sus estantes á Martin
Fierro.
Cuando el local de la biblioteca sea
visitado por algún gaucho, de esos
arrogantes 7 esbeltos, de pingo arábi-
XXXVI
JUICIOS CRÍTICOS
go y recado de plata, y reviste la
publicación de que nos hemos ocupa-
do, exclamará, estamos seguros: Mar-
tin Fierro es otro yo!
La Tribuna de Montevideo, editorial de 23 de
Marzo de 1873.
Este artículo fué reproducido por La Patria,
de Lima con algunos fragmentos del libro.
BIBLIOGRAFÍA
JOSÉ HERNÁNDEZ
(Autor del Gaucho Martin Fierro)
Si nosotros fuéramos susceptibles de
sentir orgullo, ó al menos de confe-
sarlo conociéndolo, nunca tendríamos
mejor oportunidad para manifestarlo,
que en estos momentos, al haber es-
crito el nombre del distinguido escri-
tor que encabeza este artículo.
Pero nuestro orgullo, seria orgullo
nacional.
Hijo de una nación que bien pudie-
ra decirse que recien empieza á la
vida del progreso y de la civilización,
nos sentimos enaltecidos en cada uno
de nuestros compatriotas que avanzan
un paso en el engrandecimiento na-
cional.
José Hernández pertenece á la ca-
rrera de las letras.
Entre los muy pocos obreros que
trabajan para darnos una literatura
propia, hoy ocupa un lugar distingui-
do este valiente publicista, cuya fe-
cunda imaginación nos ha dado las
bien concluidas pajinas de Martin
Fierro.
En esta obra, se hace la mas viva
y acabada pintura de la dramática
existencia de nuestros gauchos, cuyo
tipo caballeresco se va perdiendo, ó
se ha bastardeado con el contacto de
la civilización que empieza á exten-
derse en la campaña, Martin Fierro,
es una leyenda de coloridos tan na-
turales y patéticos,' tan rica de nove-
dad, tan filosóficamente historiada, la
vida errante del gaucho, tan llena de
fuego y de pasión como de ternura y
■entimiento, que viene á. oolocar á su
autor entre los primeros poetas ar-
gentinos.
Porque el Martin Fierro es, á nues-
tro entender, una joya literaria. !¡u©
está destinada á embellecer nuestras
bibliotecas.
Pero no siendo nuestro ánimo hacer
la crítica del precioso libro de Her-
nández, vamos á volver al punto de
partida.
Con todo lo que se relaciona con
nuestra naciente literatura, somos como
el avaro ante su tesoro, le damos la
importancia de nuestra codicia nacio-
nal, de nuestro amor á lo bello, de
nuestra fe en los triunfos futuros de
la inteligencia argentina.
Por esto hablamos con entusiasmo
d« Martin Fierro.
Y este legítimo entusiasmo se exal-
ta mas, cuando vemos lo bien que ha
sido recibida esta obra en el extran-
gero.
Al autor de Martin Fierro se le
distingue en Nueva- York, dándole un
lugar preferente en una Asociación
Literaria.
En un periódico español se repro-
duce su obra, haciéndole los más jus-
ticieros encomios.
En París se están publicando en el
popular «Correo de Ultramar» el Mar-
tin Fierro, honor que pocos trabajos
literarios de la República Argentina
han alcanzado.
De Norte-América han solicitado la
adquiescencia del autor para hacer una
edición de lujo, cuyo tiraje será de
muchos miles.
También se ha pedido el retrato de
Hernández y algunos apuntes biográ-
ficos, piara que precedan á la obra;
reservándose alli hacer el juicio críti-
co de esa producción del Rio de la Plata.
Con tal motivo, véase lo que dice
una correspondencia de Nueva- York,
dirigida en Agosto á La Tribuna de
Montevideo.
«En algún periódico español, no recordamos
bien si de las Antillas ó de la Península,
liemos leido por décima vez á Magariños
Cervantes en su Celiar. A continuación y con
un pequeño preámbulo del editor, hemos re-
galado nuestra imaginación con la lectura
de Martin Fierro, por el Sr. D. José Her-
nández. Piezas de ese género, que caracte-
snrmrc martin fierro
xxxvn
rizan tipos nacionales que han de llevará la
posteridad el retrato -fiel é imperecedero de
un pueblo, no deberían quedar, según nos in-
feriría el preámbulo aludido, archivadas en
poder de un círculo de amibos.
Martin Fierro, primo hermano de Celiar,
como la ha bautizado el editor citado, ha
despertado el deseo de imprimir seis mil
ejemplares en tipo hermoso y popel de lujo,
siendo este número el calculado fácil de co-
locar en los (,aíses de leí iñola mas
inmediato* á este. Para el objeto es necesa-
rio la autorización del señor Hernández ó
del poseedor del derecho de publicación.
Al intercalar esto, que es ageno al argu-
mento de la presente correspondencia, lo ha-
cemos para que sirva de aviso á quienes pu-
diera interesar. Si se quisiera favorecer nues-
tro proyecto, estimaremos se nos remita
propuesta cerrada y rotulada «Equis— N'ew-
Vork/ remitiendo el paquete á la oficina
d' !..i Tribuna de Montevideo, el cual, no lo
dudamos, nos será remitido por esos amables
editores.
Rogamos también, en caso que fuese acep-
tada nuestra id « remita una copia
fotojjráíi -a, del autor Sr.Hernaudez, y algu-
nos a; de él. F.stos dos ob-
contribuirán en mucho al embelleci-
miento de la obra.
Hacemos votos por la felicidad del Sr.
Hernández, á quien hemos cedido ya un lu-
flar de preferencia en nuestra asociación
Literaria. Que la patria al bendecir su nom-
bre, le entone un himno de admiración!» (*)
La obra de Hernández, pues, ya es
popular en el extranjero y ha dado á
su autor una justa celebridad.
En tanto ¿que ha hecho la prensa
Argentina?
Se ha ocupado acaso do recorrer sus
Í jarrinas, de formular su juicio, de sa-
udar siquiera á su autor?
No; ha callado con el abandono que
le es peculiar, cuando se trata de las
figuras distinguidas que se levantan
entre nosotros.
¡Mezcla de egoísmo y de indiferen-
cia, donde no brota una chispa de ese
fuego santo que en el lenguaje patrió-
tico, llámase orgullo nacional!!
Nosotros no creamos reputaciones,
antes bien, devoramos nuestros hijos,
á semejanza del dios de la fábula.
Ese egoismo en lo que se relaoiona
á los hombres que han de dar una li-
(*) La extensa correspondencia de qne han
■ido copiados los anteriores párrafos, es de
Nuera York— Junio 30 de 1878, publica-
da •■ La Tribuna de Montevideo, el 24 de
Agosto del mismo aña
teratura á nuestro país, nos lleva has-
ta rometer actos de grandes injusticias.
Hace algún tiempo que hemos pedi-
do, por la prensa, se nos remitan apun-
tes biográficos de hombres que se ha-
yan distinguido en la literatura, en el
foro, en el clero, en las armas, en la
política, en algo, en fin, ya como pro-
ceres de la patria, corno mártires, como
amigos de la humanidad. Este pedidc
lo hicimos por habérnoslo encomenda-
do el bibliógrafo Sr. Cortés, qne
para emprender la publicación de un
Diccionario Biográfico America
que quería que en él figurase digna-
mente la República Argentina.
Sin embargo que hemos hecho este
llamado varias veces, hasta hoy ni poi
amor al país, ni como recuerdos de
familia, se nos ha enviado un solo apun-
te para poder mandar al Diccionario.
En este miámo mes hemos anuncia-
do la publicación del Parnaso Argenti-
no, trabajo del mismo literato Sr. Cor-
ándonos rogar á nu<
colegas presten su valioso apoyo á esa
obra nacional, y nadie nos ha honra-
do contestando á nuestra invitaciou.
Esto ¿qué significa?
¿Así es posible tengamos literatura,
si se mira con tanto menosprecio los
fwimeros trabajos qne han de for-nar
a base de su monumento?
Triste es decirlo, pero al paso que
vamos, tarde ó nunca llegaremos al
Helicón, donde no seria tan difícil
trepar en alas de esa inteligencia, que
como un don del cielo, chispea con
tanta superabundancia desde las ori-
llas del Plata hasta las nevadas cum-
bres de los Andes.
Carlos Calvo es una reputación eu-
ropea, y en la República Argentina
no se conocen sus obras.
Alberdi es mas respetado en el ex-
tranjero por sus grandes talentos, que
en nuestro país, donde es raro encon-
trar uno de sus libros.
Y así muchos prohombres en las
letra.-- como en el foro, á quienes su
patria olvida.
¿Quién conoce la obra de Hernán-
dez, sin embargo de haberse anuncia-
do en las librerías?
Sus compatriotas los amentino»
XXXVU1
JUICIOS CRÍTICOS
muy pocos; pero en cambio ya es
aplaudida en la Banda Oriental, en
Norte-América, en España y en Paris.
Muy pronto será conocida en todas
partes del mundo, donde haya quien
hable el idioma de Cervantes.
¿Y eso, á quién lo debemos? — á los
extranjeros que nos honran.
Al cerrar este artículo, solo senti-
mos que nuestra pobre pluma haya
tenido que ocuparse de la literatura
nacional cuando hay tantos escritores
que si hubieran emprendido esta dig-
na tarea, hubieran podido estimular,
entusiasmando á la noble juventud
que se levanta en la arena literaria.
Nosotros hemos creido cumplir con
un deber, al rendir este pobre home-
naje al inspirado autor de Martin
Fierro.
(El Mercurio del Rosario)
Este artículo fué trascripto en «La Tribuna»
de Montevideo de 13 de Diciembre de 1873.
MARTIN FIERRO*
Bello poema, que hábil pinta,
Nuestra raza primitiva,
No ya salvaje, cautiva
De la clase superior,
Que entre la casa y la tolda,
Entre la ciudad, la pampa,
Vive libre, en ranchos campa,
Sin Cacique ni Señor.
El hombre civilizado
La oprime de aquí y estrecha.
Hambrienta, de allí, la acecha
Del salvaje, la crueldad,
Ni tan culta ni tan fiera,
Que á uno ú otro le haga amigos.
Sónle é la vez enemigos, /
El desierto y la ciudad.
Y si el espíritu eleva,
En sus horas sin consuelo,
Halla apenas viendo al cielo,
Su Dios y su religión.
Mas queda al gaucho sin patria.
En su horfandad y pobreza,
La madre Naturaleza,
Sus fuerzas, su corazón.
• Esta composición la estractamos del bello
tomo de poesías que con el título «El Pere-
grino del Plata», acaba de dar á la publici-
dad el distinguido argentino Dr. José Ma-
na Zubiria
Entonces busca en su pecho
La dulce paz, la alegría,
Y halla fuente de poesia
Inagotable en su amor.
Este endulza sus dolores
En él templa sus pasiones,
Díctale coplas, canciones,
Tiernas, de suave color.
Y entre trabajos y penas,
Sin cuidarse del mañana,
No vé que tiene cercana
Su noche— ¡raza infeliz!
Que en un crepúsculo vive;
Y las luces, la cultura
Disipándolo, á otra altura.
La encaminan mas feliz.
Y, cuando al fin, desaparezca
De nuestro suelo Argentino,
Siguiendo el ancho camino
De la civilización;
No la lloren el progreso,
Ni la ciencia, ni la gloria;
No conserven su memoria
La moral, la religión.
Pero en el Pecho Argentino,
Habrá siempre dulce afecto,
Por ese tipo perfecto
De nuestra raza en embrión.
El gaucho cuidó el ganado,
El gaucho sembró la tierra,
Dulce en la paz, fiero en la guerra,
Héroe, bardo y dócil peón.
Es colono primitivo,
Rudo, osado y solitario,
Valiente y hospitalario,
Sin amaños, sin doblez,
Como la Pampa, sombrío,
Como el Plata, caprichoso,
Y cual pampero, animoso,
Toma al ombú su altivez.
A nadie pidió la idea,
Ni la espresion, ni el sentMo,
Costumbre, idioma, vestido
Original se dará.
Con su traje pintoresco,
Su cribado calzoncillo,
En el cinto su cuchillo,
Su poncho, su chiripá.
Junto al fuego de su rancho,
Mira al campo, su cosecha....
Y en la guitarra, su endecha,
En Vez de canto, es gemir....
Últimos ecos del vate,
Que contempla decadente
Su raza, y al fin presiente,
Que Vá á dejar de existir....
No perecerán con ella
Su historia, su fiel retrato;
De Martin Fierro el relato,
Su recuerdo hará inmortal;
SOBRE MARTIN FIERRO
XTTTT
Que es el poema de la vida,
La vida de un pueblo entero.
En su genio Verdadero,
En su tipo virginal.
En sus usos y costumbres,
Virtudes, vicios, pasiones,
Sentimiento, inspiraciones,
Alma, lengua, corazón;
Y con tal verdad descrito,
Que aunque haya desaparecido.
Ha de escapar al olvido
El gaucho en ese Pantheon.
187S
Carlas poéticas al poeta colom-
biano Joryc Isaac, por Salva-
dor Mario.
CARTA ULTIMA
Jorgí á tomar mi humilde péñola
Para escribirte la tercera carta,
Sobre un recuerdo que tus dulces versos,
Trajeron á mi alma.
lé, al suspirar tus bellos cantos.
Las decimas que al son de la guitarra
Entona, tristemente Martin Fierro
Al borde de la Pampa.
Ese agreste cantor, que simboliza
La miserable vida de una raza
Que espera, como él dice, que algún criollo
Gobierne en esta patria!
¡Raza infeliz que, con la fé sublime
Del que lleva en el alma una esperanza,
Espera que algún Cristo la redima
De su culpa soñadal
¡Cuántos, amigo Jorge, de sns hijos
Merecen que en el centro de una plaza
Be les eleve un monumento eterno
Por sus grandes hazañas.
(Cuántos porque nacieron en América
No tienen ni nn recuerdo ni una lágrima,
Habiendo muerto, como grandes héroes,
Luchando por la patria!
iCuántos hay que merecen la aureola
Del genio de las musas agraciadas,
Y que no se les dá, porque se inspiran
Muy lejos de la Francia!
Martin Fierro, el poeta sin laureles,
En el silencio de la noche canta,
Con voz de doloroso sentimiento,
Sus ímprobas desgracia*.
,
Y no advierte qne canta las de todos
Los que nacen al borde de la Pampa,
Los que saben luchar como leones
En las grandes batallas!
No advierte que en sus décimas monótonas
Hay destellos rosados de alborada
Iluminando un mágico paisaje,
De tierra americana.
No advierte que hay relámpagos de tarde
Clareando la llanura solitaria,
Donde palpita la mirada eterna
Del Dios de las borrascas!
No advierte qne la vida de los campos
Con colores espléndidos retr.-ita:
¡Con los colores que le prestí1 el Iri»
Del cielo de la patria!
En la verdad él busca la po.
Y en la verdad de sus colores la halla
Como una fresca y candida v'oleta
En medio de unas zarzas.
Del pagador humilde, Martin Fierro,
Te envío, Jorge; las hermosas páginaa
Léelas á orillas del modesto .Virnj,
En tu valle del Cauca.
Sin más, amigo, te saluda atento,
Desde una tosca del inmenso P:
El que, á pesar de Avellaneda, admira
Los versos que tu cantas!
Salvador Mario.
Buenos Aires, Diciembre 17 de 1877.
EL PAYADOR
En nn espacioso rancho
De amarillentas totoras.
En derredor asentadas
De una llama serpeadora,
Que ilumina los semblantes
Como funeraria antorcha
Hirviendo el agua en e, fuego,
Y de una mano tras otra
Pasando el sabroso mate
Que todos con gusto toman,
Se pueden contar muy bien
Como unas doce personas,
Pero están con tal silencio,
Con tanta calma reposan,
Que solo se escucha el éoo
De guitarra gemidora,
Mezclado con los acentos
De una voz que melancólica,
Murmura tan dulcemente
XL
JUICIOS CRÍTICOS
Como el viento entre las hojas.
Es un payador, que tierno
Alza allí sentida trova,
Y al compás de su guitarra
Versos á raudales brota;
Pero versos expresivos,
De cadencia voluptuosa,
Y que expresan tiernamente
De su pecho las congojas.
Es verdad que muchas veces
La ingrata rima cohorta
Pensamientos que grandiosos
Se traslucen mas no asoman,
Y como nocturnas luces
Al irradiar se evaporan.
La fantasia sujeta
En las redes del idioma,
No permite que se eleve
La inspiración creadora,
Ni que sus altivas alas
Del arte los grillos rompan,
Ni que el instinto del genio
Les trace una senda propia,
Mostrándole allá en los cielos
Aquella ansiada corona,
Que iluminando el espacio
Con su luz esplendorosa
Vibra un rayo diamantino
Que el numen del vate esponja
Para embeber fácilmente
De su corazón las gotas,
Y destilarlas después
Con el llanto de la aurora
Convertidas en cantares
Que vuelan de zona en zona,
¡Y cuántas veces no obstante
Sus desaliñadas coplas,
Sin esfuerzo ni trabajo
Como las tranquilas ondas,
Una á una, dulcemente,
Van saliendo de su boca!
O derrepente veloces,
Penetrantes, ardorosas,
Se escapan como centellas
Y el fondo del alma tocan!
Porque su maestro es
La naturaleza sola,
A quien ellos sin saber
A oscuras y á tientas copian.
Asi el cantor sin curarse
De reglas que no le importan,
Sigue raudo y caprichoso
Su bien comenzada trova.
Celiab — Alejandro Magarifio»
Cervantes.
*-•.«.
£DAERTiI2 FIERRO
CSITICAS XJ&TTJST^S
ESTÉTICA Y FILOSOFÍA
r
Si 1» poesía es el espejo mas fiel
del alma intima de un pueblo y el
acabado retrato de los caracteres y
costumbres del mismo, puede decirse
qué, la nuestra ha tenido muy pocos
representantes.
Hidalgo, Ascasubi, Del Campo y
Hernández, han sido tal vez los únicos
poetas argentinos, que sin necesidad
de buscar inspiraciones y modelos en
los autores extrangeros, han sabido
arrancar de sus liras, verdaderos acen-
tos nacionales que reflejan de un mo-
delo ta» admirable como gráfico, la
fisonomía moral de nuestro pueblo, y
el carácter peculiar y distintivo de
nuestros antiguos gauchos, pintando,
al propio tiempo, con inimitable y
opulento colorido, la intensa magestad
de nuestra Pampa y de nuestro cielo
con todos sus esplendores y delicados
perfumes.
Los demás vates, Andrade y Eche-
varría, Mármol y los Gutiérrez, fueron,
á pesar de sus relevantes dotes de pen-
sadores profundos y de su inagotable
inspiración, pocas veces desmentida,
representantes genuinos, si" bien mu-
cho menos directos, del romanticismo
avasallador, del neo-clasisismo sobera-
no, ó del naturalismo ó verismo con-
vencionales, por mas de que se diga.
por autoridades en materias literarias,
que todas estas palabras están despro-
vistas de sentido, si se desciende al
fondo mismo de las cosas.
No me compete á mí — por mas que
pudiera hacerlo — juzgar si Hidalgo,
fundador de esta escuela y relegado
al olvido por los propios, cumplió ó
no con la misión que se impuso; ni
si el único móvil de las obras de As-
casubi fué el de hacer que el hombre
culto se riera del lenguaje del gaucho,
y mucho menos examinar si es ó no
cierto que Estanislao del Campo se
propuso criticar las obras artí.-
por boca de los gauchos. Me guian
otras iutenciones, figurando en primer
término, la de hacer resaltar la injus-
ticia con que ha sido tratado el autor
de Mahtin Fiehho por algunos críti-
cos, eminentemente argentinos, y por
algunos profesores de literatura, quie-
nes han tenido la avilantez de decir,
que, Hernández era, en unión de As-
casubi, insoportable y prosaico.
Hace ya mucho tiempo que, llama-
do á desempeñar la cátedra de litera-
tura en uno de nuestros primeros es-
tablecimientos de enseñanza, tuve oca-
sión de advertir que en los programas
correspondientes al curso de 5o año
del Colegio Nacional, nadase hablaba
de Hernández, ni en la parte que se
refiere á la poesía nacional, ni en otra
alguna.
Mis dudas y mis vacilaciones, á esto
respecto fueron grandes, llegando tí
XLII
SOBRE MARTÍN FIERRO
extremo de leer cuatro ó cinco veces
seguidas, tanto como la ida y la vuelta
de Martin Fierro. Estas dudas solo
se disiparon, cuando al aparecer la
obra titulada «América Literaria», (co-
lección de trozos escogidos de los pri-
meros poetas y prosistas americanos),
vi en el prólogo escrito por el doctor
Juan Antonio Argerich con referencia
á la sección argentina las siguientes
palabras, en que después de haber juz-
gado con demasiada parcialidad, por
cierto, á Olegario V. Andrade y á
Estanislao del Campo, exclama: «¡Qué
diferencia con Ascasubi y con Her-
nández, lisa y llanamente insoportables
y prosaicos!»
Habiendo sido catedrático de lite-
ratura en el Colegio Nacional, la per-
sona que'estas frases estampaba en un
libro que debia tener — como ha teni-
do— gran circulación, no podía extra-
ñarme ya, cual era la causa de haber
eliminado de los estudios de literatura,
el nombre del poeta eminentemente
nacional, de que voy á ocuparme, no
con la erudición y detenimientos ne-
cesarios, pere sí con la buena fó del
que vá á exponer juicios propios que
en forma alguna se separan de las re-
glas del arte, como trataré de de-
mostrarlo.
Para los que así opinan, imperan,
desde luego, el charlatanismo, la inge-
nuidad, el espíritu de sistema y la
retórica de los pedantes sin fa-
cultades creadoras, á quienes tanto
critican, siendo por otra parte, letra
muerta para ellos, los justos, bien pen-
sados y mejor escritos juicios críticos
que habrán de preceder al mío.
No era el señor Hernández — en mi
concepto — el poeta, irresoluto y tími-
do, ni estaba ajeno de antiguos resa-
bios, aun cuando muchas veces le vea-
mos fluctuar, entre un pasado de que
no quisiera apartarse, un presente lleno
de corrupción y de personalismos y
un futuro que le causaba espanto y
le llenaba el alma de la melancolía y
amargura de que están impregnados
%lgunos de sus magníficos versos.
El autor de Martin Fierro, n- pí
un caso aislarlo, no obstante el género
que cultivó. Mármol, Echevarría y Au-
drade también sufrieron las mismas
angustias al ver cómo desaparecían
los tiempos casi patriarcales, ,í impul-
sos de la civilización y del progreso;
progreso que traia consigo refinamien-
tos y costumbres hasta entonces igno-
radas y que al propio tiempo que
gustaban de aquellos y de éstas los
seres humanos, perdian como por en-
canto, su adorable sencillez y la in-
genuidad que tanto los caracterizaba,
en los primeros alboreo y aun casi á
mediados del siglo de las luces.
El gaucho, en este concepto, era
retardatario; costábale gran trabajo
desprenderse de sus costumbres; por
eso era mirado con recelo; por eso sé
le trataba injustamente y hasta se le
despreciaba. ¿Que entraño es, pues qu«
el señor Hernández haya tronado con-
tra estas injusticias y esos absurdos,
tratando al propio tiempo de perpe-
tuar una raza noble, hospitalaria, ge-
nerosa, varonil, sobria y trabajadora....?
Martin Fierro, tan enérgico, tan
arrogante, tan varonil, compendia en
sí, — por incomprensible é inexplicable
paradoja, — el máximun del valor per-
sonal y la suma de la debilidad hu-
mana.
Extraño contraste: tiene valor para
luchar, cuerpo á cuerpo, con diez,
con veinte hombres, no importaba con
cuantos y no lo tiene para romper
con el pasado y seguir la corriente
de los demás seres. No quiere matar
y mata, ó lo que es lo mismo, tien«
valor para hacerlo, pero es débil para
resistir los impulsos que le incitan i
ello, ó para acatar con resignación ei
fallo de la suerte.
Y, sin embargo, Martin Fierro, en
los momentos de vacilación y de de-
sesperación, cuando vacila ó cuando
llora, cuando canta ó cuando rie, es
varonil, es fuerte y en esto no se pa-
rece ciertamente, ni á Anastasio el
Pollo, ni á Santos Vega, ni á Juar
Sin Ropa.
CRITICAS INJUSTAS
xun
Hay algo roas todavía en la obra
del señor Hernández, que no pueda
pasar desapercibido para ninguna per-
sona inteligente y de mediana ins-
trucción.
Se moteja y se tacha al señor Her-
nández, de prosaico y de insoportable,
y sin embargo —salvo rarísimos perío-
dos— la obra que nos ocupa está com-
pletamente encadenada y sujeta, no
solamente á los invariables principios
de la est o también á los de
la mas sana filosofía, si bien puestos
al alcance de los críticos mas obtusos,
á encadenada á los principios de
la estética, porque no habiendo pale-
tas cuyos colores compitan con la pa
labra humana, ésta se amolda admi-
mente al lenguaje del gaucho, á
fin de que no palidezcan en nuestra
; i nación las imágenes de Martin
ie Cruz y del viejo Vizcacha;
; ras todas que pueden competir, á
r de la diferencia de género, con
las de algunos clásicos europeos. L»
verdad y el colorido de ellas, nos ha-
cen sentir y pensar, obligándonos á
termina/ la lectura del libro una vez
abierto, y hasta, si se nos permitiese
la frase, llorar cuando ellos lloran y
reir cuando ellos ríen. Si la estética
es la ciencia de la sensibilidad, debo
confesar que Martín Fierro está su-
jeta á los principios que ella establece
por cuanto su lectura me ha causado
diversa* emociones é impresiones.
Considerada la obra que rne ocupa,
bajo el punto da vista filosófico, debo
confesar también que su filosofía es
tanto mas valiosa cuanto es mas ori-
ginal.
No se verán en ellas máximas to-
madas de Kaut, de Spencer, de Ribot,
de Aristóteles ó de otros filósofos,
pero en cambio, las que Hernández
pone en boca del viejo Vizcacha, de
Martin Fierro y del payador more-
no, son además de ser concisas y cla-
ras, tan originales como los refranes
que Cervantes pone en la de Sancho,
ó las máximas que oportunamente co-
loca el mismo autor en la de Don Qui-
jote.
Los dichos, pues, refranes, ó máxi-
mas de que está sembrada, tanto la
ida como la vuelta de. Martin Fierro,
constituyen la filosofia popular, ex-
presada en lenguaje, gauchesco, con
expresiones y modismo puramente io-
cales, pero cuyo fondo de verdad no
puede negar ninguna persona instruida.
Voy á terminar; Martin Fierro, ea
una obra que descansa en sólidas ba-
ses: es el producto de la observación
y de la experimentación, por cuanto
refleja en unas cuantas individualida-
des, identificándose con ellas, toda
una raza entera, que el progreso mo-
derno, en sus múltiples manifestacio-
nes, se ha encargado de hacer que
desaparezca.
Dr. Moornk,
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MAF¡TIN[ FIERRO
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."zo á cantar
i-lwe < i desvalí
traordinaria,
Como el ave solitaria
autar se consuela.
Pido a los Santos del C
miento,
te momento
Que voy á cantar mi historia
len la memoria
Y aclaren mi entendimiento.
Vengas ^utos milagrosos,
Vengan todos en mi ayuda,
Que la lengua se me añuda
Y se me naba la vi
Pido á mi Dios que
En una ocasión tan ruda.
Yo he visto muchos cantores,
Con famas bien obtenidas,
Y' que de.^pues de adquiridas
No las quieren sustentar: —
Parece que sin larp
8e cansaron en partidas.
Mas ande otro criollo pasa
Martin Fierro ha de pasar,
Nada lo hace recular
Ni las fantasmas lo e-.pai.tan;
Y deude que todos cantan
Yo también quiero cantar.
Cantando me he de morir,
Cantando me han de enterrar,
Y chantando he de llegar
Al pie del Eterno Padre —
Dende el vientre de mi r.iadra
Vine á este mundo á cantar.
Que no se trave mi lengua
Ni me falte la palabra —
El cantar mi gloria labra
Y poniéndome á cantar,
Cantando me han de encontrar
Aunque la tierra se abra.
-iento en el plan de un bajo
A cantar un argumento —
Como si soplara un viento
Hago tiritar los pastos —
Con oros, copas y bastos
Juega alli mi pensamiento
Yo no soy cantor letrao,
Mas si me pongo á cantar
No tengo cuando acabar
Y me envejezco cantando,
Las coplas me van brotando
Como agua de manantial
EL GAUCHO
Con la guitarra en la mano
Ni las moscas se me arriman,
Naides me pone el pie encima.
Y cuando el pecho se entona,
Hago gemir á la prima
Y llorar a la bordona.
Yo soy toro en mi rodeo
Y torazo en rodeo ageno.
Siempre me tuve por güeno
Y si me quieren probar,
Salgan otros á cantar
Y veremos quien es menos.
No me bago al lao de la güeya
Aunque vengan degollando,
Con los blandos yo soy blando
Y soy duro con los duros.
Y ninguno en un apuro
líe ba visto andar tutubiando.
En el peligro ¡ que Cristos !
El corazón se me ensancha
Pues toda la tierra es cancha,
Y de esto naides se asombre,
El que se tiene por hombre
Ande quiera hace pata ancha.
Soy gauoho, y entiéndalo
Como mi lengua lo esplica,
Para mi la tierra es chica
Y pudiera ser mayor
Ni la víbora me pica
Ni quema mi frente el Sol,
Nací como nace el peje
En el fondo de la mar;
Naides me puede quitar
Aquello que Dios me dio — •
Lo que al mundo truge yo
Del mundo lo he de llevar
Mi gloria es vivir tan libre
Como el pájaro del Cielo,
No hago nido en este suelo
Ande hay tanto que sufrir;
Y naides me ha de seguir
Cuando yo remonto el vuelo.
« Yo no tengo en el amor
Quien me venga oon querellas;
Gomo esa» aves tan bellas
%ue salten de rama en rama—
Yo haf,o en el trébol mi cama.
Y mr. cubren las estrellas.
Y sepan cuantos escuchan
De mis penas el relato
Que nunca peleo ni mato
Sino no por necesidá;
Y que á tanta alversidá
Solo me arrojó el mal trato.
? atiendan la relación
Que hace un gaucho perseguido»
Que padre y marido ha sido
Empeñoso y deligente,
Y sin embargo la gente
Lo tiene por un bandido.
H
Ninguno me hable de penas
Porque yo penando vivo
Y naides se muestre altivo
Aunque en el estribo esté
Que suele quedarse á pie
El gaucho mas alvertido.
Junta esperencia en la vida
Hasta pa dar y prestar,
Quien la tiene que pasar
Entre sufrimiento y llanto;
Porque nada enseña tanto
Como el sufrir y el llorar.
Viene el hombre ciego al mundo
Cuartiándolo la esperanza,
Y a poco andar ya lo alcanzan
Las desgracias a empujones;
¡Jué pucha! que trae liciones
El tiempo cor sus mudanzasl
Yo he conocido esta tierra
En que el paisano vivía
Y su ranchito tenía
Y sus hijos y mujer
Era una delicia el ver
Como pasaba sus días.
Entonces .... cuando el lucero
Brillaba en el cielo santo,.
Y los gallos con su canto
Nos decían que el día llegaba,
A la cocina rumbiaba
El gaucho que era un encante
MARTIN FIERRO
Y sentao junto al fogón
A esperar que venga el día.
Al cimarrón le prendía
Hasta ponerse rechoncho,
Mientras su china dormía
Tapadita con su poncho.
Y aperiít* «2 horizonte
Empezaba á coloriar
Los pájaros á cantar,
Y las gallina a apiane,
OOM áe largarse
Cada cual a trabajar.
Este se ata las espuelas,
de el otro cantando,
Uno busca un pellón blando,
Este un laao, otro un rebenque,
Y los pingos relinchando
llaman desde el palenque.
E! pión domador
Enden /.iba al corral,
And •. el animal
B'if.-v^r. -,;.'• se las ¡.••l.i....'1
Y mas malo que BU aer
Se hacia astillas el bagual.
Y allí el gancho inteligente
En cuanto el potro enriendó,
Los cueros le acom<
Y se lo aefitó enseguida;
Que el hombre muestra «n la vida
La astucia que Dios le dio.
Y en las playas corcobiando
hacía el sotivta
Mientras él por las paletas
Le jugaba las lloronas,
Y al ruido de las caronas
Salía haciéndose gambetas.
Ah! tiempos:. ... si era un orgullo
Ver ginetiar un paisano —
Cuando era gaucho baquiano
Aunque el potro se bollase,
No había uno que no parase
Con el cabresto en la mano.
Y mientra domaban unos,
Otros al campo salían,
Y la hacienda recogían,
Las manadas repuntaban,
Y ansí sin sentir [jasaban,
Entretenidos el día
Y verlos al cair la noche
En la cocina riunidos,
Con el juego bien prendido
Y mil cosas que contar,
Platicar muy divertidos
Hasta después de cenar.
Y con el buche bien lleno
Era cosa superior
Irse en brazos del amor
A. dormir como la gente.
Pa empezar al día siguiente
Las fainas del día anterior
Ricuerdo! ;Qne maravilla!!
Cómo andaba la gaucha
Siempre alegre y bien montada
Y dispuesta [ja el trabajo ....
Pero al presente. . . .barajo!
No se le vé de aporriada.
Ei gaucho mas infeliz
Tenia tropilla de un pelo
No le faltaba un consuelo
Y andaba la gente lista. . ..
tiendo ai campo la vista,
lo via hacienda y cié
yerras,
• .lor!
Tanto gane!. lor
Y tironeador sin yel —
Ah! tiempos! .... pero si en óL
Se ha visto tanto primor.
Aquello no era trabajo,
Ma ra una junción,
Y de le un güen tirón
Eu que uno se daba mana,
Pa darle un trago de ea
Solia llamarlo el patrón.
Pues vi via la mamajuana
Siempre bajo la carreta.
Y aquel que no era chancleta
En cuanto el goyete vía,
Sin miedo se le prendía
Como güérfano a la teta.
Y que jugadas se armaban
Cuando estábamos riunidos!
Siempre Íbamos prevenidos
Pues en tales ocasiones,
A ayudarles á los piones
Caiban muchos comedido».
EL GAUCHO
Eran los días del apuro
Y alboroto pa el hembraje,
Pa preparar los potajes
Y obsequiar bien á la gente,
Y ansí, pues, muy grandemente,
Pasaba siempre el gauchage.
Venia la carne con cuero,
La sabrosa carbonada,
Mazamorra biea pisada
Los pasteles y el güen vino ....
Pero ha querido el destino,
Que todo aquello acabara.
Estaba el gaucho en su pago
Con toda seguridá;
Pero aura. . . . barbaridá !
La osa anda tan fruncida,
Que gasta el pobre la vida
En juir de la autoridá.
Pues si usté pisa en su rancho
Y si el alcalde lo sabe
Lo caza lo mesmo que ave
Aunque su mujer aborte ....
No hay tiempo que no se acabe
Ni tiento que no se corte!
Y al punta dése por muerto
Si el alcalde lo bolea,
Pues hay no más se le apea
Con una felpa de palos, —
Y después dicen que es malo
El gaucho si los pelea.
Y el lomo le hinchan á golpes,
Y le rompen la cabeza,
Y luego con lijereza
Ansí lastimao y todo,
Lo amarran codo con codo
Y pa el cepo lo enderiezan.
Ay comienzan sus desgracias,
Ay principia el pericón;
Porque ya no hay salvación,
Y que usté quiera ó no quiera,
Lo mandan á la frontera
0 lo echan á un batallón.
A-nsí empezaron mis males
Lo mesmo que los de tantos.
Si gustan .... en otros cantos
Les diré lo que he sufrido —
Después que uno está .... perdido
Uo lo salvan ni los santos.
III
Tuve en mi pago en un ti*rap©
Hijos, hacienda y mujer,
Pero empecé á padecer,
Me echaron a la frontera,
¡Y qué iba á hallar al volver!
Tan solo hallé la tapera.
Sosegao vivia en mi rancho.
Como el pájaro en su nido —
Allí mis hijos queridas
Iban creciendo á mi lao ....
Solo queda al desgraciao
Lamentar el bien perdido.
Mi gala en las pulperías
Era en habiendo más gente,
Ponerme medio caliente,
Pues cuando puntao me encu
Me salen coplas de adentro
Como agua de la virtiente.
Cantando estaba una vez
En una gran diversión;
Y aprovechó la ocasión
Como quiso el Juez de Paz . .
Se presentó y ahi no más
Hizo una arriada en montón.
Juyeron los más matreros
Y lograron escapar —
Yo no quise disparar —
Soy manso y no había po¡ -ju4—
Muy tranquilo me quedó
Y ansí me dejé agarrar.
Allí un gringo con un órgano
Y una mona que bailaba,
Haciéndonos rair estaba
Cuando le tocó el arreo —
¡Tan grande el gringo y tan fefltf
Lo viera como lloraba.
Hasta un inglés zangiador
Que decía en la última guerw^
Que él era de Inca-la- perra
Y que no quería servir,
Tuvo también que juir
A guarecerse en la Sierra
MARTIN FIERRO
Ni los mirones salvaron
De esa arriada de mi flor —
Fué acoyarao el cantor
Con el gringo de la mona—
A ano solo, por favor,
Logró salvar la patrona.
Formaron un contingente
Con los que del baile arriaron—
Con otros nos mesturaron
Que habían agarrao también—
Las cosas que aqui se ven
Ni los diablos las pensaron.
A mi el Juez me tomó entre ojof
En la última votación —
Me le había hecho el remolón
Y no me arrimé ese dia,
Y él dijo que yo servia
A los de la esposicion.
Y ansi sufrí ese castigo
Tal vez por culpas agenas —
Que sean malas o sean güeñas
Las listas, siempre me escondo—
Yo soy un gaucho redondo
Y esas cosas no me enllenan.
Al mandarnos nos hicieron
Mas promesas que á un altar—
El Juez nos juó á proclamar
Y nos dijo muchas veces:
«Muchachos, á los seis meses
«Los van á ir á revelar.»
Yo llevé un moro de número
Sobresaliente el matucho!
Con él gané en Ayacucho
Mas plata que agua bendita—
Siempre el gaucho necesita
Un pingo pa fiarle un pucho.
Y cargué si dar mas güeltas
Con las prendas que tenia,
Gergas, poncho, cuanto habia
En casa tuito lo alcé —
A mi china la dejé
Media desnuda ese dia.
No me faltaba una guasca,
Esa ocasión hecho el resto:
Bozal maniador cabresto,
Lazo, bolas y manea. . . .
tEl que hoy tan pobre me tm
Tal vea no orerá todo estoll
Ansi en mi moro escarciande
Enderesé á la frontera;
Aparcero! si usté viera
Lo que se llama Cantón ....
Ni envidia tengo al ratón
En aquella ratonera.
De los pobres que alli habí»
A ninguno lo largaron,
Los mas viejos resongaron,
Pero á uno que se quejó
Enseguida lo estaquiaron
Y la cosa se acabó.
En la lista de la tarde
El Jefe nos cantó el punto
Diciendo: «quinientos juntos
«Llevará el que se resierte,
«Lo haremos pitar del juerte
«Mas bien dése por d ¡junto.»
A naides le dieron armas,
Pues toditas las que habia
El Coronel las tenia,
Sigun dijo esa ocasión
Pa repartirlas el dia
En que hubiera una invasión.
Al principio nos dejaron
De haraganes criando sebo.
Pero después no me atrev»
A decir lo que pasaba —
Barajo si nos trataban
Como se trata á malevos
Porque todo era jugarles
Por los lomos, con la espada,
Y aunque usté no hiciera nada,
Lo mesmito que en Palermo,
Le daban cada cepiada
Que lo dejaban enfermo
Y qué indios — ni qué servicio,
No teníamos ni Cuartel-
Nos mandaba el Coronel
A trabajar en sus chacras,
Y dejábamos las vacas*
Que las llevara el infiel.
Yo primero sembró trigo
Y después hice un corral,
Corté adobe pa un tapial,
Hice un quincho, cortó paja. ..,"
La pucha que se trabaja
Sin que le larguen un riaJL
8
EL GAUCHO
Y es lo pior que aquel enriedo
Que si uno anda hinchando el
Se le apean como un plomo . . .
¡Quien aguanta aquel infierno!
Si eso es servir al Gobierno,
A mi no me gusta el cómo.
Mas de un año nos tuvieron
En esos trabajos duros, —
Y los indios, le asiguro,
Dentraban cuando querian:
Como no los perseguian
Siempre andaban sin apuro.
A veces decia al volver
Del campo la descubierta,
Que estuviéramos alerta
Que andaba adentro la indiada;
Porque habia una rastrillada
O estaba una yegua muerta
Recien entonces salía
La orden de hacer la riunion—
Y cáibamos al cantón
En pelos y hasta enancaos,
Sin armas, cuatro pelaos
Que íbamos a hacer jabón.
Ay empesaba el afán
Se entiende, de puro vicio
De enseñarle el ejerció
A tanto gaucho recluta,
Con un estrutor . . . que . . . bruta
Que nunca sabia su oficio.
Daban entonces las armas
Pa defender los cantones,
Que eran lanzas y latones
Con ataduras de tiento '
Las de juego no las cuento
Porque no habia municiones
Y un sargento chamuscao ,
Me contó que las tenían,
Pero que ellos las vendían
Para cazar avestruces;
Y ansi andaban «oche y día
Déle bala a los ñanduces.
Y cuando se iban los indios
Con lo que habian manotiao,
Salíamos muy apuraos
A perseguirlos de atrás,
Si no se llevaban mas
Es porque no habian hallao.
lomo
Allí, si, se ven desgracias
Y lágrimas, y afliciones,
Naides le pida perdones
Al indio — pues donde entra
Roba y mata cuanto encuentra
Y quema las poblaciones.
fío salvan de su juror
Ni los pobres angelitos:
Viejos, mozos y chiquitos
Los mata del mesmo modo —
Que el Indio lo arregla todo
Con la lanza y con los gritos
Tiemblan las carnes al verlo
Volando al viento la cerda —
La rienda en la mano izquierda
Y la lanza en la derecha —
Ande enderieza abre brecha
Pues no hay lanzazo que pierda
Hace trotiadas tremendas
Dende el fondo del desierto
Ansi llega medio muerto
De hambre, de sed y de fatiga,
Pero el Indio es una hormiga
Que día y noche está despierto.
Sabe manejar las bolas
Como naides las maneja,
Cuanto el contrario se aleja
Manda una bola perdida,
Y si lo alcanza, sin vida,
Es siguro que lo deja.
Y el Indio es como tortuga
De duro para espichar;
Si lo llega á destripar
Ni siquiera se le encoge
Luego sus tripas recoge,
Y se agacha á disparar.
Hacían el robo a su gusto
Y después se iban de arriba,
Se llevaban las cautivas
Y nos contaban que a veces
Les descarnaban los pieses
A las pabrecitas, vivas.
¡An! sí partía «1 corazón
Ver tantos males, canejo!
Los perseguíamos de lejos
Sin poder ni galopiar;
¿Y qué habíamos de alcanzar
En unos bichocos viejos?
MARTIN FIERRO
Nos volvíamos al cantón
A las dos o tres jornadas,
Sembrando laa caballadas:
Y pa que alguno la venda,
Rejuntábamos la hacienda
Que habían dejao resagada
Una vez entre otras muchas,
Tanto salir al botón,
Nos pegaron un malón
Los indios, y una lanciada,
Que la gente acobardada
Quedó dende esa ocasión.
Habían estao escondidos
Aguaitando atrás de un cerro • . ,
|Lo viera á su amigo Fierro
Aflojar como un blandito!
Salieron como maiz frito
En ouanto sonó un cencerro.
Al punto nos dispusimos
Aunque ellos eran bastantes,
La formamos al instante
Nuestra gente que era poca,
Y gelpíandose en la boca
Hicieron fila adelante,
Se vinieron en tropel
Haciendo temblar la tierra
No soy manco pa la guerra
Pero tuve mi jabón,
Pues iba en un redomón
Que habia bolíao en la sierra.
Que" vocerío! qué barullo!
Que apurar esa carrera!
La indiada todita entera
Dando alaridos cargó—
Joe pucha. ... y ya nos saoó
Como yeguada matrera.
Que fletes traiban los bárbaros!
Cono una luz de ligeros —
Hicieron el entrevero
Y en aquella mescolanza,
Este quiero, este no quiero,
Nos eeoojian con la lanza.
Al que le dan un chuzazo, >
Dificultoso es que sane,
Bn fin, para no echar panes,
Salimos por esas lomas,
La meemo que las palomas,
Al jnir de los gavilanes
Es de almirar la destreza
Con que la lanza manejan!
De perseguir nunca dejan—
Y nos traiban apretaos,
Si queríamos de apuraos
Salimos por las orejas.
Y pa mejor de la fiesta
En esa aflicion tan suma,
Vino un Indio echando espuma,
Y con la lanza en la mano
Gritando «Acabau cristiano
Metau el lanza hasta el pluma.»
Tendido en el costillar
Cimbrando por sobre el brazo
Una lanza como un lazo
Me atropello dando gritos —
Si me descuido .... el maldito
Me levanta de un lanzazo.
Si me atribulo, o me encojo
Siguro que no me escapo:
Siempre he sido medio guapo
Pero en aquella ocasión,
Me hacia bulla el corazón
Como la garganta al sapo.
Dios le perdone al salvaje
Las ganas que me tenía. . ..
Desaté las tres marías
Y lo engatusé á cabriolas . . . .•
Pucha.... si no traigo bolas
Me achura el Indio ese dia.
Era el hijo de un cacique
Sigun yo lo averigüé —
La verdá del caso jué
Que me tuvo apuradazo
Hasta que al fin de un bolazo
Del caballo lo bajé.
Ay no más me tiré al suelo
Y lo pisó en las paletas —
Empezó á hacer morisquetas
Y á mesquinar la garganta . . . .'
Pero yo hice la obra santa
De hacerlo estirar la geta.
Allí quedó de mojón
Y en su caballo salté,
De la indiada disparé,
Pues si me alcanza me mata,
Y al fin me les escapé
Con el hilo de una pata.
10
EL GAUCHO
IV
Seguiré esta relación
Aunque pa chorizo es largo:
El que pueda hágase cargo
Cómo andaría de matrero,
Después de salvar el cuero
De aquel trance tan amargo.
D«l sueldo nada les cuento
Porque andaba disparando,
Nosotros de cuando en cuando
Solíamos ladrar de pobres —
Nunca llegaban los cobres
Que se estaban aguardando.
Y andábamos de mugrientos
Que el mirarnos daba horror;
Les juro que era un dolor
Ver esos hombres, por Cristol
En mi perra vida he visto
Una miseria mayor.
Yo no tenía ni camisa
Ni cosa que se pareja;
Mis trapos solo pa yezca
Me podían servir al fin . . . .
No hay plaga como un fortín
Para que el hombre padezca.
Poncho, jergas, el apero,
Las prenditas, los botones,
Todo, amigo, en los cantones
Jué quedando poco á poco,
Ya nos tenían medio loco
La pobreza y los ratones.
Solo una manta peluda
Era cuanto me quedaba —
La había agenciao á la taba
Y ella me tapaba el bulto —
Yaguané que allí ganaba
No salia .... ni con indulto.
Y pa mejor hasta el moro
Se me jué de entre las manos-
No soy lerdo pero hermano,
Diño el comendante un dia
Viciendo que lo quería
«P* enseñarle á comer grano».
Afigárese cualquiera
La suerte de este su amigo,
A pié y mostrando el umbligo,
Estropiao, pobre y desnudo,
Ni por castigo se pudo
Hacerse más mal conmigo.
Ansí pasaron los meses,
Y vino el año siguiente,
Y las cosas igualmente
Siguieron del mesmo modo—
Adrede parece todo
Pa atormentar á la gente.
No teníamos más permiso,
Ni otro alivio la gauchada,
Que salir de madrugada
Cuando no habia Indio ninguno,
Campo ajuera á hacer boliadas
Desocando los reyunos
Y cubamos al cantón
Con los fletes aplastaos —
Pero á veces medio aviaos
Con plumas y algunos cueros—
Que pronto con el pulpero ^s
Los teníamos negociaos.
Era un amigo del Jefe
Que con un boliche estaba,
Yerba y tabaco nos daba
Por la pluma de avestruz, \
Y hasta le hacía ver la luz
Al que un cuero le llevaba.
Solo tenia cuatro frascos
Y unas barricas vacías,
Y á la gente le vendía
Todo cuanto precisaba ....
Algunos creíban que estaba
Allí la proveduría.
Ah! pulpero habilidoso,
Nada le solía faltar —
Ay juna — y para tragar
Tenia un buche de ñandú,
La gente le dio en llamar
■El boliche de virtú».
Aunque es justo que quien vende
Algún poquitito muerda,
Tiraba tanto la cuerda
Que con sus cuatro limetas.
El cargaba las carretas
De plumas, oueros y oturda
-o
13
MASTÍN iTRERO
Nos tenia apuntaos á todos
Con más cuentas que un rosario,
Cuando se anunció un salario
Que iban á dar, ó un socorro —
Pero sabe Dios que zorro
Se lo comió al Comisario. ■
Pues nunca lo vi llegar
Y al cabo de muchos días —
En la mesma pulpería
Dieron una buena cuenta —
Que la gente muy contenta
De tan pobre recebía.
Sacaron unos sus prendas
Que las tenían empeñadas,
Por sus diudas atrasadas
Dieron otros el dinero;
AJ fin de fiesta el pulpero,
Se quedó con la mascada.
Yo me arrecosté a un horcón
Dando tiempo 4 que pagaran,
Y poniendo güeña cara
Estuve haciéndome el poyo,
A esperar que me llamaras
Para recibir mi boyo.
Pero ay me pude quedar
Pegao pa siempre al horcón—;
Ya era casi la oración
Y ninguno me llamaba —
La cosa se me nublaba
Y me dentro comezón.
Pa sacarme el entripao
Vi al Mayor, y lo fí á hablar—
Yo me le empecé á atracar,.
Y como con poca gana
Le dije: €Tal vez mañana
Acabarán de pagar».
« — Qué mañana ni otro día»
Al punto me contestó,
«La paga ya se acabó,
«Siempre has de ser animal»— -
Me raí y le dije: «Yo. . . .
«No he recibido ni un rial.»
Se le pusieron los ojos
Que se le querían salir,
Y ay no más volvió á decir
Comiéndome con la vista:
€ — Y qué querés recibir
«Si no has dentrao en la lista?»
« — Esto si que es amolar»
Dije yo pa mis adentros,
«Van dos años que me encuentro
«Y hasta aura he visto ni un grullo,
«Dentro en todos los barullos
«Pero en las listas no dentro».
Vide el plaito mal parao
Y no quise aguardar más. ...
Es güeno vivir en paz
Con quien nos ha de mandar —
Y reculando pa tras
Me le empecé á retirar.
Supo todo el Comendanto
Y me llamó al otro día,
Dieiéndome que quería
Averiguar bien las cesas —
Que no era el tiempo de Rosas,
Que aura á naides se debía.
Llamó al cabo y al sargento
Y empezó la indagación
Si había venido al cantón
En tal tiempo ó en tal oteo . . •
Y si había venido en potro,
En reyuno ó redomón.
Y todo era alborotar
Al ñudo y haoer papel,
Conocí que era pastel
Pa engordar con nú guayaca,
Mas si voy al Coronel
Me hacen bramar en la estaca.
¡Ah! hijos de una. . . la codicia
Ojalá les ruempa el saco;
Ni un pedazo de tabaco
Le dan al pobre soldao,
Y lo tienen de delgao
Mas lijero que un guenaoo.
Pero que iba á hacerles yo»
Charavon en el desierto;
Más bien me daba por muí
Pa no verme más fundido—
Y me les hacia el dormido
Aunque soy medio dispierto.
EL GAUCHO
Yo andaba desesperao,
Aguardando una ocasión
Que los indios un malón
Nos dieran y entre el estrago
Hacérmeles cimarrón
Y volverme pa mi pago.
Aquello no era servicio
Ni defender la frontera —
Aquello era ratonera
En que solo gana el juerte —
Era jugar á la suerte
Con una taba culera.
Alli tuito vá al revés:
Los milicos son los piones,
Y ardan en las poblaciones
Emprestaos pa trabajar —
Los rejuntan pa peliar
Cuando entran indios ladrones.
Yo be visto en esa milonga
Muchos Jefes con estancia,
Y piones en abundancia,
Y majadas y rodeos;
He visto negocios feos
A pesar de mi inorancia.
Y colijo que no quieren
La barunda componer —
Para eso no ha de tener
El Jefe, que esté de estable,
Más que su poncho y su sable,
Su caballo y su deber.
Ansina, pues, conociendo
Que aquel mal no tiene cura,
Que tal vez mi sepoltura
Si me quedo iba á encontrar,
Pensé en mandarme mudar
Como cosa más sigura.
Y pa mejor, una noche
Qué estaqueada me pegaron,
Casi me descoyuntaron
Por motivo de una gresca, —
¡Ay juna, si me estiraron
Lo mesmo que guasca fresca!
Jamás me puedo olvidar
Lo que esa vez me pasó: —
Dentrando una noche yo
Al fortín, un enganchao,
Que estaba medio mamao,
Allí me desconoció.
Era un gringo tan bozal,
Que nada se le entendía —
¡Quién sabe de ande sería!
Tal vez no juera cristiano;
Pues lo único que decia
98 que era pa-po-litano.
Estaba de centinela
Y por causa del peludo
Verme más claro no pudo
Y esa fué la culpa toda —
El bruto se asustó al ñudo
y fi el pabo de la boda.
Cuando me vido acercar:
«Quen vivore» .... preguntó
«Qué víboras» — dije yo —
«Ha garto» — me pegó el grita
Y yo dije despacito
«Más lagarto serás vos.»
Ay no más — Cristo me valga!
Rastrillar el jusil siento —
Me agaché, y en el momento
El bruto me largó un chumbo—
Mamao, me tiró sin rumbo
Que sino, no cuento el cuento.
Por de contao, con el tiro
Se alborotó el avispero —
Los Oficiales salieron
Y se empezó la junción —
Quedó en.su puesto el nación—
Y yo fí al estaquiadero.
Entre cuatro bayonetas
me tendieron en el suelo —
Vino el mayor medio en pedo,
Y alli se puso á gritar,
cPicaro te he de enseñar
«A andar reclamando sueldos.»
De las manos y las patas
Me ataron cuatro sinchones—
Les aguanté los tirones
Sin que ni un ¡ay! se me oyera,
Y al gringo la noche entera
Lo hartó con mis maldiciones.
MARTÍN FIERRO
15
Yo no sé porqué el Gobierno
Roe manda aquí á la frontera,
(Pringada que ni siquiera
Se sabe atracar á un pingo —
Si ereerá al mandar un gringo
Que nos manda alguna fiera!
No hacen más que dar trabajo
Pues no saben ni ensillar,
No sirven ni pa candar;
Y yo he visto muohas veces,
Que ni voltiadas las reses
Se les querían arrimar.
Y lo pasan sus mercedes
Lengüetiando pico á pico — •
Hasta que viene un milico
A servirles el asao —
Y eso si, en lo delicaos,
Parecen hijos de rico.
Si hay calor, ya no son gente,
Si yela, todos tiritan —
Si usté no les dá, no pitan
Por no gastar en tabaco, —
Y cuando pescan an naco
Uno al otro se lo quitan.
Cuando llueve se acoquinan
Como perro que oye truenos—
Qué diablos — solo son güenos
Pa vivir entre maricas —
Y nunca se andan con chicas
Para alzar ponchos ajenos.
Pa vichar son como ciegos.
No hay ejemplo de que entiendan.
Ni hay uno solo que aprienda
Al ver un bulto que cruza.
A saber si es avestruza,
O si es ginete, ó hacienda.
Si salen a perseguir
Después de mucho aparato,
Tuitos se pelan al rato
Y va quedando el tendal —
Esto es como en un nidal
Echarle güebos a un gato.
VI
Vamos dentrando recien
A la parte mas sentida,
Aunque es todita mi vida,
De males una cadena —
A cada alma dolorida
Le gusta cantar sus penas.
Se empezó en aquel entonces
A rejuntar caballada,
Y riunir la milicada
Teniéndola en el Cantón,
Para una despedición
4. sorprender á la Indiada.
Nos anunciaban que iríamos
Sin carretas ni bagajes,
A golpiar á los salvajes
En sus mesmas tolderías —
Que á la güelta pagarían
Licenciándolo al gauchaje.
Que en esta despedicion
Tuviéramos la esperanza,
Que iba a venir sin tardanza
Sigun el Jefe contó,
Un menistro ó qué sé yo —
Que le llamaban Don Ganza.
Que iba á riunir el Ejército
Y tuitos los batallones —
Y que traiba unos cañones
Con más rayas que un cotin —
Pucha. ... las conversaciones
Por allá no tenian fin.
Pero esas trampas no enriedan
A los zorros de mi laya,
Que esa Ganza venga o vaya
Poco le importa á un matrero —
Yo también dejé las rayas ....
En los libros del pulpero.
Nunca juí gaucho dormido
Siempre pronto, siempre liste—
Yo soy un hombre, ¡qué Cris»«¿
Que nada me ha acobardao,
Y siempre sali parao
En los trances que me he visto.
16
EL GAUCHO
Dende chiquito gané
La vida con mi trabajo,
Y aunque siempre estuve abajo
Y no sé lo que es subir —
También el mucho sufrir
Suele cansarnos — ¡barajo!
En medio de mi inorancia
Conozco que nada valgo —
Soy la liebre o soy el galgo
A sigun los tiempos andan,
Pero también los que mandan
Debieran cuidarnos algo.
Una noche que riunidos
Estaban en la carpeta
Empinando una limeta
El Jefe y el Juez de Paz—
Yo no quise aguardar más,
Y me hice humo en un sotreta.
Me parece el campo orégano
Dende que libre me veo —
Donde me lleva el deseo
Allí mis pasos dirijo —
Y hasta en las sombras, de fijo
Que donde quiera rumbeo.
Jtíntro y salgo del peligro
Sin que me espante el estrago,
No aflojo al primer amago
Ni jamás fí gaucho lerdo: —
Soy pa rumbiar como el cerdo
Y pronto cai á mi pago.
Volvia al cabo de tres años
De tanto sufrir al ñudo
Resertor, pobre y desnudo —
A procurar suerte nueva —
Y lo mesmo que el peludo
Enderecé pa mi cueva.
No hallé ni rastro del rancho —
Solo estaba la tapera!—
Por Cristo, si aquello era
Pa enlutar el corazón —
Yo juré en esa ocasión
Ser más malo que una fiera!
ü
¡Quién no sentirá lo mesmo
Cuando ansi padece tanto!
Puedo asigurar que el llanto
Como una mujer largué —
Ay! mi Dios — sí me quedé
Mas triste que Jueves Santo!
Solo se oiban los aullidos
De un gato que se salvó,
El pobre se guareció
Cerca, en una vizcachera —
Venia como si supiera
Que estaba de güelta yo.
Al dirme dejé la hacienda
Que era todito mi haber —
Pronto debíamos volver
Sigun el Juez prometía,
Y hasta entonces cuidaría
De los bienes, la mujer.
Después me contó un vecino
Que el campo se lo pidieron —
La hacienda se la vendieron
En pago de arrendamientos
Y qué sé yo, cuántos cuentos,
Pero todo lo fundieron.
Los pobrecitos muchachos
Entre tantas afliciones
Se conchavaron de piones
¡Mas qué iban á trabajar,
Si eran como los pichones
Sin acabar de emplumar!
Por ahí andarán sufriendo
De nuestra suerte el rigor;
Me han contado que el mayor
Nunca dejaba á su hermano —
Puede ser que algún cristiano
Los recoja por favor.
¡Y la pobre mi mujer
Dios sabe cuánto sufrió!
Me dicen que se voló
Con no sé que gavilán —
Sin duda á buscar el pan
Que no podía darle yo.
No es raro que á uno le falte
Lo que á algún otro le sobro —
Si no le quedó ni un cobre
Si no de hijos un enjambre,
ÍQué más iba á hacer la pobrs
'ara no morirse de hambre?
MARTIN FIERRO
17
¡Tal vez no te vuelva a ver,
Prenda de mi corazón!
Dios te dé su protecion
Ya que no me la dio á mi —
Y i mis hijos dende aqní
Les eoho mi bendición.
Como hijitos de la cuna
Andarán por ahi sin madre —
Ya se quedaron sin padre
Y ansi la suerte los deja,
Sin naides que los proteja
Y sin perro que les ladre.
Los pobrecitos tal vez .
No tengan ande abrigarse,
Ni ramada ande ganarse,
Ni rincón ande meterse,
Ni camisa qué ponerse,
Ni poncho con qué taparse.
Tal vez los verán sufrir
Sin tenerles compasión —
Puede que alguna ocasión
Aunque los vean tiritando,
Los echen da algún jogon
Pa que no estén estorbando.
Y al verse ansina espantaos
Como se espanta á los perros,
Irán los hijos de Fierro
Con la cola entre las piernas
A buscar almas más tiernas
O esconderse en algún cerro.
Mas también en este juego,
Voy á pedir mi bolada —
A naides le debo nada
Ni pido cuartel ni doy; —
Y ninguno dende hoy
Ha de llevarme en la armada.
Yo he sido manso primero,
Y seré gaucho matrero —
En mi triste circustancia
Aunque es mi mal tan projundo,
Nací, y me he criao en estancia,
Pero ya conozco el mundo.
Ya le conozco sus mañas,
Le conozco sus cucañas,
Sé cómo hacen la partida,
La enriedan y la manejan — ■
Deshaceré la madeja
Aunqne me cueste la vida.
Y aguante el que no se anime
A meterse en tanto engorro,
O sino ápretese el gorro
O para otra tierra emigre —
Pero yo ando como el tigre
Que le roban los cachorros.
Aunque muchos eren que el gaucho
Tiene un alma de reyuno —
No se encontrará ninguno
Que no lo dueblen las penas —
Mas no debe aflojar uno
Mientras hay sangre en las vena*.
VII
De carta de mas me vía
Sin saber á dónde dirme;
Mas dijeron que era vago
Y entraron á perseguirme.
Nunca se achican los males,
Van poco á poco creciendo,
Y ansina me vide pronto
Obligado á andar juyendo.
No tenia mujer, ni rancho,
Y á más, era resertor,
No tenia una prenda güeña
Ni un peso en el tirador.
A mis hijos infelices,
Pensó volverlos á hallar —
Y andaba de un lao al otro
Sin tener ni qué pitar.
Supe una vez por desgracia
Que había un baile por allí—
Y medio desesperan
A ver la milonga fui.
Riunidos al pericón
Tantos amigos halló,
Que alegre de verme entre elloa,
Esa noohe me apedó.
Como nunca, en la ocasión
Por peliar me dio la tranca,
Y la emprendí con un negro
Que trujo una negra en anca*.
»
EL GAUCHO
Al ver llegar la morena
Que no hacia caso de naides,
Le dije con la mamúa
— «Va. . .ca. . .yendo gente al baile. j
La negra entendió la cosa
Y no tardó en contestarme
Mirándome como á perro
«Mas vaca será su madre.»
Y dentro al baile muy tiesa
Con más cola que una zorra,
Haciendo blanquiar los dientes
Le mesmo que mazamorra.
— «Negra linda» . . . .dije yo —
«Me gusta. . . .pa la carona» —
Y me puse á cbampurriar
Esta copbta fregona:
«A los blancos hizo Dios,
«A los mulatos San Pedro,
«A los negros hizo el diablo»
«Para tizón del infierno.»
Hávbia estao juntando rabia
SI moreno dende ajuera —
En lo esouro le brillaban
Los ojos como linterna.
Lo oonocí retobao
Me acerqué y le dije presto:
«Po. . .r. . .rudo que un hombre sea
«Nunca se enoja por esto.»
Corcobió el de los tamangos
Y creyéndose muy fijo:
— «Mas porrudo serás vos,
«Gaucho rotoso» me dijo.
Y ya se me vino al humo
Como á buscarme la hebra—
Y un golpe le acomodé
Con el porrón de ginebra.
Ay no más pegó el de ollin
Mas gruñidos que un chanchito,
Y pelando un envenao
Me atropello dando gritos.
Pegué un brinco y abrí cancha
Diciéndoles: — « Caballeros
«Dejen venir ese toro»
«Solo nací. . . .solo muero.»
El negro, después del golpe
Se habia el poncho refalao
Y dijo: — «Vas á saber
<Si es solo ó acompaúao.»
Y mientras se arremangó
Yo me saqeé las espuelas,
Pues malició que aquel tio
Ne era de arriar con las riendas.
No hay cosa como el peligro
Pa refrescar un mamao,
Hasta la vista se aclara
Por mucho que haiga chupao.
El negro me atropello
Como á quererme comer —
Me hizo dos tiros seguidos
Y los dos le abarajó.
Yo tenia un facón con S
Que era de lima de acero;
Le hize un tiro, lo quitó
Y vino ciego el moreno.
Y en el medio de las aspas
Un planazo le asenté,
Que lo largué culebriando
Lo mesmo que buscapié.
Le colorearon las motas
Con la sangre de la herida
Y volvió a venir furioso
Como una tigra parida.
Y ya me hizo relumbrar
Por los ojos el cuchillo,
Alcanzando con la punta
A cortarme en un carrillo.
Me hirvió la sangre en las venas
Y me le afirmé al moreno,
Dándole de punta y hacha
Pa dejar un diablo menos.
Por fin en una topada
En el cuchillo lo alcé
Y como un saco de güesos
Contra un cerco lo largó.
Tiró unas cuantas patadas
Y ya cantó pa el carnero—
Nunca me puedo olvidar
De la agonia de aquel negro.
MARTIN FIERRO
19
En esto la negra vino,
Con los ojos como agí
Y empezó la pobre allí
A bramar como una loba —
Yo quise darle una soba
A ver si la hacia callar
Más, pude reflesionar
Que era malo en aquel punto,
Y por respeto al dijunto
No la quise castigar.
Limpié el facón en los pastos,
Desaté mi redomón,
Monté despacio, y sali
Al tranco pa el canadon.
Después supe que al finao
Ni siquiera lo velaron,
Y retobao en un cuero,
Sin resarle lo enterraron.
Y dicen que dende entonces
Cuando es la noche serena,
Suele verse una luz mala
Como de alma que anda en pena
Yo tengo intención á veces
Para que no pene tanto,
De sacar de allí los güeeos
Y echarlo» el campo santo.
VIII
Otra vez en un boliche
Estaba haciendo la tarde,
Cayó un gaucho que hacia alarde
De guapo y peliador —
A la llegada metió
El pingo hasta la ramada —
Y yo sin decirle nada
Me quedé en el mostrador.
Era un terne de aquel pago
Que naides le reprendía,
Que sus enriedos tenia
Con el señor Comendante: —
Y como era protegido,
Andaba muy entonao,
Y á cualquiera desgracia»
Lo llevaba por delante.
Ah! pobre! si el mismo creiba,
Que la vida le sobraba,
Ninguno diria que andaba
Aguaitándolo la muerte —
Pero ansi pasa en el mundo,
Es ansi la triste vida —
Pa todos está escondida,
La güeña ó la mala suerte.
Se tiró al suelo, al dentrar
Le dio un empeyón a un vasco—
Y me alargó un medio frasco
Diciendo — «Beba cuñao>
— «Por su hermana» contesté,
Que por la mia no hay ouidao.»
— «Ah! gaucho, me respondió,
«De que pago será crioyo? —
«Lo andará buscando el oyó?—
«Deberá tener güen cuero?
«Pero ande bala este toro
«No bala ningún ternero »
Y ya salimos trensaos
Porque el hombre no era lerdo,
Mas como el tino no pierdo,
Y soy medio ligeron,
Le dejé mostrando el sebo
De un revés con el facón.
Y como con la justicia
No andaba bien por allí,
Cuanto pataliar lo vi,
Y el pulpero pegó el grito,
Ya pa el palenque sali
Como haciéndome el chiquito
Monté y me encomendé a Dios,
Rumbiando para otro pago —
Que el gaucho que llaman vago
No puede tener querencia,
Y ansi de estrago en estrago
Vi^e llorando la ausencia.
El anda siempre juyendo,
Siempre pobre y perseguido,
No tiene cueva ni nido
Como si juera maldito —
Porque ser gaucho .... barajo*
El ser gauoho es un delito.
20
EL GAUCHO
Es como el patrio de posta:
Lo larga este, aquel lo toma, —
Nunca se acaba la broma —
Dende chico se parece
Al arbolito que crece,
Deeamparao en la loma.
Le echan la agua del bautismo
Aquel que nació en la selva,
«Busca madre que te engüelva»
Le dice el flaire y lo larga,
Y dentra a cruzar el mundo
Gomo burro con la carga.
Y se cria viviendo al viento
Como oveja sin trasquila —
Mientras su padre en las filas
Anda sirviendo al Gobierno —
Aunque tirite de invierno
Naide lo ampara ni asila.
Le llaman «gaucho mamao»
Si lo pillan divertido,
Y que es mal entretenido
Si en un baile lo sorprienden;
Hace mal si se defiende
Y si no, se vé. . . fundido.
No tiene hijos, ni mujer,
Ni amigos ni protectores,
Pues todos son sus señores
Sin que ninguno lo ampare —
Tiene la suerte del güey —
Y donde irá el güey que no are!
Su casa es el pajonal,
Su guarida es el desierto;
Y si* de hambre medio muerto
Le echa el lazo á algún mamón,
Lo persiguen como á pleito,
Porque es un gaucho ladrón.
Y si de un golpe por ay
Lo dan güelta panza arriba,
IJo hay un alma compasiva
Que le rece una oración —
Tal vez como cimarrón
En una cueva lo tiran.
«El nada gana en la paz
Y es el primero en la guerra —
No Je perdonan si yerra,
Que no saben perdonar, —
Porque el gaucho en esta tierra
Solo sirve pa votar.
Para él son los calabozos,
Para él las duras prisiones,
En su boca no hay razones
Aunque la razón le sobre;
Que son campanas de palo
Las razones de los pobres.
Si uno aguanta es gaucho bruto -
Si no aguanta, es gaucho malo —
Déle azote, déle palo!
Porque es lo que él necesita! ! —
De todo el que nació gaucho
Esta es la suerte maldita.
Vamos suerte — vamos juntos
Dende que juntos nacimos —
Y ya que juntos vivimos
Sin podernos dividir. . .
Yo abriré con mi cuchillo
El camino pa seguir.
IX
Matreriando lo pasaba
Y á las casas no venía
Solia arrimarme de día
Mas lo mesmo que el carancho
Siempre estaba sobre el rancho
Espiando á la polecía,
Viva el gaucho que ande mal
Como zorro perseguido —
Hasta que al menor descuido
Se lo atarazquen los perros
Pues nunca le falta un yerro
Al hombre mas alvertido.
Y en esa hora de la tarde
En que tuito se adormece.
Que el mundo dentrar parece
A vivir en pura calma
Con las tristezas del alma
Al pajonal enderiese.
Bala el tierno oorderito
Al lao de la blanca oveja
Y á la vaca que se aleja
Llama el ternero amarrao —
Pero el gaucho degraciao
No tiene á quien dar su queja.
MARTIN ITERBO
11
Ansi «i que al venir la noche
Iba 4 buscar mi guarida —
Pues ande el tigre se anida
También el hombre lo pasa—
T no quería que en las casas
Me rodiára la partida.
Pues aun cuando vengan ellos
Cumpliendo con sns deberes,
Yo tengo otros pareceres
T en esa conducta vivo —
Que no debe un gaucho altivo
Peliar entre las mujeres.
Y al campo me iba sólito
Mas matrero que el venao —
Como perro abandonao
A buscar una tapera,
O en alguna viscachera
Pasar la noche tirao.
Sin punto ni rumbo fijo
En aquella inmensidá
Entre tanta oscuridá
Anda el gaucho como duende.
Allí jamás lo sorpriende
Dormido, la autoridá.
Sa esperanza es el coraje,
Su guardia es la precaución.
Su pingo es la salvación,
Y pasa uno en su desvelo,
Sin más amparo que el cielo
Ni otro amigo que el facón.
Ansi me hallaba una noche
Contemplando las estrellas
Que le parecen más bellas
Cuando uno es más desgraciao,
Y que Dios las haiga criao
Para consolarse en ellas.
Les tiene el hombre cariño
Y siempre con alegría
Ve salir las tres marías;
Que si llueve, cuanto escampa,
Las estrellas son la guía
Que el gaucho tiene en la pampa
Aqui no valen dotores,
Solo vale la esperenoia,
Aqui verían su inociencia
Esos que todo lo saben; —
Por que esto tiene otra llave
Y el gaucho tiene su cencía
Es triste en medio del campo
Pasarse noche enteras
Contemplando en sus carrera*
Las estrellas que Dios cria,—
Sin tener más compañía
Que su delito y las fieras.
Me encontraba como digo,
En aquella soledá,
Entre tanta oscuridá,
Echando al viento mis queja»,
Cuando el grito del chajá
Me hizo parar las orejas.
Como lumbríz me pegué
Al suelo para escuchar;
Pronto sentí retumbar
Las pisadas de los fletes,
Y que eran muchos ginetes
Conocí sin vacilar.
Cuando el hombre está en peligra
No debe tener confianza,
Ansi tendido de panza
Puse toda mi atención
Y ya escuché sin tardanza;
Como el ruido de un latón.
Se venían tan calladitos
Que yo me puse en cuidao,
Talvez me hubieran bombiao
Y me venían á buscar;
Mas no quise disparar
Que eso es de gaucho morao.
Al punto me santigüé
Y eché de ginebra un taco,
Lo me8mito que el mataco
Me arroyó con el porrón:
«Si han de darme pa tabaco,
Dije, «esta es güeña ocasión;»
Me refalé las espuelas,
Para no peliar con grillos,
Me arremangué el calzoncillo
Y me ajusté bien la faja;
Y en una mata de paja.
Probé el filo del cuchillo.
Para tenerlo á ). mano
El flete en el ¿asto até,
22
EL GAUCHO
La cincha le acomodé,
Y en un trance como aquel,
Haciendo espaldas en él
Quietito los aguardé.
Cuando cerca los sentí,
Y que hay nomas se pararon,
Los pelos se me erizaron
Y aunque nada veian mis ojos,
« — No se han de morir de antojo»
— Les dije, cuando llegaron.
Yo quise hacerles saber
Que allí se hallaba un varón;
Les conoci la intención
Y solamente por eso
Fué que les gané el tirón,
Sin aguardar voz de preso.
— «Vos sos un gaucho matrero»
Dijo uno haciédose el güeno,
«Vos matastes un moreno
«Y otro en una pulpería,
«Aqui está la polecia
cQue viene a justar tus cuentas;
«Te va alzar por las cuarenta
«Si te resistís hoy día.»
— «No me vengan, contesté,
«Con relación de di juntos;
«Esos son otros asuntos;
«Vean si me pueden llevar.
«Que yo no me he de entregar
«Aunque vengan todos juntos.»
Pero no aguardaron más,
Y se apiaron en montón —
Como á perro cimarrón
Me rodiaron entre todos.
Yo me encomendó á los Santos,
Y eché mano á mi facón.
Y ya vide el fogonazo
De un tiro de garabina,
Mas quiso la suerte indina
De aquel maula, que me errase
Y ay no más lo levantase
Lo mesmo que una sardina,
A otro que estaba apurao
Acomodando una bola,
Le hice una dentrada sola, ' . ".
Y le hice sentir el fierro.
Y ya salió como el perro
Cuando le pisan la cola.
Era tanta la aflicion
Y la angustia que tenían,
Que tuitos se me venían
Donde yo los esperaba,
Uno al otro se estorbaba
Y con las ganas no vían.
Dos de ellos que traiban sables
Más garifos y resueltos,
En las hilachas envueltos
Enfrente se me pararon,
Y á un tiempo me atropellaron
Lo mesmo que perros sueltos.
Me fui reculando en falso
Y el poncho adelante eché,
Y cuanto le puso el pie
Uno medio chapetón,
De pronto le di un tirón
Y de espaldas lo largué.
Al verse sin compañero
El otro se sofrenó,
Entonces le dentro yo,
Sin dejarlo resollar,
Pero ya empezó á aflojar
Y á la pu .... n .... ta disparó
Uno que en una tacuara
Había atao una tijera,
Se vino como si juera
Palenque de atar terneros,
Pero en dos tiros certeros
Salió aullando campo ajuera.
Por suerte en aquel momento
Venia coloriando el alba
Y yo dije «si me salva
«La virgen en este apure,
«En adelante le juro
«Ser mas güeno que una malvé»
Pegué un brinco y entre todos
Sin miedo me entreveró —
Echo ovillo me quedó
Y ya me cargó una yunta,
Y por el suelo la punta
De mi facón les jugué.
El mas engolocinao
Se me apio con un achazo,
Se lo quitó con el brazo
De nó, me mata los piojos;
Y antes de que diera un paso
Le eché tierra en los dos ojos.
MARTIN FIEEBO
Y mientras se sacudía
Refregándose la vista,
Yo me le fui como lista
Y ay no más me le afirme
Diciéndole: «Dios te asista»
Y de un revés lo voltié.
Pero en ese punto mestno
Sentí que por las costillas
Un sable me hacia cosquillas
Y la sangre se me heló —
Dende ese momento yo,
Me salí de mis casillas.
Di para atrás unos pasos
Hasta que pude hacer pié,
Por delante me lo eché
De puntas y tajos á un criollo;
Metió la pata en un oyó,
Y yo al oyó lo mandó.
Tal vez en el corazón
Lo tocó un Santo Bendito,
A un gaucho, que pegó el grito,
Y dijo: — «Cruz no consiente
«Que se cometa el delito ■
«De matar ansi un valiente!
Y ay no más se me aparió,
Dentrándole á la partida,
Yo les hice otra embestida
Pues entre dos era robo;
Y el Otuí era como lobo
Que defiende su guarida.
Dno despachó al infierno
De dos que lo atrepellaros,
Los demás remoliniaron,
Pues ibamob á la fija.
Y á pooo andar dispararos
Lo mesas o que sabandija.
Ay quedaban largo á largo
Loe que estiraron la geta,
Otro iba como maleta,
Y Oros de atrás les deoia:
«Que venga otra polecia
«A llevarlos en carreta.»
Yo junté las osamentas,
Me hinqué y les recé un bondttet;
Hios una cruz de un palito
Y pedí a mi Dios elemento,
Me perdonara el delito
De haber muerto tanta gente.
Dejamos amontonaos
A los pobres que murieron,
No sé si los recojieron
Porque nos fuimos a un rancho,
O si tal vez los caranchos
Ay no más se los comieron.
Lo agarramos mano á mano
Entre los dos al porrón,
En semejante ocasión
Un trago á cualquiera encanta.
Y Cruz no era remolón
Ni pijotiaba garganta.
Calentamos los gargueros,
Y nos largamos muy tiesos,
Siguiendo siempre los besos
Al pichel, y por más señas,
íbamos como cigüeñas
Estirando los pescuesos.
—«Yo me voy, le dije, amigo,
•Donde la suerte me lleve,
»Y si es que alguno se atrevo
«A ponerse en mi camino
-Yo seguiré mi destino
«Que el hombre hace lo que debo.»
«Soy un gaucho desgraciao
«No tengo donde ampararme,
«Ni un palo donde rascarme,
«Ni un árbol que me oubije;
«Pero ni aun esto me aflige
• Porque yo sé manejarme.»
«Antes de cair al servicio
«Tenia familia y hacienda,
«Cuando volví, ni la prenda,
«Me la habían dejao ya, —
«Dios sabe en loque vendrá
•A parar esta contienda.»
X
CRUZ
— Amigazo, pa sufrir
Han naoido los varones —
Estas son las ocasiones
De mostrarse un hombre juerte,
Hasta que venga la muerto
, Y lo agarre á coscorrones
24
BL GAUCHO
£1 andar tan despilchao
Ningún mérito me quita,
Sin ser un alma bendita
Me duelo del mal ageno:
Soy un pastel con relleno
Que parece torta frita.
Tampoco me faltan males
Y desgracias, le prevengo,
También mis desdichas tengo,
Aunque esto poco me aflige —
Yo sé hacerme el chancho rengo
Cuando la cosa lo esige.
Y con algunos ardiles
Voy viviendo, aunque rotoso;
A veces me hago el sarnoso
Y no tengo ni un granito,
Pero al chifle voy ganoso
Como panzon al maiz frito.
A mí no me matan penas
Mientras tenga el cuero sano,
Venga el sol en el verano
Y la escarcha en el invierno —
Si este mundo es un infierno
¿Porqué afligirse el cristiano?
Hagásmole cara fiera
A los males, compañero,
Porque el zorro más matrero
Suele cair como un chorlito;
Viene por un corderito
Y en la estaca deja el cuero.
Hoy tenemos que sufrir
Males que no tienen nombres
Pero esto á naides lo asombre
Porque ansina es el pastel;
Y tiene que dar el hombre
Más vueltas que un carretel.
Yo nunca me he de entregar
A los brazos de la muerte —
Arrastro mi triste suerte
Paso á paso y como pueda —
Que donde ei débil se queda
Se suele escapar el juerte.
Y ricuerde cada cual
Lo que cada cual sufrió,
Que lo que es, amigo, yo,
Hago ansi la cuenta mia:
Ya lo pasado pasó —
Mañana será otro dia.
Yo también tuve una pilcha
Que me enllenó el corazón —
Y si en aquella ocasión
Alguien me hubiera buscao —
Siguro que me habia hallao
Mas prendido que un botón.
En la güella del querer
No hay animal que se pierda..?
Las mujeres no son lerdas —
Y todo gaucho es dotor
Si pa cantarle el amor
Tiene que templar las cuerda^
Quién es de un alma tan dura
Que no quiera una mujer!
Lo alivia en su padecer:
Si no sale calavera
Es la mejor compañera
Que el hombre puede tener.
Si es güeña, no lo abandona
Cuando lo vé desgraciao,
Lo asiste con su cuidao,
Y con afán cariñoso
Y osté tal vez ni un rebozo
Ni una pollera le ha dao.
Grandemente lo pasaba
Con aquella prenda mia —
Viviendo con alegria
Como la mosca en la miel —
¡Amigo, que tiempo aquel!
La pucha— que la queria!
Era la águila que á un árbol
Dende las nubes bajó,
Era más linda que el alba
Cuando va rayando el sol —
Era la flor deliciosa
Que entre el trebolar creció.
Pero, amigo, el Comendante
Que mandaba la milicia,
Como que no desperdicia
Se fué refalando á casa;
Yo le conoci en la traza
Que el hombre traiba malicia.
El me daba voz de amigo,
Pero no le tenia fó —
Era el jefe, y ya se vé,
No podia competir yo —
Ea mi rancho se pegó
Lo mesmo que saguaipé.
MABTIN FIEERO
25
A poco andar conocí.
Que ya me habia desbanoao,
Y él siempre muy eutonau,
Aunque sin darme ni un cobre,
Me tenia de lao á lao
Como encomienda de pobre.
A cada rato, de chasque
Me hacia dir á gran distancia,
Ya me mandaba á una estancia.
Ya al pueblo, ya á la frontera —
Pero él en la comendancia
No ponia los pies siquiera.
Es triste á no poder más
El hombre en bu padecer,
3i no tiene una mujer
Que lo ampare y lo consuele:
Uas pa que otro se la pele
Lo mejor es no tener. —
No me gusta q'.i^ otro gallo
Le cacaree á mi gallina. —
Yo andaba ya con la espina,
Hasta que en una ocasión
Lo pillé junto al jogon
Vbrazándome á la china.
Tenia el viejito una cara
De ternero mal lamido,
Y al verlo tan atrevido
Le dije: — «Que le aproveche;
«Que habia sido pa el amor
«Como guacho pa la leche.»
Peló la espada y se vino
Como á quererme ensartar,
Pero yo sin tutubear
Le volví al punto á decir:
— «Cuidao no te vas á pór....tigo
Pone cuarta pa salir.»
Un puntazo me largó
Pero el cuerpo le saqué,
Y en cuanto se lo quité
Para no matar un viejo,
Con cuidao, medio de lejos
Un planazo le asenté.
Y como nunca al que manda
Le falta algún adulón
Uno que en esa ocasión
Se encontraba allí presente,
Vino apretando los dientes
Como perrito mamón.
Me hizo un tiro de revuelver
Que el hombre creyó siguro,
Era confiao y le juro
Que cerquita se arrimaba —
Pero siempre en un apuro
Se desentumen mis tabas.
El me siguió menudiando
Mas sin poderme asertar,
Y yo, déle culebriar
Hasta que al fin le dentré
Y ay nomas lo despaché
Sin dejarlo resollar.
Dentré á campiar enseguida
Al viejito enamorao,
El pobre se habia ganao
En un noque de lejía —
¡Quién sabe como estarla
Del susto que habia llevao!
Es zonzo el cristiano macho
Cuando el amor lo domina! —
El la miraba á la indina,
Y tina cosa tan jedionda
Sentí yo, que ni en la fonda
He visto tal jedentina.
Y le dije: — «Pa su agüela
«Han de ser esas perdices»
Yo me tapé las narices,
Y me salí estornudando,
Y el viejo quedó olfatiando
Como chico con lumbrices.
Cuando la muía recula
Señal que quiere cosiar —
Ansi se suele portar
Aunque ella lo disimula,
Recula como la muía
La mujer, para olvidar.
Alcé mi poncho y mis prendas
Y me largué á padecer
Por culpa de una mujer
Que quiso engañar á dos —
Al rancho le dije adiós
Para nunca más volver.
Las mujeres, dende entonces,
Conocí á todas en una —
Ya no he de probar fortuna
Con carta tan conocida:
Mujer y perra parida,
No se me atraca ninguna.
26
EL GAUCHO
XI
A otros les brotan las copla*
Como agua de manantial;
Pues a mi me pasa igual:
Aunque las mias nada valen,
De la boca se me salen
Como ovejas del corral.
Que en puertiando la primer»,
Ya la siguen las demás,
Y en montones las de atrás,
Contra los palos se estrellan,
Y saltan y se atrepellan
Sin que se corten jamás.
Y aunque yo por mi inorancia
Con gran trabajo me esplico,
Cuando llego á abrir el pico
Téngalo por cosa cierta,
Sale un verso y en la puerta
Ya asoma el otro el hocico.
Y emprésteme su atención
Me oirá relatar las penas
De que traigo la alma llena—»
Porque en toda circustancia,
Paga el gaucho su inorancia
Con la sangre de sus venas.
Después de aquella desgracia
Me refugié en los pajales,
Andube entre los cardalea
Como vicho sin guarida — -
Pero, amigo, es esa vida
Como vida de animales.
Y son tantas las miserias
En que me he sabido ver
Que con tanto padecer
Y sufrir tanta aflicion
Malicio que he de tener
Un callo en el corazón.
Ansi andaba como guacho
Cuando pasa el temporal —
Supe una vez por mi mal
De una milonga que habia,
Y ya pa la pulpería
Enderezó mi bagual.
Era la casa del baile
Un rancho de mala muerte,
Y se enllenó de tal suerte
Que andábamos á empujones —
Nunca faltan encontrones
Cuando un pobre se divierte.
Yo tenia unas medias botas
Con tamaños verdugones —
Me pusieron los talones
Con crestas como los gallos
Si viera mis afliciones
Pensando yo que eran callos.
Con gato y con fandanguillo
Habia empezao el changango
Y para ver el fandango
Me colé haciéndome bola —
Más, metió el diablo la ocla,
Y todo se volvió pango.
Habia sido el guitarrero
Un gaucho duro de boca —
Yo tengo pacencia poca
Pa aguantar cuando no debo,
A ninguno me le atrevo
Pero me halla el que me tooa.
A bailar un pericón
Con una moza salí,
Y cuanto me vido allí
Sin duda me conoció —
Y estas coplitas cantó
Como por rairse de mi;
«Las mujeres son todas
«Como las muías —
«Yo no digo que todas
«Pero hay algunas
«Que á las aves que vuelan
«Les sacan plumas.»
«Hay gauchos que presumen
«De tener damas —
«No digo que presumen
«Pero se alaban
«Y á lo mejor los dejan
«Tocando tablas.»
Se secretiaron las hembras —
Y yo ya me encocoré —
Volió la anca y le grita
<Dejá de cantar chioharra»
Y de un tajo á la guitarra
Tuitas las cuerdas corté.
MARTIN FIERRO
29
Al ponto salió de adentro
Un gringo con un jusil —
Pero nunca he sido vil,
Poco el peligro me espanta —
Yo me refalé la manta
Y la eché sobre candil.
Gané en seguida la puerta
Gritando: — «Naides me ataje»
Y alborotao el embraje
Lo que todo quedó escuro,
Empezó á verse en apuro
Mesturao con el gauchage.
El primero que salió
Fué el cantor y se me vino —
Pero yo no pierdo el tino
Aunque haiga tomao un trago —
Y hay algunos por mi pago
Que me tienen por ladino.
No ha de haber achocao otro—
Le salió cara la broma;
A su amigo cuando toma
Se le despeja el sentido,
Y el pobrecito había sido
Como carne de paloma.
Para prestar un socorro
Las mujeres no son lerdas —
Antes que la sangre pierda
Lo arrimaron á unas pipas —
Ay lo dejé con las tripas
Como pa que hiciera cuerdas.
Monté y me largué a los campos
Más libre que el pensamiento,
Como las nubes al viento
A vivir sin paradero,
Que no tiene el que es matrero
Nido, ni rancho, ni asiento.
No hay fuerza contra el destino
Que le ha señalao el cielo —
Y aunque no tenga consuelo
Aguante el que está en trabajo—
¡Naides se rasca pa abajo!
¡Ni se lonjea contra el pelo!
Con el gaucho desgraciao
No hay uno que no se entone —
La menor falta lo espone
A andar con los avestruces!
Faltan otros con mas luces
Y siempre hay quien los perdone.
xn
Yo no sé que tantos meses
Esta vida me duró.
A veces nos obligó
La miseria á comer potro—
Me había acompañao con otros
Tan desgraciaos como yo. —
Más ¿para qué platicar
Sobre esos malee, — canejo?
Nace el gaucho y se hace viejo,
Sin que mejore su suerte,
Hasta que por ay la muerta
Sale á cobrarle el pellejo.
Pero como no hay desgracia
Que no acabe alguna ves,
Me aconteció que después
De sufrir tanto rigor,
Un amigo por favor
Me compuso con el juez.
Le alvertiré que en mi pago
Ya no va quedando un criollo,
Se los ha tragao el oyó,
O juido ó mnerto en lo guerra
Porque, amigo, en esta tierra
Nunca se acaba el embrollo. —
Colijo que jȎ por eso
Que me llamó el juez un dia,
Y me dijo que queria
Hacerme á su lao venir,
Y que dentrase á servir
De soldao de Polecia.—
Y me largó una ploclama
Tratándome de valiente.
Que yo era un hombre decente,
Y que dende aquel momento
Me nombraba de sargento
Pa que mandara la gente.
Ansi estuve en la partida
Pero, ¿qué había de mandar?
Anoche al irlo á tomar
Vide güeña coyuntura —
Y á mí no me gusta andar
Con la lata á la cintura.
30
EL GAUCHO
Ya conoce, pues quien soy.
Tenga confianza conmigo,
Cruz le dio mano de amigo
Y no lo ha de abandonar —
Juntos podemos buscar
Pa los dos un mesmo abrigo.
Andaremos de matreros
Si es preciso pa salvar —
Nunca nos ha de faltar
Ni un güen pingo pa juir'
Ni ur. pajal ande dormir,
Ni un matambre que ensartar.
Y cuando sin trapo alguno
Nos haiga el tiempo dejao —
Yo le pediré emprestao
El cuero á cualquiera lobo
Y hago un poncho, si lo sobo,
Mejor que poncho engomao.
Para mi la cola es pecho
Y el espinazo cadera —
Hago mi nido ande quiera
T de lo que encuentro como —
Me echo tierra sobre el lomo
Y me apeo en cualquier tranquera.
Y dejo rodar la bola
Qne algún dia se ha de parar —
Tiene el gaucho que aguantar
Hasta que lo trague el oyó —
0 hasta que «enga algún criollo
En esta tierra mandar.
Lo miran al pobre gauoho
Como carne de cogote:
Lo tratan al estricote —
Y si ansi las cosas andan,
Porque quieren los que mandan
Aguantemos los azotes.
Pucha — si usté los oyera
Como yo en una ocasión,
Tnita la conversación
Que con otro tuvo el juez —
Le asiguro que esa vez
Se me achicó el corazón.
Hablaban de hacerse ricos
Con campos en las fronteras —
De sacarla mas ajuera
Donde habia campos baldidos
Y llevar de los partidos ¿
Gente que la defendiera.
Todos se güelven proyetOB
De colonias y carriles —
Y tirar la plata a miles
En los gringos enganchaos,
Mientras al pobre soldao
Le pelan la chaucha — ah! viles!
Pero si siguen las cosas
Como van hasta el presente
Puede ser que de repente
Veamos el campo disierto,
Y blanqueando solamente
Los güesos de los que han muerto
Hace mucho que sufrimos
La suerte reculativa. —
Trabaja el gancho y no arriba.
Porque á lo mejor del casu.
Lo levantan de un sogazo
Sin dejarle ni saliva.
De los males que sufrimos
Hablan mucho los pueblero»
Pero hacen como los teros
Para esconder sus niditos:
En un lao pegan los gritos
Y en otro tienen los güevos.
Y se hacen los que no aciertan
A dar con la coyontura —
Mientras al gaucho lo apura
Con rigor la autoridá,
Ellos á la enfermeda
Le están errando la cura.
XIII
MARTIN FIERRO
Ya veo que somos los dos
Astillas del mesmo palo —
Yo paso por gaucho malo
Y usté anda del mesmo modo,
Y yo pa acabarlo todo
A los Indios me refalo.
Pido perdón á mi Dios
Que tantos bienes me hizo—
Pero dende que es preciso
Que viva entre los infieles —
Yo seré cruel con los crueles—
Ansi mi suerte lo quisj.
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MARTIN FIERRO
33
Dios formó lindas las florea,
Delicadas «jomo son —
Les dio toda perfecion
Y cuanto él era capaz —
Pero al hombre le dio mas
Cuando le dio el corazón.
Le dio claridá á la luz,
Juerza en su carrera al viento
Le dio vida y movimiento
Dende el águila al gusano —
Pero más le dio al cristiano
Al darle el entendimiento.
Y aunque á las aves les dio
Con otras cosas que inoro,
Esos piquitos como oro
Y un plumaje como tabla —
Le dio al hombre mas tesoro
Al darle una lengua que habla.
Y dende que dio á las fieras
Esajuria tan inmensa,
Que no hay poder que las venst
Ni nada que las asombre —
¿Qué menos le daría al hombre
Que el valor pa su defensa?
Pero tantos bienes juntos
Al darle, malicio yo
Que en sus adentros pensó
Que el hombre los precisaba,
Pues los bienes igualaba
Con las penas que les dio.
Y yo empujao por las mias
Quiero salir de este infierno: —
Ya no soy pichón muy tierno
Y sé manejar la lanza —
Y ba-ta los Indios no alcanza
La faculta del Gobierno.
Yo sé que allá los caciques
Amparan á los cristianos,
Y que lo tratan de «Hermanos»
Cuando se van por su gusto —
A qué andar pasando sustos...,
Alcemos el poncho y vamos.
En la cruzada hay peligros
Pero ni aun esto me aterra —
Yo ruedo sobre la tierra
Arrastrao por mi destino —
Y si erramos el camino ....
No es el primero que lo erra.
Si hemos de salvar ó nó —
De esto naide nos responde,
Derecho ande el sol se esconde
Tierra adentro hay que tirar,
Algún dia hemos de llegar. . ,
Después sabremos á donde.
No hemos de perder el rumbo
Los dos somos güeña yunta —
El que es gaucho va ande apunta;
Aunque inore ande se encuentra;
Pa el lao en que el sol se dentra
Dueblan los pasos la punta.
De hambre no perecemos
Pues sigun otros me han dicho
En los campos se hallan vichos
De lo que uno necesita ....
Gamas, matacos, mulitas,
Avestruces y quirquinchos.
Cuando se anda en el desierto
Se come uno hasta las colas —
Lo han cruzado mujeres solas
Llegando al fin con salú,
Y á de ser gaucho el ñandú
Que se escape de mis bolas.
Tampoco á la sé le temo,
Yo la aguanto muy contento,
Busco agua olfatiando al viento
Y dende que no soy manco,
Ande hay duraznillo blanco
Cabo, y la saco al momento.
Allá habrá seguridá
Ya que aquí no la tenemos,
Menos males pasaremos
Y ha de haber grande alepria,
El dia que nos descolguemos
En alguna toldería.
Fabricaremos un toldo
Como lo hacen tantos otros,
Con unos cueros de potro
Que sea sala y sea cocina,
¡Tal vez no falte una china
Que se apiade de nosotros!
Allá no hay que trabajar,
Vive uno como un señor —
De cuando en cuando un malón—
Y si de él sale con vida,
Lo pasa echao panza arriba
Mirando dar güelta el sol.
84
EL GAUCHO MARTIN FIERRO
Y ya qué á juerza de golpes
La suerte nos dejó aflús,
Puede que allá veamos luz
Y se acaben nuestras penas;
Todas las tierras son güeñas
Vámosnos amigo Cruz.
El que maneja las bolas,
El que sabe echar un pial,
Y sentársele á nn bagual
Sin miedo de que lo baje,
Entre los mesmos salvajes
No puede pasarlo mal.
El amor como la guerra
Lo hace el criollo con canciones —
A mas de eso en los malones
Podemos aviarnos de algo,
En fin, amigo yo salgo,
"De estas pelegrinaciones.
En este punto, el cantor
Buscó un porrón pa consuelo.
Eohó un trago como un cielo,
Dando fin á su argumento;
Y de un golpe el istrumento,
Lo hizo astillas contra el suelo.
• Ruempo, dijo, la guitarra,
Pa no volverme á tentar,
Ninguno la ha de tocar
Por siguro ténganlo;
Pues naides ha de cantar
Cuándo este gaucho cantó
Y daré fin á mis coplas
Con aire de relación,
Nunca falta un preguntón
Mas curioso que mujer,
Y tal vez quiera saber
Como jué la conclusión:
Cruz y Fierro de una estancia
Una tropilla se arriaron —
Por delante se la echaron
Como criollos entendidos,
Y pronto sin ser sentidos
Por la frontera cruzaron.
Y cuando la habían pasao,
Una madrugada clara
Le dijo Cruz que mirara
Las últimas poblaciones
Y á Fierro dos lagrimoneb
Le rodaron por la cara.
Y siguiendo el fiel del rumbo
Se entraron en el desierto —
No sé si los habrán muejrto,
En alguna correria,
Pero espero que algún dia
Sabré de ellos algo cierto.
Y ya con estas noticias
Mi relación acabé,
Por ser ciertas las contó,
Todas las desgracias dichas —
Es un telar de desdichas
Cada gaucho que usté vé.
Pero ponga su esperanza
En el Dios que lo formó,
Y aquí me despido yo
Que he relatao á mi modo,
leales <q.-u.e coxxoce». toáLo*
3?ero q.-u.e naides ca.2a.to.
-j apy»r h-
OTRAS COMPOSICIONES DEL Sr. HERNÁNDEZ
EL VIEJO Y LA NIÑA
Cruza un arroyo inocente
Sobre un campo de esmeralda,
Y á su orilla cr<3ce un sauce
Reflejándose en sus aguas.
En parentes onda9,
Serenas, limpias y mansas,
Varios descuidados cisnes
Su blanco plumaje, bañan.
Los pintados pajarillos,
Saltando de rama en rama,
Enamorados y alegres,
Con sus dulces trinos cantan,
Y las flores caprichosas,
Que crecen entre la grama,
Aquel manto de verdura,
Entapizan y engalanan.
Y las perfumadas brisas,
Al cruzar en tenue calma,
Rosan leve y suavemente,
Agua, cisnes, flor y grama.
Pálido un rayo de sol,
Que se quiebra entre las ramas.
Va á reflejar moribundo
Ea las cristalinas aguas.
Del verde sauce á la sombra
Un pobre viejo descansa,
Pura la mirada y limpia,
Serena, aunque triste el alma.
A sus trémulas rodillas
Alegre una niña salta,
Y tna sonrosados dedos
Entre sus canas enlaza.
En las huellas de la vida
M lastra en su faz arrugada,
Y ella refleja en su frente
La pureza y la esperanza
De la sien del viejo penden
Escalas hebras de plata,
Pues ddga tan poco el mundo
Que hasta deja pocas canas,
Y ella los sedosos rizos,
Flotantes sobre la espalda,
Por la brisa acariceados
No suelta, sino derrama,
El es la verdad del fin
Es la realidad ingrata;
Y ella es la ilusión risueña
Que dá vida á la esperanza.
El es el árido invierno
Con su nieve y sus escarchas,
Es desierto, soledad,
Repulsión, tinieblas, nada.
Y en la senda de la niña,
la primavera derrama
Todas sus galas floridas
Con generosa abundancia.
El es la noche sombría,
Ella la aurora galana,
Ella viene y el se vá
Libre de oongoja el alma.
Ella en su inquieta ir. ; ¡a
Jugueteando con sus c-.uiaa
— Porqué motivo, le dice,
Tienes la cabeza blanca?
Fija en la niña el anciano
Pura y serena mirada,
Sus secos labios contrae
Lijera sonrisa amarga
— «No sabes, niña inocente,
No sabes niña adorada
Que la vida se parece
A la antorcha que se apaga?
Seductoras ilusiones,
Nuestra juventud engañan
Y al retirarse fugaces
El tinte del pelo cambian
Vienen muchos desencantos
Muere ó se vá la esperanza;
Que la esperanza de ayer
Es desencanto mañana
Y solo nos deja el mundo
Al terminar la jornada,
Al espíritu congojas
Pero no á los ojos lágrimas,
Solo deja el desengaño
Y tristezas en el alma,
Las arrugas en el rostro
Y en la cabeza las canas!!»
Oyó la niña el sermón
Sin entender ni palabra, ,
Pues la vida tiene aún
Arcanos que ella no alcanza.
Se fué á arrojar juguetona
Piedrecillas en el agua,
Los oisnes tienden el vuelo
Y el viejo vuelve á su casa
36
UTRAS COMPOSICIONES
Las flores signen creciendo,
Las agnas siguen su marcha,
Sigue el sauce dando sombra,
Sigue el pajare en sus ramas.
Sigue la brisa apasible
Y al venrde follaje arranca
Esa tímida armonia
Que solo persibe el alma
Mas yo he seguido hasta aquí,
Y es tiempo de decir basta,
Porque las penas son mias
Y soy dueño de ocultarlas.
Yo soy ese pobre viejo
Lleno de arrugas y canas
Y es la niña juguetona,
La lectora de esta fábula.
Guarde ella sus ilusiones,
Yo mis tristezas amargas,
Ella sus blondos cabellos
Y yo mis escasas canas.
Que ya fugaron veloces
Las ilusiones del alma;
Pues ayer compró un billete
Y no me he sacado nada.
LOS DOS BESOS
Volaron aquellas horas
En que la mente delira:
Sin cuerdas está mi lira
Y sin fuego el corazón.
Y pues que cantar no puedo
Tus encantos y embelesos,
A una historia de dos besos
Presta, niña, tu atención.
En los inmensos espacios
Dos besos que iban errantes,
Vagos, perdidos, flotantes,
Se llegaron á encontrar.
Y al tocarse levemente,
Yerto el uno y maldecido,
Tembló el otro, como herido
Por aquel roce fatal.
Y entre el éter las nubes,
Dó el trueno tiene su cuna,
Dn tibio rayo de luna
Los ilumina á los dos.
Y el silencio interrumpiendo
Que en los espacios reinaba,
Un genio que alli pasaba
Oyó la siguiente voz:
— ¿Quién eres?
— ¿A donde vas?
Por el espacio, infinito?
— Tan fresco tú.
— Tu marchito
— ¿De donde saliste, di?
— Yo soy ternura.
— Yo rabia.
— Yo dulzura.
— Yo doler.
— Yo soy hijo del Amor
— Yo del odio y frenesí.
— Yo vierto un alma en otra alma
Divinizando las dos:
Soy el hábito de Dios,
Soy inocencia y virtud.
— Y yo soy remordimiento
Infamia, oprobio, perfidia:
Soy maldición, soy envidia.
Y perversa ingratitud.
— Yo soy perfume suave,
Soy celestial armonia,
Soy placer, soy alegría,
Soy esperanza que brota.
— Yo soy maldición, blasfemia.
Soy rencor de furias lleno,
Soy para el alma, veneno
Que destila gota á gota.
— Yo soy pureza y esencia.
— Yo crimen y falsedad.
— Yo salvé á la humanidad,
— Yo á la humanidad perdí.
— Soy yo de origen divino
— A mi el infierno me hizo.
— Yo nací en el Paraíso,
— Yo en Jerusalen nací.
— Yo soy vitud
— Yo maldad
— Yo inocencia
— Yo delito
— Yo soy deleite infinito.
— Yo soy infinito horror.
— Digámonos, pues, quien somos,
Y así saldremos de dudas
—Yo soy el beso de Judas
— Yo el primer beso de Amo?.
DEL SEÑOR HERNÁNDEZ
Y los dos al separarse,
Para seguir tu camino
Por un mandato Divino
Se miraron con horror,
— [Adiós! yo busoo en el mundo
Odios, venganzas, agravios!...-...,
Y yo unos candidos labios
Que me den vida y calor.
EL CARPINTERO
Al compás de su herramienta
Mientras trabaja afanoso
Así sus desdichas cuenta,
Asi canta y se lamenta
Un carpintero amoroso.
«Es mi vida su mirada,
Y cuando su voz escucho,
Siento mi alma arrebatada
De tierno gozo inundada
— Muchacho, trae el cerrucho.
«Brotan de sus ojos bellos
Penetrando el corazón
Esos fulgidos destellos
Y absorto me quedo en ello».
— Muchacho, trae el formón.
«De sus labios de granada
Se escapa de amor el soplo,
Y es ondeante y perfumada
"•abellera rizada
cho, trae el escoplo.
«Y mi vida antes serena
Tornóse agitada y turbia
Cambióse el placer en frena,
De amor gimo en la cadena,
Muchacho, traeme la gurbia.
«Y cariñoso con ella
Inocente el cefiríllo
Juega al mirarla tan bella
Fulgente como una estrella,
Muchacho, trae el cepillo.
«Por ella es este dolor
Por ella siento esta pena,
Y ella con su cruel rigor
Desdeña, ingratal mi amon
Muchacho, trae la barrena.»
Y amante sigue sus Dantos
Y sus eternas disputas
Aliviando sus quebrantos
Con sus amorosos cantos
Entre tablas y virutas.
CANTARES
Ubros
Ce
La vit
Pa
Y da vi'
Con ..
Pero 1.
Tiene para i
Dedos dt
A las unas les gustan
Crónicas viejas,
Y gustan a las niñas
Lindas novelas —
Mas no me asusto
De que tengan entre ellas
Distintos gustos.
Y para que no digan
Que en impolítico,
Después de estas verdades
Haré un cumplido
Las viejas, vivan!
Que son madres ó abuelas
De lindas niñas.
LA VUELTA
-DE-
MARTIN FIERRO
POR
JOSÉ HERNÁNDEZ
DECIMA EDICIÓN ADORNADA CON DIEZ LAMINAS
CASA EDITORA Y DEPOSITO GENERAL
LIBRERÍA -MARTIN FIERRO — 147, BOLÍVAR, 147
1894
Quatro palabras de conversación con los Lectores
trego á la benevolencia pública, ron el
titulo: LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO,
la segunda parte (ie una obra que ha tenido
ana acolgida tan generosa, que en seis años
se han repetido once ediciones con un total
de cuarenta y ocho mil ejemplares.
El cuanto á su parte literaria, solo diré
que no se debe perder de vista al juzgar los
defectos del libro, que es copia fiel de uu
original que los tiene, y repetiré, que muchos
tos están allí coa el objeto de hacer
mas evidente y clara la imitación de los que
lo son en realidad.
Un librp destinado a despertar la inteli-
gencia y el amor á la lectura cu una pobla-
casí primitiva, á servir de provechoso
recreo, después de las fatigosas tareas, á
millares de personas que jamás han leído,
debe ajustarse estrictamente á los usos y
costumbres de esos mismos lectores, rendó"
sus ioeas é interpretar sus sentimientos en
su mismo lenguaje, en sus frases mas usua-
les, en su forma mas general, aunque sea in-
correcta; con sus imágenes de mayor relie-
ve, y con sus giros mas característicos, á fin
de que el libro se identifique con ellos de
una manera tan estrecha é íntima, que su
lectura no sea sino una continuación natural
i existencia.
Solo así pasan sin violencia del hrabajo al
libro; y solo así, esa lectura puede serles
amena, interesante y útil.
1 Ojalá hubiera un libro que gozara ilel di-
choso privilegio de circular incesantemente
de mano en mano en esa inmensa población
niñadas en nuestras vastas campañas,
v que bajo una forma que lo hiciera agrada-
ble, que asegurara su popularida 1, sirviera
d>' ameno pasatiempo á sus lectores, pero: —
Enseñando que el trabajo honrado es la
fuente principal de toda mejora y bienestar —
Enalteciendo las virtudes morales que na-
cen de la ley natural y que sirven de base
á todas las" virtudes sociales—
Inculcando en los hombres el sentimiento
de veneración hacia su Creador, inclinándo-
los á obrar bien —
Aleando las superticiones ridiculas y ge-
neralizadas que nacen de una deplorable i-
gnorancia —
Tendiendo' á regularizar y dulcificar ¡as
costumbres, enseñando por" medios hábil
mente escondidos, la moderación y el apre-
cio de sí mismo; el respecto á los demás,
estimulando la fortaleza por el espectáculo
del ¡nlortunio acerbo, aconsejando la perse-
verancia en el bien y la resignación en los
trabajos —
Recordando á los Padres los deberes que
la naturaleza les impone para con sus hijos,
poniendo ante sus ojos los males que pro-
duce su olvido, induciéndolos por ese medio
á que mediten y calculen por si mismo to-
dos los beneficios de su cumplimiento —
Enseñando á los hijos como deben respe-
tar y honrar á los autores de sus dias—
Fomentando en el esposo el amor á su
esposa, recordando á esta los santos debe-
res de su estado; encareciendo la felicidad
del hogar, enseñando á todos á tratarse con
respeto reciproco, robusteciendo por todos
estos medios los vínculos de la familia v de
la sociabilidad-
Afirmando en los ciudadanos el amor á
la libertad, sin apartarse del respeto que es
debido á los superiores y magistrados —
Enseñando á los hombres con escasas no-
ciones morales, que deben ser humanos y
clementes, caritativos con el huérfano y con
el desvalido; fieles á la amistad; gratos á
los favores recibidos; enemigos de la holga-
ría v del vicio; conforme con los cam-
bios de iortuna: amantes de la verdad, tole-
rantes, justos y prudentes siempre.
Un libro que todo esto, mas que esto, ó
parte de esto enseñara sin decirlo, sin reve-
lar su pretencion, sin dejarla conocer si-
quiera, seria indudablemente un buen libro,
y por cierto; que levantaría ti nivel moral é
intelectual de sus lectores aunque dijera
naiáes por nadie, resertor por desertor, mes-
mo por mismo, ó otros barbarismos seme-
jantes; cuya enmienda le está reservada á la
escuela, llamada á llenar un vacio que el
.espetar, y á corregir vicios y.
(os (ie i- a, que son también ele-
mentos de que se debe apoderar el arte para
combatir y estirpar males morales mas fun-
damentales y trascendentes, examinándolo
bajo el punto de vista de una filosofía mas
elevada y pura.
El progreso de la locución no es la base
progreso social, y un libro que se propu-
siera tan elevados fines, deberia prescinder
por completo de las delicadas formas de la
cultura de Li frase, subordinándose á las
imperiosas exigencias de sus propósitos mo-
ralizadores, que serian en tal caso el éxito
buscado.
Los personajes colocados en escena de
berian hablar en su lenguaje peculiar y pro-
pío, con su originalidad, su gracia y sus de-
itcíos naturales, porque despojados de ese
ropaje, lo serian igualmente de su carácter
típico, que es lo único que los hace simpá-
tico, conservando la imitación y la verosimi-
litud en el fondo y en la forma.
Entra también en esta parte la elección
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
del prisma á Iravers del cual le es permitido
á cada uno estudiar sus tiempos. Y acep-
tando esos defectos como un elemento, se
idealiza también, se piensa, se inclina á los
deanas á que piensen igualmente, y se agru-
pan, se preparan y conservan pequeños mo-
numentos de arte, para los que ha de estu-
diarlo mañana y levantar el grande monu-
mento de la historia de nuestra civilización.
El gaucho no conoce ni siquiera los ele-
mentos de su propio idioma, y seria una im-
propriedad cuando menos, y una falta de
Terdad muy censurable, que quien no ha
abierto janíás un libro, siga las reglas de
arte de Blair, Hermosilla ó la Academia.
El gaucho no aprende á cantar. Su único
maestro es la espléndida naturaleza que en
variados y majestuosos panoramas se estien-
de delante de sus ojos.
Canta porque hay en é ! cierto impulso
moral, algo de métrico, de rítmico que do-
mina en su organización y que lo lleva hasta
el estraordinario extremo" de que, todos sus
refranes, sus dichos agudos, sus proverbios
comunes son espresados en dos versos octo-
sílabos perfectamente medidos, acentuados
con inflexible regularidad, llenos de armonía,
de sentimiento y de profunda intención.
Eso mismo hace muy difícil, sino de todo
punto imposible, distinguir y separar cuales
son los pensamientos originales del autor, y
cuales los que son recojidos de las fuentes
populares.
No tengo noticia que exista ni que haya
existido una raza de hombre aproximados
y la naturaleza, cuya, sabiduría proverbial
llene todas las condiciones rítmicas de nues-
tros proverbios gauchos.
Qué singular es, y quá digno de observa-
ción, el oir á nuestors paisanos anas incultos,
expresar en dos versos claros y sencillos,
máximas y pensamientos morales que las
naciones mas antiguas, la India y la Persia,
conservavan como el tesoro inestimable de
su sabiduría proverbial ; que los griegos escu-
chaban con veneración de boca de sus sa-
bios mas profundos, de Sócrates, fundador
de la moral, de Platón y de Aristóteles; que
entre los latinos difundió gloriosamente el
afamado Séneca; que los hombres del Norte
les dieron lugar preferente en su robusta y
enérgica literatura; que la civilización mo-
derna repite por medio de sus moralistas mas
esclarecidos, y que se hallan consagrados
fundamentalmente en los códigos religiosos
de todos los grandes reformadores de la hu-
manidad.
Indudablemente, que hay cierta semejanza
intima, cierta indentidad misteriosa entre to-
das las razas del globo que solo estudian en
el gran libro de la naturaleza; pues que de
él deducen, y vienen deduciendo desde hacen
mas de tres mil años, la misma enseñanza,
las mismas virtudes naturales, espresadas
en prosa por todos los hombres del globo, y
en versos por los gauchos que habitan las
vastas y fértiles comarcas que se estienden
á las dos márgenes del Plata.
Kl corazón humano y la moral son los
mismos en todos los siglos.
Las civilizaciones difieren esencialmente
«Jamás se hará, dice el doctor Don V. F
López en ' su prologo á Las Neurosis, un
profesor ó un catedrático Europeo de un
Braema; • esí debe ser: pero no ofrecería la
misma dificultad el hacer de un gaucho un
Braema lleno de sabiduría; si es que los
Bracmas hacen consistir toda su ciencia en
su sabiduría proverbial, según los pinta el
sabio .conservador de la Biblioteca Nacional
de París, en «La sabiduría popular de toda.*
las Naciones» que difundió en el nuevo
mundo el americano Pazos Kanki.
Saturados de ese espíritu gaucho hav en-
tre nosotros algunos poetas de formas muy
cultas y correctas, y, no ha de escasear el
género, porque es una producción legítima v
espontánea del país, y que, en verdad, no
se manifiesta únicamente en el terreno flo-
rido de la literatura.
Concluyo aqui, dejando á la consideración
de los benévolos lectores, lo que yo no pue-
do decir sin estender demasiado este prefa-
cio poco necesario en las humildes coplas
de un hijo del desierto.
¡Sea el público indulgente con él! v acepte
esta humilde producción, que le dedicamos
como que es nuestro mejor y mas antiguo
amigo.
La originalidad de un libro debe empezar
en el prologo.
Nadie se sorprenda por lo tanto, ni de la
forma ni de los objetos que este abraza; y
debemos terminarlo haciendo público nues-
tro agradecimiento hacia los distinguidos
escritores que acaban de honrarnos con su
fallo, como el señor D. José Tomás Guido,
en una bellísima carta que acogieron defe-
rentes La Tribuna y La Prensa, y que re-
produjeron en sus columnas varios periódi-
cos de la Bepública.— El Dr. D. Adolfo Sal-
días, en un meditado trabajo sobre el tipo
histórico y social del gaucho.— El Dr. D.
Miguel Navarro Viola, en la última entrega
de la Biblioteca Popular, estimulándonos,
con honrosos términos, á continuar en la
tarea empezada.
Diversos periódicos de la ciudad y cam-
paña, como El Heraldo, del Azul, La' Patria,
de DoloreSg El Oeste, de Mercedes, y otros,
han adquirido también justos títulos *á nues-
tra gratitud, que conservamos como una
deuda sagrada.
Terminamos esta breve reseña con La
Capital, del Bosario, que ha anunciado La.
Vuelta de Martin Fierro, haciendo con-
cebir esperanzas que Dios sabe si van á ser
satisfechas.
Ciérrase este prologo, diciendo que se
llama este libro La Vuelta de Martin
Fierro, porque este titulo le dio el público,
antes, mucho antes de haber yo pensando en
escribirlo; y allá va á correr tierras con mi
bendición paternal.
JOSÉ HERNÁNDEZ.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
MARTIN FIERRO
Atención pido al silencio
Y silencio á la atención.
Que voy en esta ocackm
Si me ayuda la memoria.
A mostrarles que á mi historia
Le faltaba lo mejor.
Viene uno como dormido
Cuando vuelve del desierto;
Veré si ú esplicarme acierto
Entre gente tan bizarra,
Y si al sentir la guitarra
De mi sueño me dispierto.
Siento que mi pecho tiembla
Que se turba mi razón,
Y de la vigüela al son
Imploro á la alma de un sabio.
Que venga á mover mi sabio
Y alentar mi corazón.
Si no llego á treinta y una
De fijo en treinta me planto,
ita confianza adelanto
Porque recibí en mi mismo.
Con el agua del bautismo
La faculta para el canto.
Tanto e! pobre como el r*
La razón me la han de dar:
Y si llegan á escuchar
Lo que esplicaré á mi modo.
Digo que no han de reir todos,
Algunos han de llorar.
Mucho tiene que contar
El que (tuvo que sufrir.
Y empezaré por pedir
No duden de cuanto digo;
Pues debe crerse al testigo
Sino pagan por mentir.
Gracias le doy á la virgen
Gracias le doy al Señor,
Porque entre tanto rigor
Y habiendo perdito tanto.
No perdí mi amor al canto
Ni mi voz como cantor.
Que cante todo viviente
Otorgó el Eterno Padre,
(ante todo el que le cuadre
Lomo lo hacemos los dos,
Pues solo no tiene voz
El ser que no tiene sangre
Canta el pueblero... y es pueta.
Canta el gaucho... y ay ! Jesús!
Lo miran como avestruz
Su inorancia los asombra;
Mas siempre sirven las sombras
Para distinguir la luz
El campo es del inorante,
El pueblo del hombre cstruido;
Yo que en el campo he nacido
Digo que mis cantos son.
Para los unos... sonidos
Y para oíros... intención.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Yo he conocido cantores
Que era un gusto el escuchar
Mas no quieren opinar
Y se divierten cantando;
Pero yo canto opinando
Que es mi modo de can tai-.
El que va por esta senda
Cuanto sahe desembueba,
Y aunque mi cencia no es mucha.
Esto en mi favor previene;
Yo se el corazón que tiene
El que con gusto me escucha.
Lo que pinta este pincel
Ni e tiempo lo ha de lx>rrar,
Ninguno se ha de animar
A correggirme la plana;
No pinta quien tiene gano
Sino quien sabe pintar.
Y no piensen los oven tes
Que del saber hago alarde;
He conocido aunque tarde
Sin haberme arrepentido,
Que es pecado cometido
El decir ciertas verdades.
Pero voy en mi camino
Y nada me ladiará,
He de decir la verdá,
De naide soy adulón.
Aqui no hay imitación
Esto es pura realidá.
Y el que me quiera enmendar
Mucho tiene que saber —
Tiene mucho que aprender
El que me sepa escuchar —
Tiene mucho que rumiar
El que me quiera entender.
Mas que yo y cuantos me oigan
Mas que las cosas que tratan
Mas que lo que ellos relatan
Mis cantos han de durar —
Mucho ha habido que mascar
Para h echar esta bravata.
Brotan quejas de mi pecho,
Brota un lamento sentido ;
Y es tanto lo que he sufrido
Y males de tal tamaño.
Que reto á todos les años
A que fraigan el olvido.
Ya verán si me dispierto
Como se compone el baile —
• Y no se sorprenda naides
Si mayor fuego me anima;
Porque quiero alzar la prima
Como pa locar al aire. —
Y con la cuerda tirante
Dende que ese tono elija.
Yo no he de aflojar manija
Mientras que la voz no pierda;
Sino se corta la cuerda
O no cede la clavija. ¡
Aunque rompí el eslrumenlo
Por no volverme á tentar —
Tengo tanto que contar
Y cosas de tal calibre
Que Dios quiera que se libre
El que me enseñó á templar.
De naides sigo el ejemplo
Naide á dirigirme viene —
Yo digo cuanto conviene
Y el que en tal güeya se plant,
Debe cantar cuando canta
Con toda la voz que tiene.
He visto rodar la bola
Y no se quiere parar,
Al fin de tanto rodar
Me he decidido á venir
Y ver si peudo vivir
Y me dejan trabajar.
Sé dirigir la mansera
Y también echar un pial —
Sé correr en un rodeo —
Trabajar en un corral —
Me sé sentar en un pértigo
Lo mesme que en un bagual.
Y empriestenme su atención
Si ansi me quieren honrar,
De nó, tendré que callar
Pues el pájaro cantor
Jamás se para á cantar
En árbol que no dá flor.
Hay trapitos que golpiar
Y de aquí no me levanto;
Escúchenme cuando canto
Si quieren que desembuche —
Tengo que desirles tanto
Que les mando que me escuchen.
Déjenme tomar un ü-ago
Estas son atrás cuarenta,
Mi garganta está sedienta
Y de esto no me abochorno—
Pues el viejo como el horno
Per la boca se calienta.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
2
Triste suena mi guitarra
T el asunto lo requiere —
Ninguno alegrías espere
Sino sentidos lamentos,
De aquel que en duros tormentos
Nace, crece, vive y muere. —
Enla orilla de un arroyo
Solitario lo pasaba.
En mil cosas cavilaba
Y á una güelta repentina
Se me hacia ver á mi china
O escuchar que me llamaba.
Y las aguas selenitas
Bebe el pingo trago á trago —
Mientras sin ningún halago
Pasa uno hasta sin comer.
Por pensar en su mujer.
En sus hijos y en su pago.
Llegada de Cruz y Fierro a las tolderías
Es triste dejar sus pagos
Y largarse á tierra agesta
Llevándose la alma llena
De tormentos y dolores,
Mas nos llevan los rigores
Como el pampero á la arena
Irse á cruzar el desierto
Lo mesmo que un fot-agid*.
Dejando aqui en el olvido
Como dejamos nosotros,
Su mujer en brazos de olio
Y sus hijitos perdidos. —
Cuantas veces al craza ■
En esa inmensa llanura.
Al verse en tal desventura
Y tan lejos de los suyos
Se lira uno entre los yuyos
A llorar con amargura.
Recordarán que con Cruz
Para el desierto tiramos —
En la pampa nos entramos,
Cayendo por fin del viaje
A unos toldos de salvajes,
Los primeras que encontramos.
La desgracia nos seguía,
Llegamos en mal momento-
Estaban en parlamento
Tratando de una invasión,
Y el indio en tal ocasión
Recela hasta de su aliento.
Se armó un tremendo alboroto
Cuando nos vieron llegar.
No podíamos aplacar
Tan peligroso hervidero;
Nos tomaron por Ixjmberns
Y ñas quisieron laudar
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Nos quitaron los caballos
A los muy pocos minutos;
Estaban irresolutos.
Quien sabe que pretendían,
Por los ojos nos metian
Las lanzas aquellos brutos.
Y dele en su lengüeteo
Hacer gestos y cabriolas;
Uno desató las bolas
Y se nos vino en seguida;
Ya no creiamos con vida
Salvar ni por carambola.
Allá no hay misericordia
Ni esperanza que tener —
El indio es de parecer
Que siempre matarse debe —
Pues la sangre que no bebe
Le gusta verla correr.
Cruz se dispuso á morir
Peliando y me convidó —
Aguantemos dije yo
El fuego hasta que nos queme-
Menos los peligros teme
Quien mas veces los venció.
Se debe ser mas prudente
Cuando el peligro es mayor;
Siempre se salva mejor
Andando con advertencia,
Porque no está la prudencia
Reñida con el valor.
Vino al fin el lenguaraz
Como á trairnos el perdón,
Nos dijo — «La salvación
«Se la deben á un cacique
«Me manda que les esplique
«Que se trata de un malón.
«Les ha dicho á los demás
«Que ustedes queden cautivos
«Por si cain algunos vivos
«En poder de los cristianos,
«Rescatar á sus hermanos
«Con estos dos fugitivos .
Volvieron al parlamento
A tratar de sus alianzas.
O tal vez ile las matanzas,
Y conforme les detallo—
Hicieron cerco á caballo
Recostándose en las lan/.;is.
Dentra al centro un indio viejo
Y allí á lengüetiar se larga.
Quien sabe que les encarga.
Pero toda la riunion
Lo escuchó con atención
Lo menos tres horas largas.
Pegó al fin tres alaridos
Y ya principia otra danza;
Para mostrar su pujanza
Y dar pruebas de ginete
Dio riendas rayando el flete
Y revoliando la lanza.
Recorre luego la fila.
Frente á cada indio se para,
Lo amenaza cara á cara
Y en su juria aquel maldito
Acompaña con su grito
El cimbrar de la tacuara.
Se vuelve aquello un incendio
Mas feo que la mesma guerra-
Entre una nube de tierra
Se hizo allí una mescolanza,
De potors. indios y lanzas
Con alaridos que aterran.
Parece un baile de fieras,
Sigun yo me lo imagino —
Era inmenso el remolino.
Las voces aterradoras —
Hasta que al fin de dos horas
Se aplacó aquel torbellino
De noche formaban cerco
Y en el centro nos poniam —
Para mostrar que querían
Quitarnos toda esperanza
Ocho ó diez filas de lanzas
Al rededor nos hacían.
Allí estaban vigilantes
Cuidándonos á porfía.
Cuando roncar parecían
«Huaincúy gritaba cualquiera,
Y toda la fila entera
« Huaincá » — « Hnaincá repetía.
Pero el indio es dormilón
Y tiene un sueño projundo —
, Es roncador sin segundo
Y en tal confianza es su vida,
Que ronca á pata tendida
Aunque se dé güelta el mundo.
Nos averiguaban todo
Como aquel que se previene —
Porque siempre les conviene
Saber las juersas que andan.
Donde están, quienes las mandan
Que caballos y armas tienen.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
A cada respuesta nuestra
Uno hace una esclamación —
Y luego en continuación
Aquellos indios i'eroces —
Cientos y cientos de voces
Repiten el mesmo son.
Y aquella voz de uno solo
Que empieza por un gruñido —
Llegr. hasta ser alarido
De toda la muchedumbre —
Y ansi alquieren la costumbre
De pegar esos bramidos.
3
De esc modo nos hallantes
Empeñaos en la partida —
No hay que darla por perdida
dura que sea la suerte;
Ni que pensar en la muerte,
Sino en soportar la vida.
Se endurece el carrazón.
No temt peligro alguno —
Por encontrarlo oportuno
Allí juramos los «los:
Respetar lan solo á Dios
De Dios abajo, á ninguno
E3 mal es árbol que crece
Y que cortado retoña —
La gente esperta ó visofia
Sufre de infinitos modos —
La tierra es madre de tod
Pero también dá ponzoña.
Mas todo varón prudente
Sufre tranquilo sus males —
Yo siempre los hallo ¡guales
En cualquier senda que eüjo
La desgracia tiene hijos
Aunque <!la no tiene madre —
Y al que le toca la herencia
Donde quiera halla su ruina —
Lo que la suerte destina
No puede el hombre evitar —
Porque el cardo ha de pinchar
Es que nace con espina.
Es el destino del pobre
En continuo safarranelio.
Y pasa como el carancho
Porque el mal nunca se sacia.
Si el viento de la desgracia
Vuela las pajas del rancho.
Mas quien manda los pesares
Manda también el consueE- —
Ea luz que baja del cielo
Alumbra al mas encumbran
Y hasta el pelo mas delgao
Hace su sombra en el suelo.
Pero por mas que uno sufra
E'i rigor que. lo atormente
Xo debe bajar la frente
Nunca — por ningún moliv<
El álamo es mas altivo
Y gime constantemente.
El indio pasa la vida
Robando ó echa.) de panza-
La única ley es la lanza
A que se ha de someter —
Lo que le falta en satnr
Lo suplo con desconfianza.
Fuera cosa de engarzarlo
A un indio caritativo —
Es duro con e! cautivo.
Ee dan un trato h< rroroso —
Es astuto y receloso,
Es audaz y vengativo —
No hay que pedirle favor
Ni que aguardar tolerancia —
Movidos por su inorancia
Y de puros desconfíaos —
pusieron separaos
Bajo sutil vigilancia —
No pude tener con Cruz
Ninguna conversación —
No nos daban ocación,
Nos trataban como ajenos—
Como dos años lo menos
Duró ésta separación.
iielatar nuestras penurias
Fuera alargar el asunto —
Ees diré sobre este punto
Que á los dos años recien
.Vos hizo el cacique el bien
De dejarnos vivir juntos.
10
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Nos retiramos con Cruz
A la orilla de un pajal —
Por no pasarlo tan mal
En el desierto infinito
Hicimos come un bendito
Con dos cueros de bagual
Fuimos á esconder allí
Nuestra pobre situación
Aliviando con la unión
Aquel duro cautiverio —
Tristes como un cementerio
Al toque de la oración.
Debe el hombre ser valiente
Si á rodar, se determina;
Primero, cuando camina;
Segundo, cuando descansa.
Pues en aquellas andansas
Perece el que se acoquina.
Cuando es manso el ternerifco
En cualquier vaca se priende-
El que gaucho esto lo entiende
Y há de entender si le digc,
Que andábamos con mi amigo
Como pan que no se vendo.
Guarecidos en el toldo
Charlábamos mano á mano —
Eramos dos veteranos
Mansos pa las sabandijas,
Arrumbaos como cubijas
Cuando calienta el verano
El alimento no abunda
Por mas empeño que se haga;
Lo pasa uno como plaga.
Ejercitando la industria —
Y siempre como la nutria
Viviendo á orillas del agua.
En semejante ejercicio
Se hace diestro el cazador —
Cai el piche engordador,
Cai el pájaro que trina —
Todo vicho que camina .
Va á parar al asador —
Pues allí á los cuatro vientos
La persecución se lleva,
Naide escapa de la leva
Y dende que el alba se asoma
Ya recorre uno la loma,
El bajo, el nido y la cueva.
El que vive de la caza
A cualquier vicho se atreve —
Que pluma ó cascara lleve,
Pues cuando la hambre sé siente
El hombre le clava el diente
A todo lo que se mueve.
En las sagradas alturas
Está el maestro principal,
Que enseña á cada animal
A procurarse el sustento
Y le brinda el alimento
A todo ser racional. —
Y aves, y vichos y pejt's.
Se mantienen de mil modos;
Pero el hombre en su acomodo
Es curioso de oscrvar:
Es el que sabe llorar —
Y es el que los come á todos.
Antes de aclarar el día
Empieza el indio á aturdir
La pampa con su rugir,
Y en alguna madrugada
Sin que sintiéramos nada
Se largaban á invadir —
Primero entierran las prendas
En cuevas como peludo;
Y aquellos indios cerdudos
Siemper llenos de recelos,
En los caballos en pelos
Se vienen medio desnudos.
Para pegar el malón
El mejor flete precuran—
Y como es su arma segura
Vienen con la lanza sola,
Y varios pares de bolas
Atados á la cintura. —
De ese modo anda liviano,
No fatiga el mancarrón;
Es su espuela en el malón,
Después de bien afilao
Un cuernito de venao
Que se amarra en el garrón.
El indio que tiene un pingo
Que se llega á distinguir,
Lo cuida hasta pa dormir;
Da ese cuidado es eclavo —
Se lo alquila á otro indio bravo
Cuando vienen á invadir.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
11
Por vigilarlo no come
Y ni aun el sueño concilia —
Solo en eso no hay decidía.
De noche, les asiguro,
Para tenerlo seguro,
Le hace cerco la familia.
Por eso habrán visto ustedes.
Si en el caso se han hallan.
Y sino lo han oservao
Ténganlo dende hoy presente —
Que todo pampa valiente
Anda siempre bien monteo.
Marcha el indio á trote largo
Paso que rinde y que dura;
Viene in direcion sigura
Y jamás á su capricho —
No se les escapa vicho
En la noche mas escura.
Caminan entre tinieblas
Con un cerco bien formao;
Lo estrechan con gran cuidao
Y agarran al aclarar
Nanduces, gamas, venaos —
Cuanto ha podido dentrar.
Su señal es un humito
Que se eleva muy arriba —
Y no hay quien no lo aperaba
Con esa vista que tienen;
De todas partes se vienen
A engrosar la comitiva.
A usina se van juntando,
Hasta hacer esas riuniones
Que cain en las invasiones
En número tan crecido —
Para formarla* han salido
De los últimos rincones.
Es guerra crudel la del indio
Porque viene como fiera ;
Atropella donde quiera
Y de asolar no se cansa —
De su pingo y de su lanza
Toda salvación espera.
Debe atarse bien la faja
Quien aguardarlo se atreva;
Siempre mala intención lleva.
Y como tiene alma grande
No hay plegaria que lo ablande
Ni dolor (fue lo conmueva.
Odia de muerte al cristiano .
Hace guerra sin cuartel —
Para matar es sin yel,
Es fiero de condición —
No golpea la compasión
En el pecho del infiel.
Tiene la vista del águila
Del león la temeridá —
En el desierto no habrá
Animal que él no lo entienda —
Ne fiera de quien no aprienda
Un istinto de crueldá.
Es tenaz en su barbarie
No esperen verlo cambiar-.
El deseo de mejorar
En su rudeza no cabe —
El bábaro solo s
Emborracharse y peliar.
El indio nunca se rie
Y el pretenderlo es en vano,
Ni cuando festeja ufano
El triunfo en sus correrías —
La risa en sus alegrías
Le pertenece al cristiano.
Se cruzan por el desierto
Como un animal feroz —
Dan cada alarido atroz
Que hace erizar los cabellos,
Parece que á todos ellos
Los ha maldecido Dios.
Todo el peso del trabajo
Lo dejan á las mujeres —
El indio es indio y no quiere
Apiar de su condición.
Ha nacido indio ladrón
Y como indio ladrón muere.
El que envenenen sus armas
Les mandan sus hechiceras —
Y como ni á Dios veneran
Nada á los pampas contiene —
Hasta los nombres que tienen
Son de animales y fieras. —
Y son, por ; Cristo bendito!
Los mas desaciaos del mundo —
Esos indios vagabundos
Con repunancia me acuerdo, —
Viven lo mesmo que el cerdo
En esos toldos inmundos.
Naides puede imaginar
Una miseria mayor —
Su probeza causa horror —
No sabe aquel indio bruto
Que la tierra no dá fruto
Sino la riega c! sudor.
12
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
5
Aquel desierto se agita
Cuando la invasión regresa —
Llevan miles de cabezas
De vacuno y yeguarizo,
Pa no afligirse es preciso
Tener bastante firmeza.
Aquello es un hervidero
De pampas— un celemin—
Cuando riunen el botin
Juntando toda la hacienda.
Es cantidá tan tremenda
Que no alcanza á verse el fin.
Vuelven las chinas cargadas
Con las prendas en montón;
Aflije esa destrucción —
Acomodaos en cargueros
Llevan negocios enteros
Que han saquiado en la invasión.
Su pretensión es robar,
No quedar en el pantano —
Viene á tierra de cristianos
Como furia del infierno;
No se llevan al gobierno
Porque no lo hallan á mano.
Vuelven locos de contentos
Cuando han venido á la fija —
Antes que ninguno elija
Empiezan con todo empeño,
Como dijo un santiagueño,
A hacerse la repartija.
Se reparten el botin
Con igualdá. sin malicia;
No muestra el indio codicia,
Ninguna falta comete —
Solo en esto se somete
A una regla de justicia.
Y cada cual con lo suyo
A sus toldos enderiesa —
Luego 3a matanza empieza
Tan sin razón ni motivo,
Que ne queda animal vivo
De esos miles de cabezas.
Y satifecho el salvaje
De que su oficio, ha cumplido
Lo pasa por ay tendido
Volviendo á su haraganiar —
Y entra la china á cueriar
Con un afán desmedido.
A veces á tierra adentro
Algunas puntas se llevan.
Pero hay pocos que se atrevan
A hacer esas incursiones,
Porque otros indios ladrones
Les suelen pelar la breva.
Pero pienso que los pampas
Deben ser de los mas rudos —
Aunque andan medio desnudos
Ni su convenencia entienden,
Por una vaca que venden
Quinientas matan al ñudo.
Estas cosas y otras piores
Las he visto muchos años;
Pero si yo no me engaño
Concluyo ese bandalaje.
Y esos bárbaros salvajes
Non podrán hacer mas daño.
Las tribus están desechas;
Los caciques mas altivos
Están muertos ó cautivos
Privaos de toda esperanza
Y de la chusma y de lanza,
Ya muy pocos quedan vivos.
Son salvajes por completo
Hasta pa su diversión —
Pues hacen una junción
Que naides se la imagina;
Recien le toca á la china
El hacer su papelón.
Cuanto el hombre es .mas salvaje
Trata pior á la mujer —
Yo no sé, que pueda haber
Sin ella dicha ni goce —
¡Feliz el que la conoce
Y logra hacerse querer!
Todo el que entiende la vida
Rusca á su lao los placeres—
.Justo es que las considere
El hombre de corazón;
Solo los cobardes son
Valientes con sus mujeres.
Pa servil- á un desgraciao
Pronta la mujer está —
Cuando en su camino vá
No hay peligro que la astille;
Ni hay una á quien no le guste
Una obra de caridá.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
13
No se hallará una mujer
A la que esto no le cuadre —
Yo alabo al Eterno Padre. —
No porque las hizo bellas.
Sino porque á todas ellas
Le., dio corazón de madre.
Es piadosa y deligente
Y sufrida en los trabajos:
Tal vez su valer rebajo
Aunque la estimo bastante.
Mas los indios ignorantes
La tratan al estropajo.
Echan la alma trabajando
Bajo el mas duro rigor —
El marido es su señor.
Como tirano la manda
Porque el indio no se ablanda
Ni siquiera en el amor.
No tiene cariño á naides
Ni sabe lo que es amar —
;Ni que se puede esperar
Ue aquellos pechos de bronce!
Yo los conocí al llegar
Y los calé dente entonces —
Mientras tiene que comer
Permanece sosegao —
Yo que en sus toldos he estao
Y sus costumbres oservo —
Digo que es como aquel cuervo
Que no volvió del mandao.
Es para él como juguete
Escupir un crucifijo —
Pienso que Dios los maldijo
Y ansina el ñudo desato;
El indio, el cerdo y el gato,
Redaman sangre del hijo.
tías ya ron cuentos de pampas
No ocuparé su atención —
Debo pedirles perdón
Pues sin querer me distraje,
Por hablar de los salvajes
Ife olvidé de la junción.
Hacen un cerco de lanzas,
Los indios quedan ajucra-
Dentra la china ligera
Como yeguada en la trilla.
Y empieza allí la cuadrilla
A dar güelías en la era —
A un lao están los caciques
Capitanejos y el trompa;
Tocando con toda pompa
Como un toque de fagina;
Adentro muere la china
Sin que aquel círculo rompa
Muchas veces se les oven
A las pobres los quejidos;
Mas son lamentos perdidos-
Al rededor del cen
En el suelo están mamaos
Los indios dando alaridos.
Su canto es una palabra
Y de ay no salen jamas —
Llevan todos el compás
lokú-Iokú repitiendo.
Me parece estarlas viendo
Ma¿ fieras que satanás. —
Al trote dentro del cerco,
Sudando, hambrientas, juriosas
Desgreñadas y rotosas
De sol á sol se lo llevan —
Bailan, aunque truene ó llueva,
Cantando la mesma cosa.
6
El tiempo sigue en su giro
Y nosotros solitarios,
De los indios sanguinarios
No teníamos que esperar —
El que nos salvó al llegar
Era el mas hospitalario.
Mostró noble corazón,
Cristiano anhelaba ser
La justicia es un deber,
Y sus mérilos nó cali
Nos regaló unos caballos
Y á veces nos vino á ver.
A la volunta de Dios
Ni con la intención resisto —
El nos salvó.... pero, ah ; Cristo i
Mochas veces he deseado
No nos hubiera salvado
Ni jamas haberlo visto.
14
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Quien recil>e beneficios
Jamas los debe olvidar;
Y al que tiene que rodar
En su vida trabajosa.
Le pasan á veces cosas
Que son duras de pelar. —
Voy dentrando poco a poco
En lo triste del pasage —
Cuando es amargo el brebage
El corazón no se alegra —
Dentro una virgüela negra
Que los diezmó á los salvajes.
Al sentir tal mortandá
Los indios desesperaos,
Gritaban alborotaos
< Cristiano echando gualicho»
No quedó en los toldos vicho
Que no salió redotao. —
Sus remedios son secretos,
Los tienen las adivinas —
No los conocen las chinas
Sino alguna ya muy vieja,
Y es la que los aconseja
Con mil embustes la indina.
Alli soporta el paciente ,
Las terribles curaciones —
Pues á golpes y estrujones
Son los remedios aquellos —
Lo agarran de los cabellos
Y le arrancan los mechones.
Les hacen mil herejías
Que el presenciarla da horror —
Rrama el indio de dolor
Por los tormentos que pasa;
Y untándolo todo en grasa
Lo ponen á hervir al sol.
Y puesto allí boca arriba
Al rededor le hacen fuego —
Una china viene luego
Y al oído le da de gritos —
Hay algunos tan malditos
Que sanan con este juego.
A otros les cuecen la boca
Aunque de dolores cruja —
Lo agarran allí y lo estrujan.
Labios le queman y dientes
Con un güevo bien caliente
De alguna gallina bruja.
Conoce el indio el peligro
Y pierde toda esperanza —
Si á escapárseles alcanza
Dispara come un liebre —
Le dá delirios la fiebre
Y ya le cain con la lanza.
Esas fiebres son terribles,
Y aunque de esto no disputo,
Ni de saber me reputo,
Será, decíamos nosotros,
■ De tanta carne de potro
Como comen esos brutos.
Habia un gringuito cautivo
Que siempre hablaha del barco-
Y lo augaron en un charco
Por causante de ia peste —
Tenia los ojos celestes
Como potrillito zarco.
Que le dieran esa muerte
Dispuso una china vieja;
Y aunque se aflije y se queja.
Es inútil qué resista —
Ponia el infeliz la vista
Como la pone la oveja.
Nosotros nos alejamos
Para no ver tanto estrago —
Cruz sentía los amagos
De la peste que reinaba —
Y la idea nos acosaba ,
De volver á nuestros pagos.
Pero contra el plan mejor
El destino se revela —
¡La sangre se me congela!
El que nos habia salvado.
Cayó también atacado
De la fiebre y la virgüela.
No podíamos dudar
Al verlo el tal padecer
El fin que habia de tener.
Y Cruz que era tan humano:
«Vamos» me dijo, paisano
«A cumplir con un deber».
Fuimos á estar á su lado
Para ayudarlo á curar—
Lo vinieron á buscar
Y hacerle como á los otros;
Lo defendimos nosotros,
No lo dejamos lanciar.
Iba creciendo la plaga
Y la mortandá seguía;
A su lado nos tenia,
Cuidándolo con pacencia —
Pero acabó su existencia
Al fin de unos pocos días.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
15
El recuerdo me atormenta.
Se renueva mi pesar —
Me dan ganas de llorar
Nada á mis penas igualo;
Cruz también cayó muy malo
Ya para no lenvantar.
Todos pueden figurarse
Cuanto tuve que sufrir;
Yo no hacia sino gemir
Y aumentaba mi aflicion.
No saber una oración
Pa ayudarlo a bien morir.
De rodillas á su lado
Yo lo encomendé á Jesús! —
Falló á mis ojos la luz —
Tube un terrible desmayo—
Cai como herido del rayo
Cuando lo vi muerto á Cruz.
.\fartiu Rorro meditando en la Tumba <ie su amigo Cr
Se le pasmó la virgüela.
Y el pobre estaba en un grito —
Me recomendó un hijito
Que en su pago había dejado.
«Ha quedado abandonado
«Me dijo, aquel pobrecito. »
«Si vuelve, busqucmeló,
Me repelía ;i media voz —
«En el mundo eramos dos
«Pues él ya no tiene madre:
• Que sepa el fin de su padre
«Y encomiende mi alma á Dios»,
Lo apretaba contra el pecho
Dominao por el dolor —
Era su pena mayor
El morir allá entre infieles-
Sufriendo dolores crueles
Entregó su alma al Criador.
7
Aquel bravo campanero
En mis brazos espiró;
Hombre que tanto sirvió,
Varón que fué tan prudente.
Por humano y por valiente
En el desierto murió. —
Y yo, con mis propias manos
Yo mesmo lo sepulté —
A Dios por su alma rogué
De dolor el pecho lleno —
Y humedeció aquel terreno
El llanto que retíame.
16
LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO
Cumplí con mi obligación.
No hay falta de que me acuse
Ni deber de que me escuse
Aunque de dolor sucumba —
Allá señala su tumba
Una cruz que yo le puse.
Andaba de toldo en toldo
Y todo me fastidiaba—
El pesar me dominaba
Y entregao al sentimiento,
Se me hacia cada momento
Oir á Cruz que me llamaba
Cual mas, cual menos los criollos
Saben lo que es amargura —
En mi triste desventura
No encontraba otro consuelo
Que ir á tirarme en el suelo
Al lao de su sepultura.
Allí pasaba las horas
Sin haber naides conmingo —
Teniendo á Dios por testigo —
Y mis pensamientos fijos,
En mi mujer y mis hijos,
En mi pago y en mi amigo.
Privado de tantos bienes
Y perdido en tierra agena —
Parece que se encadena
El tiempo y que no pasara,
Como si el sol se parara
A contemplar tanta pena.
Sin saber que hacer de mi
Y entregado á mi aflición,
Estando allí una ocasión,
Del lao que venia el viento
Oi unos tristes lamentos
Que llamaron mi atención.
No son raros los quejidos
En los toldos del salvaje,
Pues aquel es vandalaje
Donde no se arregla nada
Sino á lanza y puñalada
A balazos y á coraje.
No preciso juramento.
Deben creerle á Martin Fierro —
lie visto en ese destierro
A un salvaje que se irrita,
Degollar una chinita
Y tirársela á las perros
He presenciado martirios
He visto muchas crueldades —
Crímenes y atrocidades
Que el cristiano no imagina;
Pues ni el indio ni la china
Sabe lo que son piedades.
Quise curiosear los llantos
Que llegaban hasta mi,
Al punto, me dirigí.
Al lugar de ande venían —
Me horrorisa todavía
El cuadro que descubrí'!
Era una infeliz mujer
Que estaba de sangre llena —
Y como una Mádalena
Lloraba con toda gana. —
Conocí que era cristiana
Y esto me dio mayor pena.
Cauteloso me acerqué
A un indio que estaba al lao;
Porque el pampa es desconfia.)
Siempre de lodo cristiano,
Y vi que tenia en la mano
El rebenque ensangrentao.
8
Mas tarde supe por ella,
De manera positiva,
Que dentro una comitiva
De pampas á su partido,
Mataron á su marido
Y la llevaron cautiva.
En tan dura servidumbre
Hacían dos años que eslaba-
Un hijito que llevaba
A su lado lo tenia—
La china la aborrecía
Tratándola como esclava.
Deseaba para escaparse
Hacer una tentativa —
Pues á la infeliz cautiva
Naides la va á redimir.
Y allí tiene que sufrir
El tormentto mientras viva.
Aquella china perversa
Dende el punto que llegó
Crueldá y orgullo mostró
Porque el indio era valiente —
Usava un collar de dientes
De cristianos que él mató.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
17
La mandaba trabajar,
Poniendo cerca á su hijito
Tiritando y dando gritos
Por la mañana temprano,
Atado de pies y manos
Lo mesmo eme un oorderito.
Ansí le imponía tarea
De juntar leña y sembrar
Viendo á su hijito llorar
Y hasta que no terminaba
La china no la dejaba
Que le diera de mamar.
Cuando no tenia trabajo
La emprestaban á otra china —
Naides. decía, se imagina.
Ni es capaz de presumir
Cuanto tiene que sufrir
La infeliz que está cautiva.
Si ven crecido á su hijito
(lomo de piedá no entienden.
Y á suplicas nunca atienden.
Cuando OO es este es el otro
Se lo quitan y lo venden
0 lo cambian por un potro. —
En la crianza de los suyos
Son bárbaros por demás.
No la había visto ¡amas:
En una tabla los alan
Los crian ansi. y les achatan
I.. i cabeza por detrás.
Aunque esto paresca estrafto
Ningumn lo puma en duda
Entro aquella «ente ruda,
En su barbara torpeza,
Es gala que la cabeza
lev forme puntiaguda
Aquella china malvada
Que tanto la aborrecía,
Empezó á decir un «lia
Porque falleció una hermana.
Que sin duda la cristiana
Le había echado brugería
El indio la saco al campo
Y la empezó á amenazar
le había de confesar
Si la brujería era cierta:
O que la iba á castigar
Hasta rpie quedara muerta
Llora la pobre aflijida.
el indio en su rigor
arrebató con fin o
Al hijo de entre sus brazos,
Y del primer rebencazo
La hizo crugir de dolor.
Que aquel salvaje tan cruel
Azotándola seguía,
Mas y mas se enfurecía
Cuanto mas la castigaba,
Y la infebz se atajaba
Los golpes como podía.
Que le gritó muy furioso
Confechando no <¡ucris
La dio vuelta de un revés
Y por calmar su amargura.
A su tierna criatura
Se la degolló á los pies. —
Es increíble, me decía,
Que tanta fiereza esista —
No habrá madre que resista.
Aquel salvaje inclemente
Cometió Iraquí lamente
Aqttd crimen á mi vista.
Esos orrores tremendos
No los inventa el cristiano —
Ese bárbaro inhumano.
Sollozando me lo dijo.
Me amarró luego las manos
Con las Iripílas de mi hijo .
9
De ella fueron ios lamentos
Que en mi soledá escuché —
En cuanto al punto llegué
Quedé enterado de todo —
Al mirarla de aquel modo
Ni un instante tutubié.
Toda cubierta de sa..
Aquella infeliz cautiva,
Tenia dende abajo arriba
l.a marca de los laza/os. —
Sus trapos hechos pedazos
Mostraban la carne viva.
Alzó los ojos al cielo
En sus lágrimas bañada,
Tenia las manos aladas
Su tormento estaba claro;
Y me clavó una mirada
(ionio pidiéndome amparo.
18
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Yo no sé lo que pasó
En mi pecho en ese instante,
Estaba el indio arrogante
Con una cara feroz :
Para entendernos los dos
La mirada fué bastante.
Pegó un brindo como gato
Y me ' ganó la distancia-
Aprovechó esa ganancia
Como fiera cazadora —
Desató las boliadoras
Y aguardó con vigilancia
Aunque y!o iba de curioso
Y no por buscar contienda,
Al pingo le até la rienda
Eché mano dende luego,
A éste que no yerra fuego,
Y ya se armó la tremenda.
El peligro en que me hallaba
Al momento conocí —
Nos mantubimos ansi,
Me miraba y lo miraba;
Yo, al indio le desconfiaba
Y él me desconfiaba á mi.
Se debe ser precabido
Cuando el indio se agasape —
En esa postura el tape
Vale por cuatro ó por cinco —
Como tigre espara al brinco
Y fácil que á uno lo atrape.
Peligro era atropellar
Y era peligro el jüf;
Y mas peligro seguir
Esperando de este modo,
Pues otros podian venir
. Y carinarme allí entre todos.
A juerza de precaución
Muchas veces he salvado,
Pues en un trance apurado
Es mortal cualquier descuido —
Si Cruz hubiera vivido
No habría tenido cuidado.
Un hombre junto con otro
En valor y en juerza crece —
El temor desaparece,
Escapa de cualquier trampa —
Entre dos, no digo un pampa,
A la tribu si se ofrece —
En tamaña incertidumbre
En trance tan apurado,
No podía por decentado
Escaparme de otra suerte.
Sino dando al indio muerte
O quedando alli estirado.
Y como el tiempo pasaba
Y aquel asunto me urgia,
Viendo que él no se movia,
Me fui medio de soslayo
Como a agarrarle el caballo
A ver si se me venia.
Ansi fué, no aguardó mas
Y me atropello el salvaje —
Es preciso que se ataje
Quien con el indio peleé —
El miedo de verse á pié
Aumentaba su coraje.
En la dentrada no mas
Me largó un par de bolazos —
Uno me tocó en un brazo —
Si me dá bien, me lo quiebra-
Pues las bolas son de piedra
Y vienen como balazo.
A la primer puñalada
El pampa se hizo un ovillo —
Era el salvaje mas pillo
Que he visto en mis correrias-
Y á mas de las picardías
Arisco para el cuchillo.
Las bolas las manejaba
Aquel bruto con destreza.
Las recogía con presteza
Y me las volvía á largar.
Haciéndomelas silvar
Arriba de la cabeza.
Aquel indio, como todos
Era cauteloso... ay juna!
Ay me vahó la fortuna
De que peliando se apotra —
Me amenazaba con una,
Y me largaba con otra.
Me sucedió una desgracia
En aquel percance amargo,
En momentos que lo cargo
Y que él reculando vá —
Me enredé en el chiripá
Y cai tirao largo á largo.
Ni pa encomendarme á Dios
Tiempo el salvaje me dio;
Cuanto en el suelo me víó
Me saltó con ligereza—
Juntito de la cabeza
El bolazo retumbó. —
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
19
Ni por respeto al cuchillo
Dejó el indio de apretarme —
Alli pretende ultimarme
Sin dejarme levantar —
Y no me daba lugar
Ni siquiera á enderezarme.
Devalde quiero moverme
Aquel indio no me suelta —
Como persona resuella
Toda mi fuerza ejecuto —
Pero abajo de aquel bruto
No podia ni darme guelta.
Bendito Dios poden
Quien le puede comprender I
Cuanto á una débil mujer
Le diste en esa ocasión
La fuerza que en un varón
Tal vez no pudiera haber. —
infeliz tan llor
Viendo el peligro se anima-
Corno una flecha se arrima
Y olvidando su ai'lieion.
Le pegó al indio un tirón
Que me lo sacó de encima.
Ausilio tan generoso
Ife libertó del apuro —
Si no es ella, de siguro
Que el indio me sacrifi —
Y mi valor se duplica
un ejemplo tan pruro.
En cuanto me enderecé
volvimos á t.>par —
No se podia descansar
Y me cborriaba el sudor —
En un apuro mayor
Jamas me he vuelto á encontrar.
Tampoco yo le daba alce
Como deben suponer —
Se había aumentado mi quehacer
Para impedir que el b-utazo,
Le pegara algún bolazo
De rabia á aquella mujer.
La l*)la en manos del indio
Es terrible y muy ligera —
liare de ella lo que quiera
Sallando como una cabra —
Mudos— sin decir palabra.
Peliábamo.s como fieras.
Aquel duelo en el desierto
Nunca, jamás se me olvida.
Iba jugando la vida
Con tan terrible enemigo.
Teniendo alli de testigo.
A una mujer afligida.—
Cuando él mas se enfurecía
Yo mas me empiezo á calmar;
Mientras no logra matar
E3 indio no se desfoga
Al fin le corté una soga
Y lo empecé aventajar.
Me hizo sonar las costillas
De un bolazo aquel maldito;
Y al tiempo que le di un grito
Y le dentro como bala
Pisa el indio, y se reíala
l'.n el cuerpo del chiquito.
Para esplicar el misterio
Es muy escasa mi cencia —
Lo castigó, eñ mi concencia.
Su Divina Magestá—
Donde no hay casualdá
Suele estar la providencia
En cuanto trastrabillo
Mas de firmo lo cargué.
Y aunque de nuevo hizo pié
Lo perdió aquella pisada;
Pues en esa atropellada
En dos parles lo coi-té.
Al sentirse lastimao
Se puso medio afligido —
Pero era indio des id i do
Su valor no so quebranta—
Le salían por la garganta
Como una especie de aullidos.
Lastimao en la cabeza
La sangre lo enseguecía;
De otra herida le salia
Haciendo un charco ande estaba-
Con los pies la chapaliaba
Sin aflojar todavía.
Tres Qguras Imponentes
Formábamos aquel terno: —
Ella en su dolor materno
Yo con la lengua dejuera.
Y el salvaje como fiera
Diparada del infierno
20
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Iba conociendo el indio
Que tocaban á degüello —
Se le erizaba el cabello
Y los ojos revolvía
Los labios se le perdian
Cuando iba á tomar resuello.
En una nueva dentrada
Le pegué un golpe sentido,
Y al verse ya mal herido,
Me persiné dando gracias
De haber salvado la vida:
Aquella pobre afligida
De rodillas en el suelo,
Alzó sus ojos al Cielo
Sollozando dolorida.
Me inqué también á su lado
A dar gracias á mi Santo —
En su dolor y quebranto
Pelea de Martin Fierro con un Indio
Aquel indio furibundo
Lanzó un terrible alarido —
Que retumbó como un ruido
Si se sacudiera el mundo.
Al fin de Lanío lidiar
En el cuchillo lo alcé —
En peso lo levanté
Aquel hijo del desierto —
Ensartado lo llevé,
Y allá recien lo largué
Cuando ya lo sentí muerto.—
Ella, á la Madre de Dios
Le pide en su triste llanto
Que nos ampare á los dos.
Se alzó con pausa de leona
Cuando acabó de implorar.
Y sin dejar de llorar
Envolvió en unos trapitos
Los pedazos de su hijito
Que yo le ayudé á juntar.
LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO
21
10
Dende ese punto era juersa
Abandonar el desierto.
Pues me hubieran descubierto,
Y aunque lo maté en pelea.
De lijo que me lancean
Por vengar al indio muerto.
A la afligida cautiva
Mi caballo le ofrecí —
Era un pingo que alquirí.
Y donde quiera que estaba
En cuanto yo lo silvana
Venia á refregarse en mi. —
Yo me le senté al del pampa;
Era un oscuro tapao —
Cuando me hallo bien manta o
De mis casillas me salgo —
Y era un pingo como galgo
Que sabia correr holiao. —
Para correr cu el campo
No hallaba ningún tropie ■>
Los ejercitan en eso —
Y los ponen como luz.
De dentrarle á un avestruz
Y botiar bajo el pescuezo.
El pampa edlM a al caballo
Como para un entrevero —
Como rayo es de ligero
En cuanto el indio lo boca—
Y como trompo en la !•
Da güelias sobre de un cuero.
Lo baréa en la madrugada —
.lamas falla á esle deber —
Luego lo enseña á correr
Entn fanf ■•■■. y guadales —
Ansina esos animales
Es cuanto se puede \
1 caballo de un pampa
\o hay peligro de rodar—
Juc pucha y pa disparar
Es pingo que no se cansa
Con proligidá lo ama
Sin de jai 1< con obiar.
Pa quitarle quillas
Con cuidao lo manosea.
H01 ras empl
Y por fin. solo lo deja.
Quando agacha las orejas
Y ya el potro ni cocea.
.lamas le sacude un golpe
Porque lo trata al bagual
Con pacencia sin igual,
Al domarlo no le pega
Hasta que al fin se le entrega
Ya dócil el animal
Y aunque yo sobre los bastos
Me se sacudir el polvo —
A esa costumbre me amoldo —
Con pacencia lo manejan
Y a! dia siguiente lo dejan
Hienda arriba junto al toldo.
Ansi lodv) el que procure
Tener un pingo modelo —
Lo ha. de cuidar con desvelo.
Y debe impedir también.
El que de golpes le den
O tironeo en el suelo.
Muchos quieren dominarlo
Con el rigor y el azote.
Y si ven al chafalote
Que tiene liazas de malo.
Lo embraman en algún palo
Hasta que se descogote.
Todo:, se vuelven protestos
Y güeltas para ensillarlo —
Dicen (pie es por quebrantarlo
.Mas compriende cualquier bobo
(Juc es de miedo del corcoho
Y no quieren confesarlo.
El animal yeguarizo
Perdónenme esta alverlencia,
Es de mucha conocencia.
Y tiene mucho sentido —
Es animal consentido
Lo cautiva la pacencia,
1
Aventaja á los demás
El que estas cosas entienda —
Es bueno que el hombre aprienda,
Pues hay pocos domadores,
Y muchos frangoy adores
Que andar, de bozal v rienda.
22
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Me vine como les digo
Trayendo esa compañera —
Marchamos la noche entera
Haciendo nuestro camino
Sin mas rumbo que el destino
Que nos llevara ande quiera.
Al muerto en un pajonal
Habia tratao de enterrarlo,
Y después de maniobrarlo
Lo tapé bien con las pajas,
Para llevar de ventaja
Lo que emplearan en hallarlo.
Todo es cielo y horizonte
En immenso campo verde!
¡Pobre da aquel que se pierde
0 que su rumbo estravea!
Si alguien cruzarlo desea
Este consejo recuerde. —
Marque su rumbo de dia
Con toda i'idelitá —
Marche con puntualidá
Siguiéndole con fijeza,
Y si duerme, la cabeza
Ponga para el lao que vá. —
La vuelta de Martin Fierro
En notando nuestra ausiencia
Nos habian de perseguir—
Y al decidirme á venir,
Con todo mi corazón
Hice la resolución
De peliar hasta morir.
Es un peligro muy serio
Cruzar juyendo el desierto-
Muchísimos de hambre han muerto,
Pues en tal desasociego
No se puede ni hacer fuego
Para no ser descubierto —
Solo el alburio del hombre
Puede ayudarlo á salvar —
No hay auxilio que esperar,
Solo de Dios hay amparo —
En el desierto es muy raro
Que uno se pueda escapar.
Oserve con todo esmero
Adonde el sol aparece,
Si hay neblina y le entorpece
Y no lo puede oservar
Guárdese de caminar
Pues quien se pierde perece.
Dios les dio istintos sutiles
A toditos los mortales —
El hombre es uno de tales
Y en las llanuras aquellas —
Lo guian el sol, las estrellas.
El viento y los animales.
Para ocultarnos de dia
A la vista del salvaje
Ganábamos un paraje
En que algún abrigo hubiera—
A esperar que anocheciera
Pare seguir nuestro viaje
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
23
Penurias de toda clase
Y miserias padecimos —
Varias veces no comimos
O comimos carne cruda,
Y en oirás no tengan duda
Con reices nos mantubimos.
Después de mucho sufrir
Tan peligrosa inquietú —
Alcanzamos con salú
A divisar un sierra.
Y al fin pisamos la tierra
En donde crece el Ombú.
Nueva pena sintió el pecho
Por Cruz, en aquel paraje
Y en humilde vasallaje
A la magestá infinita;
Besé esta tierra bendita
Que ya no pisa el salvaje.
Al fin la misericordia
De Dios, nos quiso amparar.
Es preciso soportar
Los trabajos con costancia —
Alcanzamos á una Estancia
Después de tanto penar.
A y mesmo me despedí
De mi infeliz compañera —
« Me voy, le dije, ande quiera
« Aunque me agarre el gobierno,
« Pues infierno por infierno
« Prefiero el de la frontera ». —
Concluyo esta relación.
Ya do puedo continuar,
Permítanme descansar;
Están mis hijos presentís.
Y yo ansioso porque cuenten
Lo que tengan que contar. —
11
- Y mientras que huno un trago
Pa refrescar el garguero—
Y mientras tlempla el muchacho
Y prepara su estrumento —
Les contaré de que mod >
Tuvo lugar el encuentro —
Me acerqué ;i algunas Estancias
Por saber algo de cierto.
Creyendo que en tanto años
Esto se hubiera compuesto;
Pero cuanto saqué en limpio
Fué. que estábamos lo mesmo.
Ansi me dejaba andar
Haciéndome el chancho rengo ;
Porque no me convenia
Revolver el avispero;
Pues no inorarán ustedes
Que en cuentas con el gobierno
Tarde ó temprano lo llaman
Al probé á hacer el arreglo;
— Pero al fin tuve lo suerte
De hallar un amigo viejo
Que de todo me Informó,
Y peí él supe al momento.
Que el Juez que me perseguía
Hacia tiempo que era muerto:
Por culpa suya he pasado
Diez años de sufrimientos
Y no son pocos diez añ.>s
Para quien ya llega á viejo.
Y los he pasado ansi.
Si en mi cuenta no me yerro:
Tres años en la frontera.
Dos como gaucho matrero,
Y cinco allá entre los Indios
Hacen los diez que yo cuento.
Me dijo, á mas. esc amigo
Que andubiera sin recelo,
Que todo estaba tranquilo.
Que no perseguía el gobierno;
Que ya naides se acordaba
De la muerte del moreno—
Aunque si yo lo maté.
Mucha culpa tuvo el negro.
Estube un poco imprudente,
Puede ser. yo lo confieso.
Pero él me precipitó
Porque me cortó primero—
Y á mas. me cortó en la cara
Que es un asunto muy serio.
— Me aseguró el mesmo amigo
Que ya no había ni el recuerdo
De aquel que en la pulpería
Lo dejé mostrando el sebo.
El, de engreído me buscó
Yo ninguna culpa tengo;
El mesmo vino á pc.liarinc,
Y tal vez me hubiera muerto
Si le tengo mas confianza
O soy un poco mas lerdo —
Fué suya toda la culpa
Porqué ocasionó el suceso.
—Que ya no hablaban tampoco,
Me lo dijo muy de cierto,
De cuando con la partida
24
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Llegué á tener el encuentro.
Esa vez me defendí
Como estaba en mi derecho.
Porque fueron á prenderme
De noche y en campo abierto —
Se me acercaron con armas.
Y sin darme voz de preso
Me amenazaron á gritos
De un modo que daba miedo —
Que iban arreglar mis cuentas
Tratándome de matrero.
Y no era el gefe el que hablaba
Sino un cualquiera de entre ellos.
Y ese, me parece á mi
No es modo de hacer arreglos.
Ni con el que es inocente.
Ni con él culpable menos.
— Con semejantes noticias
Yo me puse muy contento
Y me presenté ande quiera
Como otros pueden hacerlo —
— De mis hijos he encontrado
Solo á dos hasta el momento —
Y de ese encuentro feliz
Le doy las gracias al cielo.
A todos cuantos hablaba
Les preguntaba por ellos.
Mas no me daba ninguno,
Razón de su. paradero;
Casualmente el otro dia
Llegó á mi conocimiento,
De una carrera muy grande
Entre varios estancieros —
Y fui como uno de tantos
Aunque no llevaba un medio.
No faltaban, ya se entiende
En aquel gauchage immenso
Muchos que ya conocían
Martin Fierro;
los muchachos
parege ros-
La historia de
Y alli estaban
Cuidando unos
Cuanto me oyeron nombrar
Se vinieron al momento,
Diciéndome quienes eran
Aunque no me conocieron.
Porque venia muy aindiao
Y me encontraban muy viejo.
La junción de los abrazos
De los llantos y los besos
Se deja pa las mujeres
Como que entienden el juego.
Pero el hombre que oomprieiuk
Que todos hacen lo mesmo.
En público canta y baila
Abraza y llora en secreto.
Lo único que me han contado
Ks que mi mujer ha muerto.
Que en procuras de un muchacho
Se fué la infeliz al pueblo.
Donde infinitas miserias
Habrá sufrido por cierto.
Que por fin á un hospital
Fué á parar medio muriendo,
Y en ese abismo de males
Falleció al .muy poco tiempo.
—Les juro que de esa pérdita
Jamás he de hallar consuelo
Muchas lágrimas me cuesta
Dende que supe el suceso.
Mas dejemos cosas tristes
Aunque alegrías no tengo;
Me parece que el muchacho
Ha templado y está dispuesto.
Vamos á ver que tal lo hace,
Y juzgar su desempeño. —
— Ustedes no los conocen.
Yo tengo confianza en ellos —
No porque lleven mi sangre,
Eso fuera lo de menos.
Sino porque dende chicos
Han vivido padeciendo.
Los dos son aficionados —
Les gusta jugar con fuego.
Vamos á verlos correr —
Son cojos... hijos de rengo.
EL HI3Q MAYOR DE MARTIN FIERRO
12
LA PENITENCIARIA
Aunque el gajo se parece
Al árbol de donde sale,
Solía decirlo mi madre
Y en su razón estoy fijo:
« Jamás puede hablar el hijo
Con la auloridá del padre .
Recordarán que quedamos
Sin tener donde abrigarnos;
Ni ramada ande ganarnos
Ni rincón ande meternos
Ni camisa que ponernos
Ni poncho con que taparnos.
Dichoso aquel que no sabe
Lo que es vivir sin amparo;
Yo con verdá les declaro,
Aunque es por demás sahido-
Dende chiquito he vivido
En el mayor desamparo —
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
25
No le merman el rij
Los mesmos que lo socorren-
Tai vez porque no se borren
Los decretos del destino,
De todas parles lo corren
Como ternero dañino.
Y vive como los vichis
Buscando alguna rendija —
El güerfano es sabandija
Que no enctientia compasión,
Y el que anda sin direcion.
Es guitarra sin clavija.
Sentiré que cuanto digo
A algún oycnle le cuadre —
\¡ casa tenia, ni madre,
Ni parentela, ni hermanos;
Y todos limpian sus manos
En el que vive sin padre.
Lo cruza este de un lazazo,
Lo abomba aquel de un moq
Otro le busca el chacl;
Y entre tanto soportar,
Suele a veces no encontrar
Ni quien le arroje un soquete.
Si lo recogen lo tratan
Con la mayor rigid¡
Piensan que es mucho tal ve*
Cuando ya muestra el pell
Si le dan un trapo viejo
Pa cubrir su desnudez.
i
Me crié, pues, como les ü
Desnudo á veces y hamhri
Me ganaba mi sustento,
Y ansí los años pasaban
Ai ser hombres me esperaban
Otra clase de tormén)
Pido á todos que no oh id ■)).
Lo que les v.iy á decir:
En la escuela del sufrir
He tomado mis leciones;
Y hecho muchas refleciones
Dende que empecé a vivir.
Si alguna falta cometo
La motiva mi inorancia.
No vengo con arrogancia;
Y les diré en conclusi
Que trabajando de pión
Mi encontraba en una estancia.
El que manda siempre puede
Hacerle al pobre un calvan >:
A un vecin i pr ipietario
Un boyero le mataron —
Y aunque á mi me lo achacaron
Salió cierto en el sumario.
Piensen los hombres honrados
En la vergüenza y la pena
De que tendría la alma llena
Al verme ya tan temprano
Igual á los que sus manos
Con el crimen envenenan.
Declararon otros dos
Sobre el caso del dijunto;
Mas no se alacró ed asunto.
Y el Juez por darlas de listo.
Amarrados como un Cristo.
Nos dijo, irán todos juntos».
■ A la justicia Ordinaria
« Voy á mandar á los tres .—
Tenia razón aquel Juez.
Y cuantos ansí amenacen;
Ordinaria... es como la hacen
Lo he conocido después.
Nos remitió como digo
A esa Justicia Ordinaria —
Y fuimos con la sumaria
A esa cárcel de malevos.
Que por un bautismo nuevo
Le llaman penitenciaria. —
El porqué tiene ese nombre
Naides me lo dijo á mi
Mas yo me lo esplico ansi : —
Le dirán Penitenciaria —
Por la penitencia diaria
Que se sufre estando allí.
Criollo que cai en desgracia
Tiene que sufrir no poco —
Naides lo ampara tampoco
Sino cuenta con recursos —
El gringo es de mas discurso.
Cuando mata, se hace el loco.
No sé el tiempo que corrió
En aquella sepoHura;
Si de ajuera no lo apuran.
El asunto vá con pausa;
'! ienen la presa sigura
Y dejan dormir la causa.
loor;i ( ; pres i á que lado
Se inclinará la balanza —
es tanta la tardanza
Que yo les iig > per mi —
El hombre que dentre allí
i;: esperanza.
26
LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO
Sin perfecionar las Leyes
Perfecionan el rigor
Sospecho que el inventor
Habrá sido algún maldito —
Por grande que sea un delito
Aquella pena es mayor.
Eso es para quebrantar
El corazón mas altivo —
Los llaveros son pasivos,
Pero mas secos y duros
Tal vez que los mesmos muros
En que uno gime cautivo.
Y digo á cuantos inoran
El rigor (Je aquellas penas —
Yo que sufri las cadenas
Del deslino y su inclemencia:
Que aprovechen la esperancia.
Del mal en cabeza agena.
Ay! madres, las que dirigen
Al hijo de sus entrañas.
No piensen que las engaña.
Ni que les habla un farsario:
Lo que es el ser presidario
No lo sabe la campaña.
En la Penitenciaria
No es en grillos ni en cadenas
En lo que usté penará.
Sino en una soledad
Y un silencio tan projundo.
Que parece que en el mundo
Es el único que está.
El mas altivo varón
Y de cormillo gaslao,
Alli se veri a agobia o
Y su corazón marchito,
Al encontrarse encerrao
A solas con su delito.
En esa cárcel no hay toros.
Allí todos son corderos;
No puede el mas altanero
Al verse entre aquellas rejas.
Sino amujar las orejas
Y sufrir callao su encierro.
Hijas, esposas, hermanas.
(Inanias quieren á un varon-
Diganles que esa prisión
Es un infierno temido —
Donde no se oye mas ruido
Que el latir del corazón.
Allá el día no tiene sol,
La noche no tiene estrellas —
Si que le valgan querellas
Encerrao lo purifican;
Y sus lágrimas salpican
En las paredes aquellas.
En soledá tan terrible
De .su pecho oye el latido —
Lo sé. porqué lo he sufrido
Y créamelo el aulitorio.
Tal vez en el purgatorio
Las almas hangan mas ruido.
LA VUELTA DE MARTÍN" FIERRO
27
Cuenta esas huías tiernas
Para mas atormentarse,
Su lágrima al redamarse
Calcula en sus afliciones,
Contando sus pulsaciones:
Lo que dilata en secarse.
Alli se amansa el mas bravo —
Allí se duebla el mas juerle—
El silencio es de tal suerte
Que cuando llegue á venir.
Hasta se le han de sentir
Las pisadas á la muerte.
Adentro mesmo del hombre
Se hace una revolución —
Metido en esa prisión
De tanto no mirar nada.
La nace y queda grabada
La idea de la perfecion.
En mi madre, en mis hermanos,
En todo pensaba yo —
Al hombre que allí dentro
De memoria mas ingrata —
Eielmente se le retrata
Todo cuanto ajuera vio.
Aquel che ha vivida libre
De cruzar por donde quiera.
Se afflige y se desespera
De encontrarse allí cautivo.
Es un tormento muy vivo
Que abate la alma mas fiera.
En esa estrecha prisión
Sin poderme conformar.
No cesaba de esclamar
¡Que diera yo por tener,
En caballo en que montar
Y una pampa en que correr!
Es un lamento costante
Se encuentra siempre embretao —
El castigo han invcntao
De encerrarlo en las tinieblas
Y allí está como amarrao
A un Berro che no se duebla.
No hay un pensamiento triste
Que al preso no lo atormente —
Bajo un dolor permanente
Agacha al fin la cabeza —
Porque siempre es la tristeza
Hermana de un mal presente.
Vierten lágrimas sus ojos
Pero su pena no alivia;
En esa costante lidia
Sin un momento de calma.
Contempla con los del alma
Felicidades que envidia.
Nigun consuelo penetra
Detras le aquellas murallas —
El varón de mas agallas.
Aunque mas duro que un pern ►,
Metido en aquel infierno
Sufre, gime, llora y calla.
De furor el corazón
Se la quiere reventar.
Pero no hay sino aguantar
Aunque sosiego no alcance —
; Dichoso en tan duro trance
Aquel sabe rezar ! —
Dirige á Dios su plegaria
El que sabe una oración !
En esa tribulación
Gime olvidado del mundo,
Y el dolor es mas projundo
Cuando no halla compasión.
En tan crueles pesadumbres,
En tan duro padecer,
Empezaba á encanecer
Después de muy pocos meses —
Allí lamenté mil veces
No baber aprendido á 1er.
Viene primero el furor
Después la melancolía —
En mi angustia no tenia
Otro alivio ni consuelo,
Sino regar aquel suelo
Con lágrimas noche y día.
A visitar otros presos
Sus familias solian ir!
Xaides me visitó á mi
Mientras estulx' encerrado —
¡Quién iba á costiarse allí
A ver un desamparado!!
[Bendito sea el carcelero
Que tiene buen corazón! !
Yo sé que esta bendición
Pocos pueden alcanzarla, —
Pues si tienen compasión
Su deber es ocultarla.
.lamas mi lengua podrá
Espresar cuanto he sufrido.
En ese encierro metido.
Llaves, paredes, cerrojos — .
Se graban tanto en los ojos
( 'ue uno los vé hasta dormido
28
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
El mate no se permite —
No le permiten hablar,
No le permiten cantar
Para aliviar su dolor —
Y hasta el terrible rigor
üe no dejarlo fumar.
La justicia muy severa
Suele rayar en crueldá:
Sufre el pobre que allí está
Calenlurus y delirios.
Pues no esiste pior martirio
Que esa eterna soledá. '
Conversamos oon las rejas
Por solo el gusto de hablar —
Pero nos mandan callar
Y es preciso conformarnos;
Pues no se debe irritar
A quien puede castigarnos.
Sin poder decir palabra
Sufre en silencio sus males —
Y uno en condiciones lales
Se convierte en animal.
Privan del don principal
Que Dios hizo á los mortales.
Yo no alcanzo a comprender
Porque motivo será.
Que el preso privado está
De los dones mas preciosos
Quel el justo Dios bondadoso
Otorgó á la humarada.
Pues que de todos los bienes.
En mi incorancia lo infiero
Que le dio al hombre altanero
Su Divina Magestá;
La palabra es el primiero.
El segundo la es amista.
Y es muy severa la ley
Que por un crimen ó un vicio.
Somete al hombre á un suplicio
El mas tremendo y atroz,
Privado de un beneficio
Que ha recebido de Dios.
La soledá causa espanto —
El silencie causa horror —
Ese continuo terror
Es el tormento mas duro—
Y en un presidio sigtiro
Está ciernas tal rigor —
Inora uno si de allí
Saldrá pa la sepoltura —
El que se halla en desventura
Rusca á su latió otro ser;
Pues siempre es bueno tener
Compañeros de amargura.
Otro mas sabio poclrá
Encontrar razón mejor.
Yo no soy rebuscador,
Y esta me sirve de luz;
Se los dieron al Señor
Al clavarlo en una cruz.
Y en las projundas tinieblas
En que mi razón esiste.
Mi corazón se resiste
A ese tormento sin nombre —
Pues el hombre alegra al hombre
Y el hablar consuela al triste.
Grábenlo como en la picara
Cuanto he dicho en este cauto-
Y aunque yo he sofrido tanto
Debo confesarlo aquí;
El hombre que manda allí
Es poco menos que un sanio
Y son buenos los demás,
A su ejemplo se manejan —
Pero por eso no dejan
Las cosas de ser tremendas;
Piensen todos y comprienrian
El sentido de mis quejas —
Y guarden en su memoria
Con toda puntualidá.
Lo que oon tal claridá
Le acabo de decir —
Mucho tendrán que sufrir
Si nó eren en mi Verdá;
Y si atienden mis palabras
No habrá calabozos llenos —
Manéjense como buenos;
No olviden esto jamas:
Aqui no hay razón de mas;
Mas bien las puse de 1110,
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
29
Y coli esto me despido
Todos han de perdonar —
Ninguno debe olvidar
La historia de un desgraciado
Quien ha vivido enserrado
Foco tiene que contar —
EL HI30 SEGUNDO DE MflHTIH FIERRO
13
Lo que les voy á decir
Ninguno lo ponga en duda,
Y aunque la cosa es peluda
Haré la resolución,
Es ladino el corazón
Pero la lengua no ayuda. —
El rigor d olas desdichas
liemos soporta.) diez a.',
Pelegrinando entre estrafios
Sin tener donde vivir:
Y obligados á sufrir
Una máquina de danos.
El (pie vive de ese modo
De todos es tributario:
Falta el cabeza primar,
Y los hijos que el sustenta
Se dispersan como cuentas
Cuando se corta el rosario.
Yo andubé ansi como todos.
Hasta que al fin de sus dias
Supo mi suerte una tia
Y me recogió á su lado.
Allí vivi sosega
Y de nada carecía. —
No tenia cuidado alguno
Ni que trabajar tampoco —
.ni muchacho loco
Lo pasaba de holgazán;
(Ion razón dice e! refrán
Que lo bueno dura poco.
Eli mi lodo su cuidado
Y su cariño ponía —
Como á un hijo me quería
Con cariño verdadero —
Y me nombré de lierede.ro
De los bienes que tenía. —
LI .lúe/, ¡no sii tardanza
(litando falleció la vieja —
De los bienes que te deja.
Me dijo «yo he de cuidar:
« Es un rodeo regular
« Y dos majadas de ovejas
Era hombre de mucha labia
Con mas leyes que un dotor —
Me dijo « vos sos menor
Y por los años que tienes
No podes manejar bienes,
Voy á nombrarte un tutor .
Tomó un recuento de todo
Porque entendía su papel,
Y después de acquei pastel
Lo tuvo bien amasao,
Puso al frente un encargao.
V á mi me llevó con él. —
Muy pronto estuvo mi poncho
Lo mesmo que cernidor —
El chiripá estaba pior.
V aunque para el frió soy guapo,
Yo no me quedaba un trapo
Ni pa el frió ni pa el cal
En tan triste desabrigo
Tras de un mes iba otro mes —
Guardaba silencio el Ju
La miseria ms invadía —
Me acordaba de mi tia
Al <ermr en cal desnudes.
Xo sé decir con fijesa
LI tiempo que pasé allí —
Y después de andar ansí
(lomo moro sin señor.
Pase á poder drl tutor
Que debia cuidar di' mi
14
Me lievi'i consigo un viejo
Que pronto mostró la hilacha —
Dejaba ver por lá facha
Que era medio cimarrón —
Muy renegao. muy ladrón,
Y le llamaban Viscacha.
Lo que el Juez ¡ha buscando
Sospecho y no me equivoco —
i 'ero este punto no toco
Ni su secreto averiguo —
Mi tutor era un antiguo
De los qtíé ya quedan poros.
30
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Viejo lleno de camándulas
Con un empaque á lo toro;
Andaba siempre en un moro
Metido no sé en que enriedos-
Con las patas como loro.
De estribar ente los dedos.
Andaba rodiao de perros
Que eran todo su placer.
Jamás dejó de tener
Menos de media docena —
Mataba vacas agenas
Para darles de comer.
Carniabamos noche á noche
Alguna res en el pago;
Y dejando alli el resago
Alzaba en ancas el cuero.
Que se lo vendia á un pulpero
Por yerba, tabaco y trago.
Ah! viejo mas comerciante
En mi vida lo he encontrao —
Con ese cuero robao
El arreglaba el pastel.
Y allí entre el pulpero y él
Se estendia el certificao. —
La echaba de comedido;
En las lasquilas, lo viera.
Se ponia como una fiera.
Si cortaban una oveja;
Pero de alzarse no deja
Un vellón ó unas tijeras.
Una vez me dio una soba
Que me hizo pedir socorro.
Porque lastimé un cachorro
En el rancho de unas vascas —
Y al irse se alzó unas guascas,
Para eso era como zorro. —
Ay juna! dije entre mi
Me has dao esta pesadumbre —
Ya veras cuanto vislumbre
Una ocasión medio güeña,
Te he de quitar la costumbre
De cerdiar yeguas agenas.
Porque maté una viscacha
Otra vez me reprendió —
Se lo vine á contar yó —
Y no bien se lo hube dicho —
«Ni me núembres ese vicho»
Me dijo, y se me enojo.
Al verlo tan irritao
Hallé prudente cailar —
Este me vá á castigar
Dige entre mi, si ne agravia —
Ya vi que les tenia rabia
Y no las volví á nombrar.
Una tarde halló una punta
De yeguas medio vichocas,
Después que voltio unas pocas
Las cerdiaba con empeño —
Yo vide venir al dueño
Pero me callé la boca.
El hombre venia jurioso
Y nos cayó oomo un rayo —
Se descolgó del caballo
Revoliando el arriador —
Y lo cruzó de un lazazo
Ay no mas á mi tutor.
No atinaba don Viscacha
A que lado disparar,
Hasta que logró montar
Y de miedo del chicote, —
Se lo apretó hasta el oogote
Sin pararse á contestar. —
Ustedes creerán tal vez
Que el viejo se curaría —
No señores, lo que hacia,
Con mas cuidao dende entonces,
Era mamarlas de día
Para cerdiar á la noche.
Ese fué el hombre que estuvo
Encargao de mi destino —
Siempre andubo en mal camino
Y todo aquel vecinario
Decia que era un perdulario,
Insufrible de dañino. —
Cuando el Juez me lo nombró
Al dármelo de tutor,
Me dijo que era un señor
El que me debía cuidar —
Enseñarme á trabajar
Y darme la educación. —
Pero qué habia de aprender
Al lao de ese viejo paco;
Q)ue vivia como el chuncaco
En los bañaos, como el tero —
Un haragán, un ratero,
Y mas chilon que un barraco.
Tampoco tenia mas bienes
Ni propiedá conocida
Que una carreta podrida, —
Y las paredes sin techo
De un rancho medio desecho
Que le servia de guarida. —
LA VCELTA DE MARTIN FIERRO
31
Después de las trasnochadas
Alli venia á descansar —
Yo desiaba averiguar
Lo que tuhiera escondido.
Pero nunca habia podido
Pues no me dejaba entrar.
Yo tenia unas jergas viejas
Que habian sido mas peludas —
Y con mis carnes desnudas.
El viejo que era una fiera.
lie echaba á dormir ajuera.
Con unas heladas crudas.
Cuando mozo fué casao
Aunque yo lo desconfió —
Y decía un amigo mío
Que de arrebatan y malo.
Mató á su mujer de un palo
Porque le dio un mate frió.
Y viudo por tal motivo
-Nunca se volvió á casal-;
No era fácil encontrar
Ninguna que Lo quisiera,
Todos temerían llevar
La suerte de la primera.
Soñaba siempre con ella
Sin duda por su delito.
Y decía el viejo maldito
El tiempo que es tubo enfermo.
Que ella donde el miesmo infiero
Lo estaba llamando á gril >s.
15
Siempre andaba retoba
Con ninguno solía hablar —
Se divertía en escarbar
Y hacer marcas con el dedo —
Y cuanto se ponía en pedo
Me empezaba aconsejar. —
Me parece que lo veo
Con su poncho calamaco —
Después de echar un buen taco
Ansí principiaba ¡i hablar:
•.lamas Llegues á parar
V donde veas perros flacos.»
< El primer cuidao del hombre
Ks defender el pellejo —
Llévate de mi consejo.
Fíjate bien en lo que hablo:
El diablo sabe por diablo
Pero mas sabe por viejo. »
«Ilaccle amigo del Juez
No le des de que quejarse; —
Y cuando quiera enojarse
Vos te debes encojer.
Pues siempre es güeno tener
Palenque ande ir á rascarse. »
Nunca le lleves la contra
Porque él manda la gavilla—
Alli sentao en su silla
Ningún güey le sale bravo—
A uno le dá con el clavo
Y á otro con la cantramilla.
El hombre, hasta el mas soberbio,
Con mas espinas que un tala.
Aílueja andando en la mala
Y es blando como mantera:
Hasta la hacienda baguala
Cai al jagüel en la seca.
andes cambiando de cueva,
II acó las que hace él ratón—
Consérvate en él rincón .,
En que empezó tu e.sistencia —
Naca que cambia querencia,
Se atraza en la parición. »
«Y menudiando los tragos
Aquel viejo, como cerro —
No olvides, me decía. Fierro
Que el hombre no debo crer,
En lágrimas de mujer
Ni en la renguera del perro.»
■ No te debes afligir
Aunque el mundo se desplome —
Lo que mas precisa el hombre.
Tener, según yo discurro,
Es la memoria del burro
Que nunca olvida ande come. »
«Deja que caliente el horno
El dueño del amacijo —
Lo que es yo, nunca me aflijo
Y á todito me hago el sordo — ■
El cerdo vive tan gordo
Y se come hasta los hijos.»
«El zorro que ya es corrido
Desde lejos la olfatea —
No se apure quien desea
Hacer lo que le aproveche-
La vaca que mas runiea
Ks la que dá mejor leche.»
32
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
TU que gana su comida
Bueno es que en silencio coma
Ansina, vos ni por broma —
Querrás llamar la atención
Nunca escapa el cimarrón
Si dispara por la loma. »
«Yo voy donde' me conviene
Y jamás me descarrio.
Llévale el ejemplo mío
Y llenaras la barriga;
Aprende de las hormigas,
No van á un noque vacio. »
«Es un vicho la mujer
Que yo aqui no lo destapo, —
Siempre quiere al hombre guapo,
Mas í'ijále en la elección;
Porque licne el corazón.
Como barriga ele zapo. (
Y gangoso con la l ¡-anca,
Me solia deeir, «potrillo.
Recien te apunta el coi-millo
Mas te lo dice un toruno.
No dejes que hombre ninguno
Te gane el lao del cuchillo. »
El viejo Viscacha dando sus consejos
A aaides tengas envidia,
Es muy triste el envidiar,
Cuando veas á otro ganar
A estorbarlo no le metas —
Cada leclum en su beta
Ks el modo de mamar.
«Ansi se alimentan mi,
Mientras los pobres lo pagan —
Como el cordero hay quien lo haga
En la puntita no niego —
Pero otros como el borrego
Toda entera se la tragan. <>
Si buscas vivir tranquil o
Dedícate á solteriar —
Mas si !c queres casar.
Con esta alvertencia sea
Que es muy difícil guardar
Prenda que otros oodicean.»
«Las armas son necesarias
Pero naides sabe cuando;
Ansina si andas, pasiando,
Y de noche sobre todo,
Debé.s llevarlo de modo
Que al salir, salga cortando.
«Los que no saben guardar
Son pobres aunque trabajen —
Nunca por mas que se atajen
Se librarán del cimbrón, —
Al que nace barrigón
Es al ñudo que lo t'aien. »
«Donde los vientos me llevan
A 11 i estoy como en mi centro —
Cuando una tristeza encuentro
Tomo un trago pa alegrarme;
A mi me gusta mojarme
Por afuera y por adentro.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
33
• Vos sos pollo, y te convi
Toditas estas razón
Mis consejos y lecciones
No ecln's nunca en el olvido —
En las riñas he aprendido
A no peliar sin puyones.»
Con estas consejos y otros
Que yo en mi memoria encierro.
Y que aqui no se desentierro
Educándome seguía —
Hasta que al fin se dormía
Mestura, i en iré los perros.
16
Cuando el viejo cayó enfermo
Viendo yo que se imploraba,
Y que esperanza no daba
De mejorarse siquiera —
Le truje una culandrera
A ver si lo mejoraba. —
En cnanto lo vio me dijo:
Este no aguanta el sogazo —
Muy poco le doy de plazo.
Nos va á dar un espectáculo.
Porque debajo del ¡¡razo
Le ha salido un tabernáculo
Dice el refrán que en la tropa
Nunca falta un gúey corneta
l no que estaba en la puerta
Le pegó el grito ay no mas:
Tabernáculo.... que bruto,
Un tubérculo dirás
Al verse ansí interrumpido
Al punto dijo el cantor:
No me parece ocasión
De materse los de ajuera.
Tabernáculo, señor.
I.e decía la culandrera
El de ajuera repitió
Dándole otro chaguara/
Allá vá un nuevo bolazo
Copo y se la gano en puerta:
A las mujeres (pie curan
» Se les llama curanderas .
No es bueno, dijo el cantor,
Muchas manos en un plato,
Y diré al que esc barato
Ha lomao de entremetido
Que no creía haber venido
A hablar entre liberatos—
Y para seguir contando
Ea historia de mi tutor.
Le pediré á ese dotor
Que en mi inorancia me deje.
Pues siempre encuentra el que teje
Otro mejor tejedor.
Seguía enfermo como digo
Cada vez mas emuerrao —
Yo estaba ya acobardao
Y lo espiaba tiende lejos:
Era la boca del viejo.
Ea boca de un condena
Alia pasamos los dos
Noches terribles de invierno —
El maldecía al Padre Eterno
("orno a los sanios benditos —
Pidiéndole al diablo á gritos
Que lo llevara al infierno.
Debe ser grande la culpa
Que á tal punto mortifica —
Cuando via una reliqi
Se poma com> azogado,
Como si á un endemoniado
Ee echaran agua bendita.
Nunca me le puse á tiro,
Pues era de mala entraña.
Y viendo herejía tamaña—
Si alguna cosa le daba.
De lejos se la alcanzaba
En la punía de una caña.
Será mejor, decía ya.
Que abandonado lo deje
Que blafcme y que se queje —
Y que siga de esta suerte,
Hasta que venga la muerte
Y cargue con este Hereje,
Cuando ya no pudo hablar
Ec até en la mano un cencerro—
Y al ver cercano su entierro,
Arañando las paredes
Espiro allí entre los perros
Y este servidor úc ustedes.
34
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
17
Le cobró un miedo terrible
Después que lo vi dijunto —
Llamé al Alcalce, y al punto,
Anompafiado se vino
De tres ó cuatro vecinos
A arreglar aquel asunto.
Anima bendita dijo
Un viejo medio ladiao—
« Que Dios lo haiga perdón ao,
Es todo cuanto deseo —
Le conocí un pastoreo
De terneritos robaos».
« Ansina es, dijo el Alcalde,
Con eso empezó á poblar —
Yo nunca podré olvidar
Las traversuras que hizo;
Hasta que al fin fué preciso
Que le privasen carniar».
« De mozo fué muy ginete
No lo bajaba un bagual —
Pa ensillar un animal
Sin necesitar de otro,
Se encerraba en el corral
Y alli galo piaba el potro » .
« Se llevaba mal con todos—
Era su costumbre vieja
El mes turar las ovejas,
Pues al hacer el aparte
Sacaba la mejor parle
Y después venia con quejas».
« Dios lo ampare al probecito
Dijo en seguida un tercero,
Sempre robaba carneros.
En eso tenia destreza —
Enterraba las cabezas.
Y después vendía los cueros » .
« Y que costumbre tenia
Cuando en el jogon estaba —
Con el mate se agarraba
Estando los piones juntos —
Yo tayo, decia, y apunto,
Y á ninguno convidaba » .
« Si ensartaba algún asao
Pobre! como si lo viese!
Poco antes de que ostubiese,
Primero lo maldecía
Luego después lo escupía
Para que naides comiese .
« Quien le quitó esa costumbre
De escupir el asador
Fué nn mulato resertor
Que andaba de amigo suj
Un diablo, muy peliador
Que le llamaban barullo. —
« Una noche que les hizo
Como estaba acostumbra >.
Se alzó el mulato enojao,
Y le gritó « viejo indino.
« Yo te he de enseñar, cochino.
i A echar saliva al asao » . ,
« Lo saltó per sobre el juego
«Con el cuchillo en la mano:
[La pucha el pardo liviano!
En la mesma atropellada
Le largó una puñalada
Que la quitó otro paisano».
Y ya caliente Barullo,
Quiso seguir la chacota.
Se la habia erizao la mota
Lo que empezó la reyerta:
El viejo ganó la puerta
Y apeló á las de gaviota » . —
« De esa costumbre maldita
Dende entonces se curó,
A las casas no volvió
Se metió en un cicuta!;
A allí escondido pasó
Esa noche sin cenar .
Esto hablaban los presentes —
Y yo que estaba á su lao
Al oh- lo que he relatao,
Aunque él era un perdulario,
Dije entre mi « que rosario
Le están resando al tinao » .
Luego comenzó el alcalde
A registrar cuanto habia.
Sacando mil chucherías
Y guascas y trapos viejos.
Temeridá de trevejos
Que para nada servían. —
Salieron lazos, cabrestos.
Coyundas y mamadores—
Una punta de amadores;
Cinchones, maneas, torzales,
Una porción de bozales
Y un montón de tiradores.
LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO
35
I labia riendas de domar.
Frenos y estribos quebraos;
Piolas, espuelas, recaos.
Unas pavas, una ollas.
Y un gran manojo de argollas
De cintas que babia cortao.
Salieron varios cencerros —
Alesnas, lonjas, cucbillos.
Unos cuantos cojinillos.
Un alto de gergas viejas.
Muchas botas desparejas
Y una infinida de anillos.
Había tarros de sardinas.
Unos cueros de venao —
Unos ponchos augeríaos —
Y en tan tremendo entrevero
Apareció basta un tintero
Que se perdió en el Juzgao
Decía el Alcalde muy serio
« Es poco cuanto se diga.
• Había sido como hormiga,
« He de darle parte al Jue
i Y que me venga después
< Conque no se los persiga .
Yo estaba medio azoran
De ver lo que sucedía —
Entres ellos mesmos decían
Que unas prendas eran suyas.
Pero á mi me parecia
Que esas eran aleluyas.
Y cuando ya no hubieron
Rincón donde registrar.
Cansaos de tanto humoriar
Y de trabajar de valde. —
Yamosmos. dijo el Alcalde
«Luego lo haré sepultar».
Y aunque mi padre no era
i tuerto de ese hormiguero,
Kl allí muy carirtero
Me dijo con muy buen modo:
Vos serás el beredero
Y te liarás cargo de todo » .
Se ha de arreglar este asunto
Lomo es preciso que
Voy á nombrar albacea
Uno de los circunstantes —
Las cosas no son como antes
■ Tan entrenadas y i cas
Bendito Dios! pensé yo,
Ando como un pordiosero,
Y me nuembran heredero
De toditas estas guascas —
Quisiera saber primero
Lo que se han hecho mis vacas!
18
Se largaron como he dicho
A disponer el entierro —
Cuando me acuerdo me aterro,
Me puse á llorar á gritos
Al verme allí tan sólito
Con el tinao y los perros.
Me saqué el escapulario
Se lo colgué al pecador —
Y como hay en él Señor
Misericordia infinita,
Rogué por ¡a alma bendita
Del que antes jué mi tutor.
e calmaba mi duelo
De verme tan solitario —
Ay le champurrié un rosario
Como si juera mi padre —
indo el escapulario
Que me había puesto mi madre.
Madre mía gritaba yo
Donde andarás padeciendo—
El llanto que estoy virtiendo
Ix> redamarlas por mi,
Si vieras á tu hijo aquí
Todo lo que está sufriendo.
Y mientras ansí clamaba
Sin poderme consolar —
Los perros para aumentar
Mas mi miedo y mi tormento —
En aquel mesmo momento
Se pusieron á llorar. —
Libre Dios á los presentes
De que sufran otro tanto;
Con el muerto y esos llantos
Les juro que falta poco
Para que me vuelva loco
En medio de tanto espanto.
Decían entonces las viejas
Como que eran sabedoras.
Que los perros cuando lloran
lis porque ven al demonio;
Yo creía en el testimonio
Como eré siempre el qoe inora.
36
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
A y deié que los ratones
Comieran el guasquerío —
Y como anda á su albedrio
Todo el que güerfano queda-
Alzando lo que era mió
Abandoné aquella cueva
19
Supe después que esa tarde
Vino un pión y lo enterró —
Ninguno lo acompañó
Ni lo velaron siquiera —
Y al otro dia amaneció
Con una mano dejuera.
Y me lian contado ademas
El ghauco que hizo el entierro.
Al recordarlo me aten»,
Me dá pavor este asunto,
Que la mano del di junto
Se la habia comido un perro.
Tal vez yo tuve la culpa
Porque de asustao me fui —
Supe después que volvi,
Y asigurarselos puedo,
Que los vecinos de miedo
No pasaban por allí —
Hizo del rancho guarida
La sabandija mas sucia ;
El cuerpo se despeluza
Y hasta la razón se altera,
Pasaba la noche entera
Chillando allí una lechuza
Por mucho tiempo no pude
Saber lo que me pasaba —
Los trapitos con que andaba
Eran puras hojarascas —
Toda las moches soñaba
Con viejos, perros y guaseas.
Andube á mi volunta
Como moro sin señor —
Ese fué el tiempo mejor
Que yo he pasado tal vez-
De miedo de otro tutor —
Ni aporté pnr lo del .lacz—
«Yo cuidaré, me habia dicho,
« De lo de tu propiedá —
« Todo se conservará
« El vacuno y los rebaños
« Hasta que cumplas 30 años
« En que seas mayor de edá. —
Y aguardando que llegase
El tiempo que la ley fija-
Pobre como lagartija
Y sin respetar á naides,
Anduve cruzando, el aire
Como bola sin manija.
Me hice hombre de esa maneja.
Bajo el mas duro rigor —
Sufriendo tanto dolor
Muchas cosas aprendí
Y por fin vítima fui
Del mas desdichado amor.
De tantas alternativas
Esta es la parte peluda —
Infeliz y sin ayuda
Fué estremando mi delirio,
Y causaban mi martirio
Los desdenes de una viuda.
Llora el hombre ingratitudes
Sin tener un j andamento,
Acusa sin miramiento
A la que. el mal le ocasiona
Y tal vez en su persona
No hay ningún merecimiento
Cuando yo mas padecía
La crueldá de mi destino —
Rogando al poder divino
Que del dolor me separe—
Me hablaron de un adivino
Que curaba esos pesares. —
Tuve recelos y miedos
Pero al fin me disolví —
Hice coraje y me fui
Donde, el adivino estaba,
Y por ver si me curaba
Cuanto llevaba le di.—
LA VUELTA DE MARTIN FIKKRO
37
Me puse al contar mis penas
Mas colorao que un tomate —
Y se me añudó el gaznate
Cuando dijo el hermitaño —
Hermano, le han hecho daño
Y se lo han hecho en un mate .
Por verse libre de usté
Lo habrán querido embrujar »
Después me ampezó á pasar
Una pluma de avestruz —
Y me dijo: * de la Cruz
Recibí el don de curar .
Debes maldecir, me dijo,
A todos tus conocidos
Ansina el que te ha ofendido
Pronto estará descubierto —
Y deben ser maldecidos
«Tanto vivos como muertos
Y me resetó que hincao
En un trapo de la viuda
Frente á una planta de ruda
Hiciera mis (naciones.
Diciendo. no tengas duda
Eso cura las pasiones
A la viuda en cuanto pude
I ii trapo le manotié; —
Busqué la ruda y al pié
Puesto en cruz hice mi ;
Pero, amigos, ni por eso
Di mis males me curé.—
Me recetó otra ocasión
Que comiera abrojo chico
Él remedio no me esphV
Mas por desechar el mal
Al ñudo en un abrojal
Fi á ensangrentarme el hocico.
Y con tanta meoceína
Me parecía que sanaba: —
Por momentos se aliviaba
("n poco mi padecer,
Mas si á la viuda encontraba
Volvía la pasión á arder:
otra vez (¡lie consulté
Su saber est i-ordinario.
Recibió bien su salario.
Y me recetó aquel pillo
Que me colgase tres grillos,
l'.nsartaos como rosario —
Por fin la última ocasión
Que por mi mal lo t'i á ver —
Me dijo- No, mi saber
No ha perdido su virtú,
Yo le daré la salú
Na triunfará esa mujer.
Y tené le en el remedio
Pues la cencía no es chacota.
« De esto no entendés ni jota.
Sin que ninguno sospeche.
Córlale á un negro tres motas
Y haCélas hervir en leche.»
Yo andaba ya desconfiando
De la curación maldita —
Y dije este no me quila
La pasión qué me domina:
« Pues que viva la gallina
Aunque sea con la pepita.
Ansi me dejaba andar
Hasta (pie en una ocasión,
El cura me echó un sermón,
Para curarme sin duda;
Diciendo que aquella viuda
Era hija de conficion. —
Y me dijo estas palabras
Que nunca las he olvidao —
Has de saber que el finao
Ordenó en su testamento
Que naides de casamiento
Le hablara en lo sucesivo —
Y ella prestó el juramento
Mientras él estaba vivo.
Y es preciso que lo cumpla
Porque ansi lo manda Dios.
Ks necesario que vos
No la vuelvas á buscar,
Porque si llega á faltar
Se condenarán los dos.
Con semejante alvertencia
Se completó mi redota;
Le vi los pies á la sota.
■\ me le ajelé á la viuda
Mas curao que con la ruda
Con los grillos y las motas.
Después me contó un amigo
Que al Juez le había dicho el cura
Que yo era un cabeza dura
Y que era un mozo perdido.
Que me echaran del partido
Que no tenia compostura.
38
LA VUELTA DE MARTIN El ERRO
Tal vez por ose consejo
Y sin que mas causa hubiera.
Ni que otro motivo diera—
Me agarraron redepente
Y en el primer contingente
Me echaron a la frontera.
De andar persiguiendo viudas
Me he curado del deseo,
En mil penurias me veo —
Mas pienso volver tal vez,
A ver si sabe aquel Juez
Lo que se ha hecho mi rodeo.
20
Martin Fierro y sus dos hijos
Entre tanta concurrencia
Siguieron con alegría
Celebrando aquella fiesta.
Diez años, los mas terribles
Habia durado la ausencia
Y al hallarse nuevamente
Era su alegría completa.
En ese mesmo momento
Uno que vino de afuera,
A tomar parte con ellos
Suplicó que lo almitieran.
Era un mozo forastero
De muy regular presencia,
Y hacía poco que en el pago
Andaba dando sus güeltas,
Aseguraban algunos
Que venia de la frontera,
Que habia pelao á un pulpero
En las últimas carreras.
Pero andaba despilchao
No traía un prenda buena,
Un recadito cantor
Daba fe de sus pobrezas —
Le pidió la benedicion
Al que causaba la fiesta
Y sin decirles su nombre
Les declaró con franqueza
Que el nombre de Picardía
Es el único que lleva
Y para contar su historia
A todos pide licencia
Diciéndoles que en seguida
Iban á saber quien era.
Tomó al punto la guitarra,
La gente se puso atenta,
Y ansí cantó Picardía
En cuanto templó las cuerdas."
21
l'ICAHDIA
Voy á contarles mi historia
Perdónenme tanta charla —
Y les diró al principiarla.
Aunque es triste hacerlo asi
A mi madre la perdí
Antes de saber llorarla.
Me quedé en el desamparo,
Y al hombre que me dio el ser
No lo pude conocer
Ansí, pues, dende chiquito.
Volé como el pajarito
En busca de que comer.
O por causa del servicio
Que tanta gente destierra—
O por causa de la guerra
Que es causa bastante seria,
Los hijos de la miseria
Son muchos en esta tierra.
Ansi, por ella empujado
No sé las cosas que haria
Y aunque con vergüenza mia,
Debo hacer esta alvertencia,
Siendo mi madre Inocencia
Me llamaban Picardía.
Me llevó á su lado un hombre
Para cuidar las ovejas —
Pero todo el dia eran quejas
Y guazcazos á lo loco,
Y no me daba tampoco
Siquiera unas jergas viejas.
Dende la alba hasta la noche,
En el campo me tenia —
Cordero que se moria.
Mil veces me sucedió —
Los caranchoe los comian
Pero lo pagaba yo.
De trato tan riguroso
Muy pronto me acobardé —
El bonete me apreté
Buscando mejores fines,
Y con unos bolantines
Me fui para Santa Fé.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
39
El pruebista principal
A enseñarme me tomó —
Y ya iba aprendiendo yó
A bailar en la maroma.
Mas me hicierom una broma
Y aquello me indijustó.
Una vez que iba bailando;
Porque estaba al calzón roto
Armaron tanto alboroto
Que me lucieron perder pié:
De la cuerda me largar
Y casi me descogolo.
Ansí me encontré de nuevo
Sin saber donde meterme —
Y ya pensaba volverme
Cuando por fortuna mia.
Me salieron unas tías
Que quisieron recogerme.
(Ion aquella parentela,
Para mi desconocida.
Me acomodé ya en seguida.
Y eran muy buenas señoras;
Pero las mas rezadoras
<,>ue he visto en toda m¡ vida.
Con el (oque de oración
Ya principiaba el rosario; —
Noche á noche un calendario
Tenían ellas que decir.
Y á rezar solían venir
Muchas de aquel vecindario
Lo que allí me aconteció
Siempre lo he de recordar —
Pues me empiezo á equivocar
Y á cada paso reíalo —
Como si me entrara el malo
Cuanto me hincaba a rasar.
Era como tentación
Lo que yo esperimentc—
Y jamás olvidaré,
(nanto tuve que sufrir,
l'orque no podía decir
Artículos de la Fé
Tenia al lao una mulata
Que era nativa de allí —
S«- hincaba cerca de mi
Como el ángel de la guarda —
Picara, y era la parda
La (pie me tentaba ansí.
Rcsá dijo mi tia.
Xrtículos de la I Y-
Quise hablar y me atoré.
La dificulta me aflijé —
Miré á la parda, y yo dije
Artículos de Santa Fé
Me acomodó el coscorrón
Que estaba viendo venir —
Yo me quise corregir.
A la mulata miré
Y otra vez volví á decir
« Artículos de Santa Fé
Sin dificulta ninguna
Resaba todito el día,
Yl á la noche ne podía
Ni con tin trabajo inmenso;
Es por eso que yo pienso
Que alguno me tentaría.
Una noche de tormenta,
Vi á la parda y me entró chuche
Los ojos — me asusté mucho.
Eram como refocilo:
Al nombrar á San Camilo,
Le dije San Camilucho.
Está -me dé con el pié
Aquela otra con el codo —
Ah! viejas. — por ese ni
Aunque de corazón riera »,
Yo las mandaba al infiera i
Con oraciones j t do!
Otra vez que como siempre
La parda me perseguía
Cuando yo acordé, mis tías
Me habían saeao un mech ni
Al pedir la estirpacion
De todas las heregías
Aquella parda maldita
Me tenia medio afligido,
Y ansí, me habia sucedido,
Que al decir estirpacion —
Le acomodé entripacion
Y me cayeron sin ruido —
II recuerdo y el dolor
Me duraron muchos «lias
Soñé con las haregías
Que andaban por eslirpar
Y pedia siempre al rasar
La estirpacion de mis tías.
Y dale siempre rosarios,
Noche á noche y sin cesar—
Dale siempre barajar
Salves, trisagios y credos,
Me aburrí de esos enríedos
Y al fin me mandé mudar.
40
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
22
Andube como pelota,
Y mas pobre que una rata —
(>uando empecé á ganar plata
Se armó no sé qué barullo —
Yo dije: á tu tierra grullo
Aunque sea con una pala.
Eran duros y bastantes #
Los años que allá pasaron —
Con lo que ellos me enseñaron
Formaba mi capital —
Cuanto vine me enrolaron
En la Guardia Nacional.
Me había ejercitao al naipe.
El juego era mi carrera; —
Hice alianza verdadera
Y arreglé una trapisonda
Con el dueño de una fonda
Que entraba en la peladera.
Me ocupada con esmeró
En floriar una baraja —
El la guardaba en la caja
En paquetes como nueva;
Y la media arroba lleva
Quien conoce la ventaja
Comete un error inmenso
Quien de la suerte presuma ;
Otro mas hábil lo fuma.
En un dos por tres, lo pela ; —
Y lo larga que no vuela
Porque le falla una pluma.
Con un socio que lo entiendo
Se arman partidas muy buenas
Queda allí la plata agena.
Quedan prendas y botones: —
Siempre caen á esas riunion.es
Sonaos con las manos llenas.
Hay muchas trampas legales,
Recursos del jugador —
No cualquiera es sabedor
A lo que un naipe se presta —
Con una cincha bien puesta
Se la pega uno al mejor.
Deja á veces ver la boca
Haciendo el (pie se descuida -
.1 nega el otro hasta la vida
Y es seguro que se ensarta,
Porque uno muestra un caria
Y tiene otra prevenida.
Al monte, las precauciones
No han de olvidarse jamas-
Debe afirmarse á demás
Los dedos para el trabajo —
Y buscar asiento bajo
Que le dé la luz de atrás.
Pa layar, tome la luz —
Dé la sombra al alversario —
Acomódese al contrario
En todo juego cartiao —
Tener ojo ejercitao
Es siempre muy necesario.
El contrario abre los suyos,
Pero nada vé el que es ciego-
Dándole soga muy luego
Se deja pezcar el tonto —
Todo chapetón cree pronto
Que sabe mucho en el juego. —
Hay ombres muy inocentes
Y que á las carpetas van —
Cuando asariados están,
Les pasa infinitas veces.
Pierden en puertas y en treses,
Y dándoles mamarán.
El que no sabe, no gana
Aunque niegue á Santa Rita. —
En la carpeta á un mulita
Se le conoce al sentarse—
Y conmigo, era matarse.
No podían ni á la mancliila.
En el nueve y otros juegos
Llevo ventaia no poca —
Y siempre que dar me toca
El mal no- tiene remedio.
Porque sé sacar del medio
Y sentar la de la boca.
En el truco al mas pintas
Solía ponerlo en apuro;
Cuando aventajar procuro.
Sé tener, como fajadas.
Tiro á tiro el as de espadas
0 flor, ó envite seguro.
Yo sé defender mi piala
Y lo hago como el primero,
El que ha de jugar dinero
Preciso es que no se atonte —
Si se armaba una de monte,
Tomaba parle el fondero
LA YCHLTA DM MARTIN FIKRRO
41
l'n pastel, como un paquete.
Sé llevarlo con limpieza:
Desde que á salir empiezan
No hay carta que do recuerde;
Sé cual se gana ó se pierde
En cuanto cain á la mesa.
También por estas jugadas
Suele uno verse en aprietas; —
Mas yo do me comprometo
Porque sé hacerlo con arte.
Y aunque les corra el descarte
No se descubre el secreto.
Si me llamaban al dao
Nunca me solia fallar
Un cafgddo que largar,
Un cruzao para el mas vivo;
Y basta atracarles un chivo
Sin dejarlos maliciar.
Cargaba bien una taba
Porque la sé manejar;
No era manco en el billar.
Y por fin de lo que esplico.
Digo que basta con pichicos.
Era capaz de jugar.
Hs un vicio de mal fin,
Kl de jugar, no lo ni.
Todo el que vive del juego
Anda á la pezca de un bol:
Y es sabido que es un robo
Ponerse á jugarle á un c¡
Y esto di» i claramente
Porque he dejao de jugar;
Y les puedo asigurar
(lomo que luí del oficio —
Mas cuesta aprender un vicio
Une aprender á trabajar.
23
Un ñapóles mercachifle
Que andaba con un arpista.
Cayó también en la lista
Sin dificulta ninguna:
Lo agarré á la treinta y una
Y le daba bola vista.
Se vino haciendo el chiquito,
Por sacarme esa ventaja;
En el pantano se encaja
Aunque robo se le hacia —
Lo cegó Santa Lucia
Y desocupó las cajas.
Lo hubieran visl > afligido
Llorar por las chucherías —
Ma ganao con picardía
Decía el gringo y lagrimiaba,
Mientras yo en un poncho alzaba
Todita su mercheria.
Quedó allí aliviao del peso
Sollozando sin consuelo.
Había caído en el anzuelo
Tal vez porque era domingo,
Y esa calida de gringo
No tiene santo en el ciclo.
Pero poco aproveché
De fatura tan lucida:
El diablo no se descuida.
Y á mi me seguía la pista
Un flato muy enredista
Que era Oficial de partida.
Se me presentí) á esigir
i.a multa en que había incurrido,
Que el juego estaba prohibido
Que iba á llevarme al cuartel —
Tuve que partir con él
Todo lo (pie había alquirído.
Empecé á tomarlo entre ojos
Por esa albítraríedá;
#Yo había ganao. es verdá.
Con recursos, eso sí:
Pero él me ganaba á mi
Fundan en su autoridá.
I leeian que por un delito
Mucho tiempo andubo mal;
l'n amigo servicial
Lo compuso con el Juez,
Y poco tiempo después
Lo pusieron de oficial.
Ln recorrer el partido
Continuamente se empleaba,
Ningún malevo agarraba
Pero traía en un carguero.
Gallinas, pavos, corderos
Que por hay reootetaba.
No si> debía permitir
El abuso á Tal estrene >:
Mes á mes hacia lo mesmo.
Y ansí deeia el vecindario.
Este ñato perdulario
I la resucitao el diezmo.
42
l.\ VUELTA DE MARTIN FIERRO
La echaba de guitarrero
Y hasta de concertado-i* :
Sentao en el mostrador
Lo hallé una noche canlando-
Y le dije: — co...rao...quiando
Con ganas de oír un cantor.
Me echó el ñato una mirada
Que me quiso devorar —
Mas no dejo de cantar
Y se hizo el desentendido —
Pero ya habia conocido
Que no lo podía pasar —
Una tarde que me hallaba
De visita... vino el ñato,
Y para darle un mal rato
Dije fuerte... « Ña...to... ribia
No cebe con agua tibia »
Y me la entendió el muíalo.
Era el todo en el Juzgao,
Y como que se achocó
Ay no mas me contestó—
« Cuando el caso se presiente
Te lie de hacer tomar caliente
« Y has de saber quien soy yó ».
Por causa de una mujer
Se enredó mas la cuestión
Le tenia el ñato afición,
Ella era mujer de ley,
Moza con cuerpo de güey
Muy blanda de corazón.
La hallé una vez de amasijo
Estaba hecha un embeleso:
Y le dije... « Me intereso
« En aliviar sus quehaceres,
« Y ansi, señora, si quiere
« Yo le arrimaré los güesos.»
Estaba el ñato presente
Sentado como de adorno —
Por evitar un trastorno
Ella al ver que se dijusta,
Me contestó... « si usté gusta
Arrímelos junto al horno. »
Ay se enredó la madeja
Y su enemista conmigo:
Se declaró mi enemigo,
Y por aquel cuniplimicnlo
Ya solo buscó el momento
De hacerme dar un castigo
Yo veia que aquel maldito
Me miraba con rencor —
Buscando el caso mejor
De poderme echar el pial:
Y no vive mas el lial
Que lo que quiere el traidor.
No hay matrero que no caiga
Ni arisco que no se amanse —
Ansi, yo, tiende aquel lance
\"o salía de algún rincón-
Ti rao como el San Ramón
Después que se pasa el trance.
24
Me le escapé con trabajo
En diversas ocasiones;
Era de los adulones,
Me puso mal con el Juez ¡
Hasta que al fin, una vez
Me agarró en las eleciones.
Ricuerdo que esa ocasión
Andaban listas diversas :
Las opiniones dispersas
No se podían arreglar —
Decían que el Juez por triunfar
Hacia cosas muy perversas.
('uando se riunió la gente
Vino á proclamarla el ñato:
Diciendo con aparato
«Que todo andaría muy mal;
« Si pretendía cada cual
« Votar por un canclilalo.
Y quiso al punto quitarme
La lisia que yo llevé,
Mas yo se la mesquiné
Y ya me gritó... (Anarquista
« Has de votar por la lista
« Que ha mandao el Comiqué.
Me dio vergüenza de verme
Tratado de esa manera;
Y como si uno se altera
Ya no es fácil de que ablande
Le dije... «mande el que mande
Yo he de volar por quien quiera.
En las cárpelas de juego
« Y en la mesa electoral.
« A todo hombre soy igual.
« Respeto al que me respeta;
« Pero al naipe y la boleta
Naides me lo ha de tocar »
LA VUELTA DE MARTIX FJKRRO
43
Ay no mas ya me cayó
A sable la polccia.
Aunque era una picardía
Me decidí á soportar —
Y do los quise peliar
Por no perderme ese dia.
Atravesao me agarró
Y se aprovechó aquel flato;
Uende que sufrí ese trato
No dentro donde no quepo ;-
Fi á ginetiar en el cepo
Por cuestión de candilatos
Injusticia tan notoria
No la soporté de flojo —
Una venda de mis ojos
Vino el suceso á valuar
Vi que teníamos que andar
(lomo perro con tramojo —
Dende aquellas eleciones
siguió el batiburrillo;
Aquel se volvió un ovillo
Del que no había ni noticia ;
[Es señora la justicia...
Y anda en .incas del mas pil
25
Después de muy pocos días.
Tal vez por no dar espera
Y que alguno no se fuera
Hicieron citar la* gente.
Pa riunir un contingente
Y mandar á la frontera.
Se puso arisco el gauchage
La gente está acobardada,
Salió la partida armada
Y trujo como perdices
Uno cuantos infelices
QOe entraron en la voltiada.
Decia el ñato con soberbia
' Esta es una gente indiana:
Yo los radié á la sordiana
No jiudieron escapar;
Y llevaba orden de arriar
Todito lo que camina.
Cuando vino el enmendante
Dijeron Dios n<ts asista
Llegó, y h's clavó la vista
Yo estaba haciéndome el sonzo—
Le echó á eada uno un responso
Y ya lo plantó en la lista.
" Cuádrate, le dijo á un negro.
Te estas haciendo el chiquito —
Cuando sos el mas maldito
Que se encuentra en todt d pago.
LTn servicio es el que te hago
Y por eso te remito. —
. ,v OTRO
* Yos no cuidas tu familia
Xi le das los menesteres
Visitas otras mujeres
Y es preciso calavera.
Que aprendas en la frontera
A cumplir con tus deberes.
A OTRO
Yos también sos trabajoso;
Cuando es preciso votar
Hay que mandarte llamar
Y siempre andas medio alzao;
Sos un desubordinao
Y yo te voy á filiar
A I
¿Cuánto tiempo hace que vos
Andas en este partido?
¿Cuántas veces has venido
A la citaciondel Juez?
N'o te he visto ni una vez
lias de ser algún perdido
\ orno
EstC es otro barullero
Que pasa en la pulpería
Predicando noche y dia
Y anarquizando á la gente.
Irás en el contingente
Por tamaña picardía.
A OTEO
Dende la anterior remesa
Yos andas medio perdido;
La autoridá no ha podido
Jamas hacerte rotar, —
Cuando te mandan llamar
Te pasas á otro partido
44
LA VUELTA DE MARTIN CIERRO
A (lino
Vos siempre andas de florcita,
No tenes renta ni oficio;
No lias hecho ningún servicio,
No has votado ni una vez —
Marcha.... para que dejes
De andar haciendo perjuicio.
A OTRO
Dame vos tu papeleta
Yo te la voy á tener. —
Esta queda en mi poder
Después la recogerás —
Y ansí si te resertás
Todos te pueden prender.
A OTRO
Vos porque sos eceluao
Ya te queres sulevar
No vinistes á votar
Cuando hubieron eleciones —
No te valdrán eseciones.
Yo te voy a enderezar. »
Y á este por este motivo
Y á otro por otra razón.
Toditos, en conclusión
Sin que escapara ninguno,
Fueron pasando uno á uno
A juntarse en un rincón.
Y allí las pobres hermanas.
Las madres y las esposas
Redamaban cariñosas
Sus lágrimas de dolor;
Pero' gemidos de amor —
No remedian estas cosas.
Nada importa que una madre
Se desespere ó se queje —
Que un hombre á su mujer deje
En el mayor desamparo;
Hay que callarse, ó es claro.
Que lo quiebran por el eje.
Dentran después á empinarse
Con este ó con aquel vecino;
Y como en el masculino,
El que no corre, vuela —
Deben andar con cautela
Las pobres me lo imagino.
Muchas al Juez acudieron
Por salvar de la jugada
El les hizo un cuerpiada,
Y por mostrar su inocencia.
Les dijo: « tengan paceneia
« Pues yo no puedo hacer nada.
Ante aquella autoridá
Permanecían suplicantes —
Y después de hablar bastante
Yo me lavo, dijo el Juez.
Como Matos los pies,
' listo lo hace el Comendante.
De ver tanto desamparo
El corazón se partía —
Habia madre que salía
Con dos, tres hijos ó mas —
Por delante y por detrás —
Y las maletas vacias.
Doiide irán pensaba yo,
A perecer de miseria;
Las pobres si de esta feria
Hablan mal, tienen razón:
Pues hay bastante materia
Para tan justa aflicion.
26
Cuando me llegó mi turno
Dije entre mi «ya me toca) —
Y aunque mi falta era poca
No sé porque me asustaba: —
Les asiguro que estaba
Con el Jesús en la boca. —
.Me dijo que yo era un vago
En jugador, un perdido
Que dende que tí al partido
Andaba de picaflor —
Que habia de ser un bandido
Como mi ante sucesor.
Puede que uno tenga un vicio,
Y que de él no se reforme. —
Mas naides esta conforme
Con recibir ese trato:
Yo conoci que era el ñato
Quien le habia dao los informes.
LA VUELTA DE MARTIN FJI.KRO
45
Me dentro curiosidá
Al ver que de esa manera
Tan siguro me dijera
Que fué mi padre un bandido;
Luego lo había conocido.
Y yo inoraba quien era.
Me empeílé en averiguarlo.
Promesas hice á Jesús —
Tune por fin una luz.
Y supe con alegría
Que era el autor de mis días, —
El f Sargento Cruz.
El que sabe ser buen hijo
A los suyos se parece; —
Y. aquel que á su lado crece
Y á su padre no hace honor
Como castigo merece
De la desdicha el rigor.
Con un empeño costante
Mis tallas supe enmendar
Todo conseguí olvidar.
Pero por desgracia mi.i.
El nombre de Picardía
No me lo pude quitar.
El Contingente
Yo conocía bien su historia
Y la tenia muy presente —
Sabia que Cruz bravamente
Yendo con una partida,
I labia jugado la vida
Por defender á un valiente.
Y hoy mego á mi Dios piadoso
Que lo mantenga en su gloria:
Se ha de conservar su historia
En el corazón del hijo.
El al morir me bendijo
Yo bendigo su memoria
Yo juré tener enmienda
Y lo conseguí deveras;
Puedo decir ande quiera
Que si fallas he tenido
De todas me be corregido
Dende que supe quien era.
Aquel que tiene buen nombre
Muchos dijustos ahorra—
Y entre tanta mazamorra
N Ividen esta alvertencia:
Aprendí por esperíencia
Que el mal nombre se borra.
27
— He servido en la t'r miera
Kn un cuerpo de milicias:
Yo por razón de justicia
Como sirve cualesquiera
La bolilla me tocó
De ir á pasar malos ratos
Por la faculta del ñato;
Que tanto me persiguió.
46
LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO
— Y sufrí en aquel infiel' no
Esa dura penitencia,
Por una mala querencia
De un oficial subalterno —
— No repetiré las quejas
De lo que se sufre allá.
Son cosas muy dichas yá
Y hasta olvidadas de viejas.
— Siempre el mesmo trabajar
Siempre el mesmo sacrificio
Es siempre el mesmo servicio,
Y el mesmo nunca pagar.
— Siempre cubiertos de harapos
Siempre desnudos y pobres.,
Nunca le pagan un cobre
Ni le dan jamas un trapo.
— Sin sueldo y sin uniforme
Lo pasa uno aunque sucumba.
Confórmese con la tumba—
Y sino.... no se conforme.
— Pues si usté se ensobebece
0 no anda muy voluntario.
Le aplican un novenario
De estacas.... que lo enloquecen.
— Andan como pordioseros
Sin que un peso los alumbre—
Porque han l:>mao la costumbre
De deberles años enteros —
— Siempre hablan de lo que cuesta
Que allá se gasta un platal —
Pues yo no he visto ni un rial
En lo que duró la fiesta.
— Es servicio estrordinario
Bajo el fusil y la vara —
Sin que sepamos que cara
Le ha dao Dios al comisario.
—Pues si vá á hacer la revista
Se vuelve como una bala.
Es lo mesmo que luz mala
¡¿'ara perderse de vista —
—Y de yapa cuando vá
Todo parece estudiao —
Ya con meses atrasaos
De gente que ya no está
— Pues ni adrede que 16 hagan
Podrán hacerlo mejor,
Cuando cai, cai con la paga
Del contingente anterior. —
— Porque son como sentencia
Para buscar al ausente,
Y el pobre que está presente
Que perezca en la endigencia.
—Hasta que tanto aguantar
El rigor oon que lo tratan,
ü se resiertan, ó lo matan,
O lo largan sin pagar.
— De ese moflo es el pastel
Porque el gaucho.... ya es un hecho
No tiene ningún derecho
Ni naides vuelve por él.
— La gente vive marchi ¡a !
Si vieran cuando echan tropa,
Les vuela á todos la ropa
Que parecen banderitas.
— De todos modos lo cargan
Y al cabo de tanto andar —
Cuando lo largan, lo largan
Como pa echarse á la mar.
— Si alguna prenda le han dao
Se la vuelven á quitar
Poncho, caballo, reca i,
Todo tiene que dejar.
— Y esos pobres infelices
Al volver á su destino —
Salen como unos Longi
Sin tener con que cubrirse.
— A mi me daba congojas
El mirarlos de ese modo —
Pues el mas aviao de todos
Es un peregil sin hojas.
—Ahora poco ha sucedido.
Con un invierno tan crudo.
Largarlos á pié y desnudos
Pa volver es su partido.
— Y tan duro es lo que pasa
Que en aquella situación.
Les niegan un mancarrón
Para volver á su casa.
— ¡Lo tratan como á un infiel! !
Completan su sacrificio
No dándole ni un pape!
Que acredite su servia .
— Y tiene que regresar
Mas pobre de lo que jué —
Por supuesto á la mercé
Del que lo quiere agarrar.
— Y no averigüe después
De los bienes que dejó —
De hambre, su mujer vendió
Por dos— lo que vale diez —
— Y como están convenidos
A jugarle manganeta
A reclamar no se meta
Porque ese es tiempo perdido.
— Y luego si á alguna Estancia
A pedir carne se arrima —
Al punto le cain encima
Con la ley de la vagancia.
— Y ya es tiempo pienso yó.
De no dar mas contingente —
Si el Gobierno quiere gente
Que la pague y se acabó. —
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
47
— Y saco ansí en conclusión
En medio de mi inorancia.
Que aquí el nacer en Estancia
Es como una maldición.
— Y digo, aunque no me cuadre
Decir lo que naides dijo:
La Provincia es una madre
Que no defiende á sus hijos.
— Mueren e:i alguna loma
En defensa de la lev.
El gato busca el jogon
Y ese es mozo que lo entiende.
— De aquí comprenderse debe
Aunque yo hable de este modo.
Que uno busca su acomodo
Siempre lo mejor que puede.
— Lo pasaba como todos
Este pobre penitente,
Pero salí de asistente
Y mejoré en cierto nnxlo.
La vuelta del Contingente
o anda to mesmo que .-1 gátey
todo pa que otros coman.
—Y he de decir ansi mismo,
Porque de dentro me brota,
Que no tiene patriotismo
Quien n<> cuida al compatr
28
Se me va por donde quiera
Esta lengua del demoro
Voy á d:i'ies testimonio
De lo que vi en la frontera.
—Yo sé tpie el único modo
A un de pasarlo bien.
Es decir á todo amen
Y jugarle risa a todo. —
-El que no tiene colchón
En cualquier parte se tijnde —
-Pues aunque esas privaciones
sen desesperación,
Siempre es mejor ei j •
De aquel que carga galonea.
De entonces en adelante
Algo logré mejorar.
s supe hacerme lugar
Al lado del Ayudante.
— El se daba muchos aires,
Pasaba siempre leyendo
Decían que estalla aprendiendo,
l'a recibirse de flaile.
tanque lo pifiaban tanto
.(amas lo vi dijuslao;
Tenia los ojos paraos
Como los ojos de un Santo.
Muy dehcao dormía en cuja
Y no sé porque seria
La gente lo aborrecía
Y le llamaban la bruja.
lamas hizo otro servicio
Ni tuvo otras comiciones.
Que recibir las raciones
48
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
De víveres y de vieios.
— Yo me pasé á su jogon
Al punto que me sacó.
Y yá con él me llevó
A cumplir su comisión.
— Estos diablos de milicos.
De toilo sacan partido —
Cuando nos vian riunidos
Se limpiaban los hocicos.
— Y decian en los jogones
(lomo por chocarrería —
Con la Bruja y Picardia,
Van á andar bien las raciones.
— A mi no me jué tan mal
Pues mi oficial se arreglaba:
Les diré lo que pasaba
Sobre este particular. —
-Decían (pie estaba de acuerdo
La Bruja y el proved >r.
— Y que recebia lo pior —
Puede ser — pues no era lerdo.
— Que á mas en la cantidá
Pegaba otro dentellón,
Y que por cada ración
Le entregabau la mita.
— Y que esto, lo hacia del modo
Lomo lo hace un hombre vivo:
Firmando luego el recibo
Ya se sabe por el todo.
— Pero esas murmuraciones
No faltan en campamento:
Déjenme seguir mi cuento,
O historia de las raciones. —
—La Bruja las recibía
Lomo se ha dicho, á su modo —
Las cargábamos, y todo
Se entriega en la mayoría.
— Sacan allí en abundancia
Lo que les toca sacar —
Y es justo que han de de dejar
Otro tanto de ganancia.
— Van luego á la compañía
Las recibe el comendanle;
El que de un modo abundante
Sacaba cuanto quería.
— Ansi la cosa libiana,
Vá mermada. por su puesto —
Luego se le entrega el resto
Al oficial de semana. —
— Araña, quien te arañó".'
Otra araña como yó —
— Este le pasa al sargento
Aquello tan reducido —
Y como hombre prevenido
Saca siempre con aumento.
—Esta relación no acabo
Si otra menudencia ensarto;
El sargento llama al cabo
Para encargarle el reparto.
— El también saca primero
Y no se sabe turbar —
Xaides le va á averiguar
Si han sacado mas ó menos.
— Y sufren tanto bocao
Y hacen tantas estaciones,
Que casi ya no hay raciones
Cuando llegan al soldao.
— Todo es como pan bendito!
Y sucede de ordinario,
Tener que juntarse varios
Para hacer un pucherito.
— Dicen que las cosas van
Lon arreglo á la ordenanza —
Puede ser! pero no alcanzan,
Tan poquito es lo que dan! —
—Algunas veces yo pienso,
Y es muy justo que lo diga.
Solo llegaban las migas
Que habían quedao en los lien^
— Y explican aquel infierno
En que uno esta medio loco,
Diciendo que dan tan poco
Porque no paga el gobierno.
— Pero eso yo no lo entiendo,
Ni á averiguarlo me meto;
Soy inorante comp;
Nada olvido y nada apriendo.
— Tiene uno que soportar
El tratamiento mas vil:
A palos en lo civil,
A sable en lo militar
— El vestuario — es otro infierno;
Si lo dan, llega á sus manos.
En invierno el de verano —
Y en verano, el de invierno.
— Y yo el motivo no «encuentro,
\"i la razón que esto tiene,
Mas dicen que eso ya viene —
Arreglao dende adentro.
—Y <js necesario aguantar
El rigor de su destino
El gaucho no es argentino
Sínó pa hacerlo matar.
—Ansi ha de ser, no lo dudo—
Y por eso decía un tonto:
Si los han de malar pronto,
Mejor es que estén desnudos. »
—Pues esa miseria vieja
No se remedia jamás;
Todo el que viene detras
Como la encuentra la deja. —
—Y se hallan hombres tan malos
LA VUELTA DK MARTIN FIHRRO
49
Que dicen do buena gana —
El gaucho es como la lana
Se limpia y compone á palos.
V es forzoso soportar
Aunque la copa se enllene:
Parece que el gaucho tiene
Algún pecao que pagar.
29
Esto cantó Picardía
Y después guardó silencio,
Mientras todos celebraban
Con placer aquel encuentro.
Mas una casualidad.
Come que nunca anda lejos,
Entre tanta gente blanca
Llevó también á un moreno,
Presumido de cant a"
Y que se tenia por bueno —
Y como quien no hace nada,
0 se descuida de intento,
Pues siempre es muy conocido
Todo aquel que busca pleito —
Otó con toda calma
Echo mano al eslrumenlo
Y ya le pegó un rajido—
Era fantástico el negr >.
Y para DO dejar dudas
.Medio se compuso el pecho.
i el mundo con
La intención de aquel tpon
Era claro el desafio
Dirijido á Martin Fierro.
Hecho con toda arrogancia.
De un modo muy altanero.
Tomó Fierro la guitarra,
Pues siempre se halla dispuesto—
Y ansí cantaron los dos
En medio de un gran silencio—
30
MARTIN FIHRRO
Mientras suene el encoedao
Mientras encuentre el compás,
Yo no he de quedarme atrás
Sin defender la parada—
Y he jurado que ¡¿unas
Me la han de llevar reliada.
Atiendan pues los oyentes
Y cállense los mirones —
A todos pido perdones
Pues á la vista resalla.
Que no está libre de talla
Quien no está de tentaciones.
A un cantor le llaman bueno,
Cuando es mejor que los piores
Y sin ser de los mejores,
Encontrándose dos junios
Es deber de loa cantores
El cantar de contrapunto.
El hombre debe mostrarse
Cuando la ocasión le llegue—
Hace mal el que se niegue
1 leude que lo sube hacer —
Y muchos suelen tener
Vanagloria en que lo nieguen.
Cuando mozo fui cantor —
Es una cosa muy dicha —
Mas la siierle se encapricha
Y me persigue costante—
De ese tiempo en adelante
Canté mis propias desdichas.
Y aquellos años dichos
Trataré de recordar—"
Veré si puedo olvidar
Tan desgraciada muda':/
Y quien se tenga confianza
Tiemple y vamos á cantar.
Tiemple y cantaremos junios.
Trasnochadas no acobardan —
Loa concurrentes aguardan.
Y porque el tiempo no pierdan.
Haremos gemir las cuerdas
Hasta que las velas no ardan.
50
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Y el cantor que se presiente,
Que tenga ó nó quien lo ampare.
No espere que yo dispare
Aunque su saber sea mucho —
Vamos en el mesmo pucho
A prenderle hasta que aclare.
Y .seguiremos si gusta
Hasta que se vaya el dia —
Era la costumbre mia
Cantar las noches enteras —
Habia entonces, donde quiera.
Cantores de fantasía.
Y si alguno no se atreve
A seguir la caravana,
O si cantando no gana
Se lo digo sin lisonja —
Haga sonar una esponja
O ponga cuerdas ele lana.
FX MORENO
Yo no soy señores mios
Sino un pobre guitarrero-
Pero doy gracias al cielo
Porque no puedo en la ocasión,
Toparme con un cantor
Que esperimente á este negro.
Yo también tengo algo blanco,
Pues tengo blancos los dientes —
Sé vivir entre las gentes
Sin que me tengan en menos—
Quien anda en pagos ágenos
Debe ser manso y prudente.
Mi madre tuvo diez hijos.
Los nueve muy regulares —
Tal vez por eso me ampare
La Providencia divina —
En los güevos de gallina .
El décimo es el mas grande.
El negro es muy amoroso,
Aunque de esto no hace gala.
Nada á su cariño ¡guala
Ni á su tierna voluntó
Es lo mesmo que el maca
Cria los hijos bajo el ala.
Pero yo he vivido libre
Y sin depender de naides —
Siempre he cruzado á los aires
Como el pájaro sin nido —
Cuanto sé lo he aprendido
Porque me lo enseñó un flaire.
Y sé como cualquier otro
El porqué retumba el trueno —
Porque son las estaciones
Del verano y del invierno
Sé también de donde salen
Las aguas que cain del Cielo.
Yo sé lo que hay en la tierra
En llegando al mesmo centro —
En donde se encuentra el oro.
En donde se encuentra el fierro-
Y en donde viven bramando
Los volcanes que echan juego.
Yo sé del fondo del mar
Donde los pejes nacieron —
Yo sé porque crece el árbol,
Y porqué silva n los vientos-
Cosas que inoran los blancos
Cas sabe este pobre negro.
Yo tiro cuando me tiran.
Cuando me aflojan, aflojo;
No se ha de morir de antojo
Quien me convide á cantar —
Para conocer á un cojo
Lo mejor es verlo andar.
Y si una falla cometo
En venir á esta ri unión —
Cebándola de cantor
Pido perdón en voz alta —
Pues nunca se halla una falla
Que no esista otra mayor.
De lo que un cantor esplica
No falla que aprovechar —
Y se le debe escuchar
Aunque sea negro el que cante—
Apriende el que es inorante,
Y el que es sabio apriende mas.
Bajo la frente mas negra
Hay pensamiento y hay vida —
La gente escuche tranquila
No me haga ningún reproche —
También es negra la noche
Y tiene estrellas que brillan.
Estoy pues á su mandao,
Empiece á echarme la sonda
Si gusta, que le responda.
Aunque con lenguaje tosco —
En leturas no conozco
La jota por ser redonda.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
51
MARTIN I IERRO
Ah! negro, si sos tan sabio
No tengas ningún recelo;
Cero lias tragao el anzuelo
Y al <x>mpás del estrument o
Has de decirme al momento
Cual es el cauto del cielo.
I.l. MORENO
Cuentan que de mi color
Dios hizo al hombre primero
Mas los blancos altaneros.
Los mesmos que lo convidan,
Hasta de nombrarlo olvidan
Y solo le llaman negro.
Los cielos lloran y cantan
Hasta en el mayor silencio-
Lloran al cair el roció.
Cantan al silvar los vientos —
Lloran cuando cain las aguas
Cantan cuando brama el trueno.
MARTIN FIERRO
Dios hizo al blanco y al negro
Sin declarar los mejores
Les mandó iguales dolores
Bajo de una mesina cruz;
Mas también hizo la luz
Pa distinguir los colores.
cifra, de contrapunta entre Martii
Pinta el Wai < al diablo.
Y el negro blanco lo pinta
Llanca la cara ó retinta
No habla en contra ni en favor
De los nombres el Criador
No hizo dos clases distinta..
Y' después de esta alvertencia
Que al pres< rae á peí
Veré, señores, si puedo.
Sigun mi escaso saber,
Con claridá responder
Cual es el cant;i del CÍ
Ansí ninguno se agravie.
No se traía de ofender—
A t,K.lo se ha de poner
El nombre con que se llama
Y á nai.Ies le quita fama
Lo que recibió al nacer.
Y ansi me gusta un cantor
Que no se turba ni yerra
Y si en tu saber se encierra
EJ de los sabios projunx
Décimo cual en el mundo
Es el canto de la tierra.
52
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
EL «MORENO
Cs pobre mi pensamiento
Es escasa mi razón —
Mas pa dar contestación
Mi inorancia no me arredra —
También dá chispas la piedra
Si la golpea el eslabón.
Y le daré una respuesta
Sigun mis propios alcances —
Forman un canto en la tierra
El dolor de tanta madre,
El gemir de los que mueren
Y el llorar de los que nacen.
Como si el mundo temblára-
Parece que se quejara
De que lo estreche la tierra.
MARTIN FIERRO
Toda tu sabiduria
Has de mostrar esta vez —
Ganarás solo que estés
En vaca con algún santo —
La noche tiene su canto
Y me has de decir cual es.
MARTIN FIERRO
Moreno alvierlo que trais
Bien dispuesta la garganta
Sos varón y me espanta
Verte hacer esos primores—
En los pájaros cantores
Solo el macho es el que canta.
Y yá que al mundo vinistes
Con el sino del cantar,
No te vayas á turbar
No te agrandes ni te achiques-
preciso que me espliques
Cual es el canto del mar.
EE MORENO
EL MORENO
No galope que hay augeros,
Le dijo á un guapo un prudente —
Le contesto humildemente,
La noche por cantos tiene
Esos ruidos que uno siente
Sin saber de donde vienen.
Son los secretos misterios
Que las tinieblas esconden —
Son los ecos que responden
A la voz del que dá un grito,
Como un lamento infinito
Que viene no sé de donde.
A las sombras solo el Sol
Las penetra y las impone —
En distintas direciones
Se oyen rumores inciertos —
Son almas de los que han muerto
Que nos piden oraciones.
A los pájaros cantores
Ninguno imitar pretiende —
De un don que de otro depende
Naides se debe alabar —
Pues la urraca apriende hablar
Pero solo la hembra apriende.
Y ^ayúdame ingenio mió
Para ganar esta apuesta —
Mucho el contestar me cuesta
Pero debo contestar —
Voy á decirle en respuesta
Cual es el canto del mar.
Cuando la tormenta brama,
El mar que todo lo encierra
Canta de un modo que aterra
MARTIN FIERRO
Moren.) por tus respuestas
Ya te aplico cartabón, —
Pues tenes disposición
Y sos estruido de yapa —
Ni las sombras se te escapan
¡'ara dar esplicacion.
Pero cumple su deber
El leal diciendo lo cierto—
Y por lo tanto le alvierlo
Que liemos de cantar los dos —
Dejando en la paz de Dios
Las almas de los que han muerto.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Y el consejo del prudente
No hace falta ^en la partida —
Siempre ha de ser comexlida
La palabra de un cantor —
Y aura quiero que me digas
De donde nace el amor.
EL MORENO
A pregunta tan escura
Trataré de responder —
Aunque es mucho pretender
De un pobre negro de Estancia-
Mas conocer su inorancia
Es principio del saber.
Ama el pájaro en los aires
Que cruza por donde quiera —
Y si al fin de su carrera
Se asieida en alguna rama.
Con su alegre canto llama
A su amante compañera.
La fiera ama en su guarida
De la que es rey y señor -
Allí lanza con fu
Esos bramidos que espantan —
Porque las fieras no cantan
l.as fieras braman de amor.
Ama en :•! rondo del mar
El pez de lindo color—
Ama el hombre con ai-
Ama todo cuanto viví
De Dios vida se recibe
Y donde hov vida, hay amor.
MARTIN FIERRO
El. MORENO
Hay muchas dotorerias
Que yo no puedo alcanzar —
Dende que aprendí á inorar
De ningún saber me asombro —
Mas no ha de llevarme al hombro
Quien me convide á cantar—
Yo no soy cantor ladino
Y mi habilidá es muy poca —
Mas cuando cantar me toca
Me defiendo en el combate —
Porque soy como los mates:
Sirvo si me abren la Ixica.
Dende (pie elige á su gusto
Lo mas espinoso elige —
Pero esto poco me aflige
Y le contesto á mi modo —
I. a ley se hace para lodos
Mas solo al pobre le rige
La ley es tela de aran.
En mi inorancia lo esplico,
No la tema el hombre rico —
Nunca la tema el que mande—
Pues la ruempe el vicho grande
Y solo ehrieda á los chi
Es la ley como la lluvia
Nunca puede ser parej;
El que la aguanta se queja,
Pero el nsunio es sencillo —
La ley es como el cuchillo
tfiende á quien lo maneja.
Le suelen limar espada
Y el nombre le viene bien —
que la gobiernan ven
A donde lian de dar el tajo
raí al (pie se halla abajo
Y corla sin ver á quien,
Me gusta uegro ladino
L<» que acabas de esplicar-
Ya te empiezo á respetar
Aunque al principio me rey
Y te quiero preguntar
Lo q s por la
Hay muchos que son dolores
Y de su cencia no din,
Mas yo soy un negro rudo
Y aunque dé esto poco entiendo.
Estoy diariamente viendo
aplican la del embudo.
54
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
MARTÍN FIERBO
Moreno vuelvo á decirle
Ya conozco tu medida-
Has aprovechío la vida
Y me alegra de esle encuentro-
Ya veo que tenes adentro
Capital pa ésta partida
Y aura te voy á decir
Porque en mi deber está —
Y hace honor á la verdá
Quien á la verdá se duebla.
Que sos por juera tinieblas
Y por dentro claridá.
No ha de decirse jamás
Que abusé de tu pacencki
Y en justa correspondencia
Si algo querés preguntar —
Podes al punto empezar
l'ues ya tenes mi licencia.
EL MORENO
No le trabes lengua mia.
No te va3ras á turbar —
Naide acierta antes de errar—
Y aunque la fama se juega—
El que por gusto navega
No debe temerle al mar
Voy hacerle mis preguntas
Ya que á tanto me convida —
Y vencerá en la partida
Si una esplicacion me dá, —
Sobre el tiempo y la medida.
El peso y la cantidá —
Suya será la Vitoria
Si es que sabe contestar —
Se lo debo declarar
Con claridá. no se asombre.
Pues hasta aura ningún hombre
Me lo ha sabido esplicar —
Quiero saber y lo inoro,
Pues en mis libros no está,
Y su respuesta vendrá
A .servirme de gobierno —
Para que fin el Eterno
Ha criado la cantidá.
MARTIN FIERRO
Moreno te dejas cair
Como carancho en su nide;
Ya veo que sos prevenido
Mas también estoy dispuesto —
Veremos si te contesto
Y si te das por vencido.
Uno es el sol — uno el mundo.
Sola y única es la luna
Ansi han de saber que Dios
No crió cantidá ninguna.
El ser de todo los seres
Solo formó la unida —
Lo demás lo lia criado el hombre
Después que aprendió á contar
EL MORENO
Veremos si á otra pregunta
Dá una respuesta cumplida —
El ser cpie ha criado la vida
Lo ha de tener en su archivo —
Mas yo inoro que motivo
tuvo al formar la medida—
MARTIN FIERRO
Escucha con alenci »n
Lo que en mi inorancia arguyo:
La medida la inventó
El Jiombre, para bien suyo—
Y la razón no le asombre.
Pues es fácil presumir —
Dios no tenía que medir
Sino la vida del hombre.
El MORENO
Si no falla su saber
Por vencedor lo confieso —
Debe aprender lodo eso
Quien á cantar se dedique—
Y aura quiero que me esplique
Lo que sinifica el peso.
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
55
MARTIN FIERRO
Dios .guarda entre sus secretos
El secreto que eso encierra.
Y mandó que todo peso
Cayera siempre a la tierra—
Y sigun compriendo yo.
Uende que hay bienes y males.
Fué el peso para pesar
La culpa de los mortales.
KI. MORENO
Si responde á esta pregunta
Tengase por vencedor —
Doy la derecha al mej ir
Y respóndame al momento
Cuando Formó Dios el tiempo
Y porque lo dividió
MARTIN FIERRO
Moreno, voy á decir,
Singun mi saber alcanza
El tiempo s do es tardanza
De lo que está por venir—
\o tuvo nunca principio
Y jamas acabara
Porque el tíemp i es una r
Y rueda es eternidá—
Y si el hombre lo divide
Solo lo hace en mi sentir —
Por saber lo que lia vivido
0 le resta que vivir.
Ya te he dado mis respuestas
Mas no gana quien despunta.
si tenes otra pregunta
0 de algo te has olvidao
Siempre estoy á tu mandan
Para sacarle de dudas.
Nfo procedo por soberbia
Ni tampoc por jatancáá,
Mas oo ha de Tallar costancia
Cuando es preciso luchar
Y te convido á cantar
Sobre cosas de la Estancia —
Ansi prepara m.<
Cnanto tu saber encierre
Y sin que tu lengua yerre.
Me has de decir lo que empriende
El que del tiempo dependa.
En los meses que traen erre.
KI. MORENO
De la inorancia de naides
Ninguno debe abusar —
Y aunque no puede doblar
Todo el que tenga mas arte.
No voy á alguna parte
A dejarme maclietiar.
He reclarao que en lelura
Soy. redondo como jola —
No avergüenze mi redóla
Pues con claridá le dL
No me gusta que c ramig <
Naides juege á la pelota
En buena ley que el mas ler
Debe perder la carrera —
Ansi le pasa á cualquiera
Cuando en competencia se halla
Un cantor de media talla
Con otro de talla entera.
No han visto en medio del Campo
Al hombre que anda perflido
Dando güeltas afluido
Sin saber donde iiimbiar —
Ansi le suele pasar
A un pobre cantor vencido.
También los árboles crucen
Si el ventarrón los azota —
Y sí aquí mí queja brota
(Ion amargura, consiste
En que es muy btrga y muy triste
La noche de la red ita.
Y dende hoy en adelante.
PongO de testigo el cíelo
Para decir sin recelo
Que sí mi pecho se inflama,
No cantaré por la fama
Sino por buscar consuelo.
Vive ya desesperado
Quien no tiene (pie esperar
A lo (pie no ha de durar
Ningún cariño se cobre
Alegrías en un pobre
Son anuncios de un pesar.
56
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Y osle triste desengaño
Me durará mientras viva
Aunque un consuelo reciba.
Jamas he de alzar el vuelo —
Quien no nace paraa el cielo
De valde es que mire arriba.
Y suplico á cuantos me oigan
Que me permitan decir.
Que al decidirme á venir
No solo jué por cantar,
Sino porque tengo á mas
Otro deber que cumplir.
Ya saben que de mi madre
Fueron diez lo que nacieron —
Mas ya no esiste el primero
Y mas querido de todos —
Murió por injustos modos
A manos de un pendenciero.
MARTI X FIERRO
Al fin- cerrastes el pico
Después de tanto charlar,
Ya empezaba á maliciar
Al verte tan entonao
Que traías un embuchao
Y no lo querías largar.
Y ya que nos conocemos
Rasta de conversación;
Para encontrar la ocasión
No tienen que darse priesa-
Ya conozco yo que empieza
Otra clase de junción.
Los nueve hermanos restantes
Gomo güeríanos quedamos —
Dende entonces lo lloramos
Sin consuelo, creanmenló —
Y al hombre que lo mató
Nunca, jamás lo encontramos.
Y queden en paz los güesos
De aquel hermano querido —
A moverlos no he venido.
Mas si el caso se presienta —
Espero en Dios que esta cuenta
Se arregle como es debido.
Y si otra cansion payamos
Para que eslo se complete,
Por mucho que lo respete
Cantaremos si le gusta —
Sobre las muertes injustas
Que algunos hombres cometen
Y aquí pues, señores míos
Diré como en despedida.
Qué todavía andan con vida
Los hermanos del dijunto —
Que recuerdan este asunto
Y aquella muerte no olvidan.
Y es misterio tan pro jando
Lo que está por suceder.
Que. no me debo meter
A echarla aqui de adivino:
Lo que decida el destino
Después lo habrán de saber.
Yo no se lo que vendrá.
Tampoco soy adivino —
Pero firme en mi camino
Hasta el fin he de seguir —
Todos tienen que cumplir
Con la ley de su destino.
Primero fué la frontera
Por persecución de un juez —
Los indios fueron después.
Y para nuevos estrenos —
Ahora son estos morenos
Pa alivio de mi vejez.
La madre echó diez al mundo,
Lo que cualquiera no hace—
Y talvez de los diez pase
Con iguales condiciones —
La mulita pare nones
Todos de la mesma clase
A hombre de humilde color
Nunca sé facilitar,
Cuando se llega á enojar
Suele ser de mala entraña —
Se vuelve como la araña
Siempre dispuesta a picar.
Yo he conocido á toditos
Los negros mas peliadores —
Habia algunos superiores
De cuerpo y de vista... ayjuna
Si vivo, les daré «una...
Historia de Los mejores.
LA VUELTA DE MARTIN" FIERRO
57
Mas cada uno lia de tirar
En el yugo en que se vea:
Yo ya no busco peleas
Las contiendas no me gustan-
Pero ni sombras me asustan
Ni bultos que se menean.
La creía ya desollada
Mas todavía falta el rabo—
Y por lo visto no acabo
De salir de esta jarana
Pues esto es lo que se llama
Remacharle ú uno el clavo.
31
Y después de estas palabras
Que ya la intención revelan.
Procurando los presentes
Que no se armara pendencia,
Se pusieron de por medio
Y la cosa quedó quieta
Martín Fierro y los muchachos
Evitando la contendía,
Moldaron y paso á paso
Gomo el que miedo no lleva.
A la cosía de un arroyo
Llegaron á echar pié á tierra.
Desencolaron los pingos
sentaron en rueda.
Refiriéndose entre sí
Infinitas menudencias:
Porque tiene muchos cuentos
Y muchos hijos la ausencia.
Allí pasaron la n .¡che
A l:i luz de las estrellas.
Porque ese es un cortinao
Que lo halla uno donde quiera,
Y el gaucho sabe arreglarse
Comí» ninguno se arregla —
El colchón son las caronas
El lomillo es cabecera
El coginüio es blandura
Y con el poncho ó la gerga
Para salvar el roció
Se cubre hasta la cabeza
Tiene SU cuchillo al lado.
Pues la precaución es buena:
Freno y rebenque á la mano,
Y teniendo el pingo cerca.
Q)uc pa asigurarlo bien
l , are Ha del lazo entierra
Aunque el atar con el lazo
Da del hombre mala idea —
Se duerme ansi muy tranquilo
Todita la noche entera—
Y si es lejos del camino
Como manda la prudencia.
Mas siguro (pie en su rancho
l no ronca á pierna suelta.
Pues en el suelo no hay chinches,
Y es una cuja camera
Que no ocasiona disputas
Y que naides se la niega —
Ademas de eso, una noche
Lo pasa uno como quiera.
Y las va pasando todas
Haciendo la mesma cuenta—
Y luego los pajaritos
.Yl aclarar lo dispiertan.
Porque el sueño no I > agarra
A quien sin cenar se acuesta.
Ansí. pues, aquella noche
Jué para ellos una tiesta
Pues todo parece alegre
Cuando el corazón se alegra.
pudiendo vivir juntos
Por su estado de pobreza,
Resolvieron separarse,
Y que cada cual se juera
A procurarse un rel'ujio
Que aliviara su miseria.
Y antes de desparramarse
Para empezar vida nueva,
Ln aquella soledá
Martin Fierro con prudencia—
A sus hijos y al de Cruz
Les habla de esta manera. —
32
!'n padre que dá consejos
Mas que Padre es un amigo.
Ansi como lal les digo
Que vivan con precaución —
Naides sabe en que rincón
Se (¡culta el que es su enemigo
Yo nunca tuve otra escuela
Que una vida desgraciada
No eslrañen si en la jugada
Alguna vez me equivOC
Pues debe saber muy p
Aquel que no aprendió nada.
58
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Hay hombres que de su cencía
Tienen la cabeza llena;
Hay sabios de todas menas.
Mas digo sin ser muy ducho —
Es mejor que aprender mucho
Kl aprender cosas buenas.
No aprovechan los trabajos
Sino han de enseñarnos nada
El hombre de una mirada
Todo ha de verlo al momento —
El primer conocimiento
Es conocer cuando enfada.
Ni el miedo ni la codicia
Es bueno que á uno lo asalten-
Ansi no se sobresalten
Por los bienes que perezcan
Al rico nunca le ofrezcan
Y al pobre jamas le falten.
Bien lo pasa hasta entre pampas
El que respeta á la gente—
El hombre ha de ser prudente
Para librarse de enojos —
Cauteloso entre los flojos
Moderado entre los valientes.
Martin Fierro dando consejos á sus nij-is
§u esperanza no la cifren
Nunca en corazón alguno —
En el mayor infortunio
Pongan su confianza en Dios —
De los hombres solo en uno.
Con gran precaución en dos —
Las faltas no tienen límites
Como tienen los terrenos —
Se encuentran en los mas buenos.
Y es justo que les prevenga; —
Aquel que defetos tenga :
Disimule los aganos —
Al que es amigo, ¡amas
Lo dejen en la estacada,
Pero no le pidan nada
Xi lo aguarden todo de él —
Siempre el amigo mas fiel
Es una conduta honrada
El trabajar es la ley
Porque es preciso adquirir—
No se espongan á sufrir
Una triste situación —
Sangra mucho el corazón
Del que liene que pedir.
Debe trabajar el hombre
Para ganarse su pan;
Pues la miseria en su afán
De perseguir de mil modos
Llama en la puerta de todos
Y entra en la del haragán.
A ningún hombre amenacen
Porque naide se acobarda
Poco en conocerlo tarda
Quien amenaza imprudente—
Que hay un peligro presente
Y otro peligro se aguarda
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
59
Para vencer un peligro.
Salvar de cualquier abismo.
Por espérentela le afirmo.
Mas que el sable y que la lanza —
Suele servir la confianza
Que el hombre liene en si mismo.
Nace el hombre con la astucia
Que ha da servir de guia —
Sin ella sucumbiría.
Pero sigun mi esperenc.ia —
Se vuelve en unos prudencia
Y en los oíros picardía.
Aprovecha la ocacion
El hombre que es diligente
Y ténganlo bien presente,
Si al compararla no yerro —
I. a ocasión es como el fierro
Se ha da machacar caliente
Muchas cosas pierde el hombre
Que á veces las vuelve á bailar —
Pero les debo enseñar
Y es bueno que lo recuerden —
Si la vergüenza se pierde
.lamas se vuelve á encontrar
hermanos sean unidas.
Porque esa es la ley primera
Tengan unión verdad
En cualquier tiempo que sea —
Porque si entre ellos pelean
Eos devoran los de ajuera.
Respeten á los ancianos.
El burlarlos no es hazaña —
Si andan entre gente estraña
Deben ser muy precabid
Pues por igual es tenido
Quien con malos se acompaña.
La cigüeña cuando es veija
Pierde la vista — y procuran
Cuidarla en su edá madura.
Todas sus hijas pequeñas —
A priendan de las cigüeñas
Este ejemplo de ternura.
Si les hacen una ofensa
Aunque la ceben en olvido,
Vivían siempre prevenidos;
Pues ciertamente suoe i<
Que hablará muy mal de ustedes
Aquel que los lia ofendido
El que obedeciendo vive
Nunca tiene suerte blanda
Mas con su soberbia agranda
El rigor en que padece-
Obedezca el que obedece
Y será bueno el que manda
Procuren de no perder
Ni el tiempo ni la vergüenza —
('orno lodo hombre que piensa
Procedan siempre con juicio —
Y sepan que ningún vicio
Acaba donde comienza.
Ave de pico encorvado
l.e tiene al robo afición —
Pero el hombre de razón —
No roba jamas un cobre
Pues no es vergüenza ser pobre
Y es vergüenza ser ladrón,
El hombre no mate al hombro
Ni pelee por fantasía
Tiene en la desgracia inia
En espejo en que mirarse —
SalxT el hombre aguardarse
Es la gran sabiduría.
Ea sangre (pie se redama
No se olvida basta la muerte
Ea impresión es de tal suerte,
Que a mi pesar, no lo niego -
Cai como golas de fuego
En la alma del (pie la vierte.
Es siempre, en toda ocasión.
El trago el pior enemigo
Con cariño se los di
lenló con cuidad
Aquel que ofiende embriagado
Merece doble castigo-
Si se arma algún revolutis
Siempre lian de ser los primeros
No se muestren altaneros
Aunque la razón les sobre
En la barba de los pobrOS
Aprienden pa ser barberos
Si enlriegan su corazón
A alguna mujer querida.
No le hagan una partida
Que la ofienda á la mujer —
Siempre los ha de perder
l'ná mujer ofendida
Procuren, si son cantores.
El cantar con sentimiento
No tiemplen el estrumento
Por solo el gusto de hablar
Y acostúmbrense á cantar
En cosas de jundamento.
60
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
Y les doy estos consejos
Que me ha costado adquirirlos,
Porque deseo dirijirlos,
Pero no alcanza mi cencía
Hasta darles la prudencia
Que precisan pa seguirlos.
Estas cosas y otras muchas,
Medité en mis soledades —
Sepan que no hay falsedades
Ni error en estos consejos —
Es de la boca del viejo
De ande salen las verdades.
33
Después á los cuatro vientos
Los cuatro se dirijieron —
Una promesa se hicieron
Que todos debían cumplir —
Mas no la puedo decir
Pues secreto prometieron. —
Les alvierto solamente,
Y esto á ninguno le asombre,
Pues muchas veces el hombre
Tiene que hacer de ese modo —
Convinieron entre torios
En mudar alli de nombre.
Sin ninguna intención mala
Lo hicieron, no tengo duda. —
Pues es la verdá desnuda,
Siempre suele suceder —
Aquel que su nombre minia
Tiene culpas que esconder.
Y ya dejo el estrumento
Conque he divertido á ustedes—»
Todos conocerlo pueden
Que tuve costancia suma —
Este es un botón de pluma
Que no hay quien lo desenriede.
Y con esto me despido
Sin espresar hasta cuando—
Simpre corta por lo blando
El que busca lo siguro —
Mas yo corto por, lo duro.
Y ansi he de seguir cortando.
Vive el águila en su nido.
El tigre vive en la selva,
El zorro en la cueva agena.
Y en su destino incestante,
Solo el gaucho vive errante
Donde la suerte lo lleva.
Es el pobre en su horfandá
De la fortuna el desecho —
Porque naides toma á pechos
El defender á su raza —
Debe el gaucho tener casa,
Eseuela, Iglesia y derechos.—
Y han de concluir algún día
listos enriedos malditos —
La obra no la facilito
Porque aumentan el fandango.
Los que están como el chimango
Sobre el cuero y dando gritos.
Mas Dios ha de permitir
Que esto llegue á mejorar
Pero se ha da recordar
Para hacer bien el trabajo.
Que el fuego pa calentar
Debe ir siempre por abajo. —
En su ley está el de arriba
Si hace lo que le aproveche —
De sus favores sospeche,
Hasta el mesmo que lo nombra—
Siempre es dañosa la sombra
Del árbol que tiene leche.
Al pobre al memor descuido
Lo levantan de un sogazo -
Pero yo oompriendo el caso
Y esla consecuencia saco —
El gaucho es el cuero flaco
Da los tientos para el lazo.
(Ion mi deber he cumplido —
Y ya he salido del paso,
Pero diré, por si acaso,
Pa que me entiendan los criollos
Todavía me quedan rrollos
Por si se ofrece dar lazo.
Y en lo que esplica mi lengua
Toilos deben tener fé —
Ansi. pues, entiéndanme,
Con codicias no me mancho —
No se ha de llover el rancho
En donde éste libro esté. —
LA VUELTA DE MARTIX FIERRO
61
Permítanme descansar,
Pues he trabajado tanto!
En este punto me planto
Y a continuar me resisto —
Estos son treinta y tres cantos.
Que es la mesma edá de Crista.
Y guarden estas palabras
Que les (ligo al terminar —
En mi obra he de continuar
Hasta dárselas concluida —
Si el ingenio ó si la vida
Xo me llegan á faltar.
Y si la vida me talla.
Ténganlo todos por cierto,
Que el gaucho, hasta en el desierto
Sentirá en tal ocasión —
Tristeza en el cora
A] saber ¡¡¡.>- \ o esl >\ muerto.
Pues son mis dichas desdichas
Las de todos mis hermanos —
Ellos guardarán ufanos
En su corazón mi historia —
Me tendrán en su memoria
Para siempre mis paisanos. —
Es la memoria un gran don.
Calida muy meritoria —
Y aquellos que en esta historia
Sospechen que les doy palo-
Sepan que olvidar lo malo
También es tener memoria.
Mas oaides se crea ofendido
Pues á ninguno incomodo —
Y si canto de este modo
Por encontrarlo oportuno —
NO ES PARA MAL DE NINGUNO
Sotó taha bien de todos.
N
CONTIENE ESTE LIBRO
Higs.
Cuatro palabras conversación con l;>s lectores o
1. Introducción <le Martín Fierro 5
2. Martín Fierro refiere mi viajo ai desierto 7
3. Cuenta su vida en la Pampa '.)
4. Invasiones de los indios 10
."). Regreso de las invasiones, liislr ¡luición del botín y Restas 12
i; Cruz .13
7 Los lamentos . 1")
8. l.:> cautiva refiere sus trabajos 16
9. Pelea ile Martín Fierro con un indio 17
10. La vuelta de Martín Fierro 21
11. Martín Fierro hace la relación delmoao como encontró a dos de mis hijos 2:¡
12. La « Penitenciaria a — por el hijo mayor <le Martín Fierro ; 21
13. El hijo segundo de Martin Fierro empieza a coatar su vida 21)
1 I El viejo Viscacha . . 29
15 Consejos del viejo Viscacha . 31
16 Muerte del viejo Viscacha
l" l-.l inventario de sus bi< 34
El entierro :¡">
l!) Remedios para un amor desgraciado 36
20. Relación en que apárete un nuevo per 38
21 Picardía . .
22 ÉJ jugador MJ
23 I I de Parti I; 11
21 Las elecciones 12
25 El contigente c>
icardío descubre • ' i
27 Lo que rió en la frontera 15
2!S Historias de las raciones 17
en la que aparece un n< 19
auto de contrapunto entre Martín I 19
31 Mártir. Fierro y sus hijos se retir 57
1(2 Consejos de Martín Fierro a sus hij s >7
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Hernández, José
El gaucho Martin Fierro
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